Eddy Cárdenas García
Poeta recién llegado
El tiempo que me resta
Y que será de nosotros
los que empezamos a restar…
Siempre pensé en que ese momento llegaría,
que al salir un día de este lugar
al que todos consideramos nuestro,
al otro día ya no habríamos de regresar,
Yo tardé un poco en comprender esta realidad
y es que, hasta el día anterior
se me seguía considerando
en las actividades de aquella sociedad,
en que había fallado, en nada,
simplemente mi reloj biológico
me había dado la orden de parar,
sí, parar, finalizar mi estilo de vida
y “por arte de magia” quedarme en casa
como cualquier otro fin de semana,
solo que ahora, en definitiva, parar,
quedarme dormido, detener mis empeños
por volver a trabajar…
Toda la vida se me reducía a esta ansiedad
sobre mis hombros, y por extraño que parezca
derrumbado en desolador silencio,
por primera vez tuve tiempo en ver mi cara al espejo
y descubrir en mi rostro como se me había
pasado el tiempo, leer en mis arrugas ese mensaje
extraviado que nos deja el paso de los años
en una escritura desconocida a mis sentidos.
Luego de derramar pesadas lágrimas,
ya entrada la tarde, tome fuerzas por salir a caminar
por la ciudad y allí me encontré con un gran misterio
del pueblo en el cual había vivido por más de treinta años
no conocía nada y a las personas que allí residían
les surgía un completo extraño,
vagabundeaba solitario, era un desconocido
que del olvido había regresado…
El tiempo que me resta,
¡Ay melancolía!
¿Qué hago ahora con el tiempo que me resta?
Ahora que por las noches no duermo
y los perros me ladran
y amigos no encuentro.
Mientras existimos cargamos incansablemente
nuestros cuerpos de la casa al trabajo,
dejando de lado la felicidad de nuestra vida,
perdimos o nunca nos propusimos escuchar
esa música del camino, allí estaban esas sinfonías
en cada paso de nuestra vida,
sin embargo, el mismo tiempo
me ha dado la prudencia de orientar
el tiempo que me resta,
ahora podré salir a conocer mi ciudad
platicar con mis vecinos
y tendré todo el tiempo para sonreírle a mis arrugas
ante el espejo…
Extraño en un mundo del que nada sé,
voy a hacer osado, en mis intentos tomaré
ese vuelo que me lleve a otras naciones,
conocer imperios, comarcas y demás parentelas.
El tiempo que me resta
que no será mucho ni poco,
voy a disfrutarlo con el corazón,
amaré cada arruga que me nazca ante el espejo,
me comprare un perro
para que siquiera me ladre
por mi camino corto o largo,
escuchare todas las sinfonías
así sean de colores,
sin ninguna prisa voy a conocer infinitas
tierras: en globos, dirigibles y hasta en tren
El tiempo que me resta
lo voy a compartir con mis ansias,
estas que estaban dormidas
por tanto trabajar.
El tiempo que me resta
voy a tratar de serle útil a mi vida,
voy a llorar pacientemente
tratando de reencontrarme
con mi alma,
en el tiempo que me resta
me acercaré más a Dios
ya que sin ser ateo, olvidado lo tenía…
Y que será de nosotros
los que empezamos a restar…
Siempre pensé en que ese momento llegaría,
que al salir un día de este lugar
al que todos consideramos nuestro,
al otro día ya no habríamos de regresar,
Yo tardé un poco en comprender esta realidad
y es que, hasta el día anterior
se me seguía considerando
en las actividades de aquella sociedad,
en que había fallado, en nada,
simplemente mi reloj biológico
me había dado la orden de parar,
sí, parar, finalizar mi estilo de vida
y “por arte de magia” quedarme en casa
como cualquier otro fin de semana,
solo que ahora, en definitiva, parar,
quedarme dormido, detener mis empeños
por volver a trabajar…
Toda la vida se me reducía a esta ansiedad
sobre mis hombros, y por extraño que parezca
derrumbado en desolador silencio,
por primera vez tuve tiempo en ver mi cara al espejo
y descubrir en mi rostro como se me había
pasado el tiempo, leer en mis arrugas ese mensaje
extraviado que nos deja el paso de los años
en una escritura desconocida a mis sentidos.
Luego de derramar pesadas lágrimas,
ya entrada la tarde, tome fuerzas por salir a caminar
por la ciudad y allí me encontré con un gran misterio
del pueblo en el cual había vivido por más de treinta años
no conocía nada y a las personas que allí residían
les surgía un completo extraño,
vagabundeaba solitario, era un desconocido
que del olvido había regresado…
El tiempo que me resta,
¡Ay melancolía!
¿Qué hago ahora con el tiempo que me resta?
Ahora que por las noches no duermo
y los perros me ladran
y amigos no encuentro.
Mientras existimos cargamos incansablemente
nuestros cuerpos de la casa al trabajo,
dejando de lado la felicidad de nuestra vida,
perdimos o nunca nos propusimos escuchar
esa música del camino, allí estaban esas sinfonías
en cada paso de nuestra vida,
sin embargo, el mismo tiempo
me ha dado la prudencia de orientar
el tiempo que me resta,
ahora podré salir a conocer mi ciudad
platicar con mis vecinos
y tendré todo el tiempo para sonreírle a mis arrugas
ante el espejo…
Extraño en un mundo del que nada sé,
voy a hacer osado, en mis intentos tomaré
ese vuelo que me lleve a otras naciones,
conocer imperios, comarcas y demás parentelas.
El tiempo que me resta
que no será mucho ni poco,
voy a disfrutarlo con el corazón,
amaré cada arruga que me nazca ante el espejo,
me comprare un perro
para que siquiera me ladre
por mi camino corto o largo,
escuchare todas las sinfonías
así sean de colores,
sin ninguna prisa voy a conocer infinitas
tierras: en globos, dirigibles y hasta en tren
El tiempo que me resta
lo voy a compartir con mis ansias,
estas que estaban dormidas
por tanto trabajar.
El tiempo que me resta
voy a tratar de serle útil a mi vida,
voy a llorar pacientemente
tratando de reencontrarme
con mi alma,
en el tiempo que me resta
me acercaré más a Dios
ya que sin ser ateo, olvidado lo tenía…