Alfredo Munoz
Poeta recién llegado
En aquel plateado beso
que la luna -en su embeleso-
te robo de soslayo
plasmando su ansia en ti,
el Tiempo,
detuvo al tiempo. Ensimismándolo.
Así, como este de callados;
reposados
son los momentos sin tiempo.
Los que, por no haberse buscado
llegan; pacíficos y resolutos.
Gozosos, como todo lo que llega
repleto de la autoridad
que les confiere el ansia.
Yo abrazo este momento
cómo recibí el pretérito.
Lleno de reposo.
Él, se manifiesta resoluto.
¡Ducho! en su anticipado celo.
Espero, dispuesto, su ofrenda
-absoluta y generosa-
alumbrándome el sentir.
¡De paz su dádiva!
Fabulosa
en la ternura de su testimonio.
. Fabulosa,
como una desposada tímida.
¡Y humilde! ¡Y consciente! ¡Y curiosa!
Segura de lo inmensurable del tesoro
qué enmarca su entrega.
Estos hechos, están hechos;
del momento que culmina
en ese agitado sentir
en que el ansia, rebosando,
ansía grabar su intento
por forzarnos a vivir.
Gracias
¡De amor repletas!
Se las doy al Universo.
Así de claros, nítidos e insaciables
son los momentos que perduran
en el alma del hombre:
¡Inmutables!
¡Fulgurantes y silenciosos!
Certeros y conscientes
-como el silencio mismo-
de la indeleble llaga
en que florecerá su engendro.
Su resplandor -áurea preciosa-
Perdurara consciente
Amor. Amor. Amor. Amor amado.
Así, entregándose dispuesto,
sus anhelos pausados,
sin prisas, sin recelos, sin dudas;
para poder gozarlo y ser gozados.
Tú y yo, renacimos así, engendros
de este instante; callados.
Febriles. Humildes. Pacíficos.
De amor vivo, enamorados.
que la luna -en su embeleso-
te robo de soslayo
plasmando su ansia en ti,
el Tiempo,
detuvo al tiempo. Ensimismándolo.
Así, como este de callados;
reposados
son los momentos sin tiempo.
Los que, por no haberse buscado
llegan; pacíficos y resolutos.
Gozosos, como todo lo que llega
repleto de la autoridad
que les confiere el ansia.
Yo abrazo este momento
cómo recibí el pretérito.
Lleno de reposo.
Él, se manifiesta resoluto.
¡Ducho! en su anticipado celo.
Espero, dispuesto, su ofrenda
-absoluta y generosa-
alumbrándome el sentir.
¡De paz su dádiva!
Fabulosa
en la ternura de su testimonio.
. Fabulosa,
como una desposada tímida.
¡Y humilde! ¡Y consciente! ¡Y curiosa!
Segura de lo inmensurable del tesoro
qué enmarca su entrega.
Estos hechos, están hechos;
del momento que culmina
en ese agitado sentir
en que el ansia, rebosando,
ansía grabar su intento
por forzarnos a vivir.
Gracias
¡De amor repletas!
Se las doy al Universo.
Así de claros, nítidos e insaciables
son los momentos que perduran
en el alma del hombre:
¡Inmutables!
¡Fulgurantes y silenciosos!
Certeros y conscientes
-como el silencio mismo-
de la indeleble llaga
en que florecerá su engendro.
Su resplandor -áurea preciosa-
Perdurara consciente
Amor. Amor. Amor. Amor amado.
Así, entregándose dispuesto,
sus anhelos pausados,
sin prisas, sin recelos, sin dudas;
para poder gozarlo y ser gozados.
Tú y yo, renacimos así, engendros
de este instante; callados.
Febriles. Humildes. Pacíficos.
De amor vivo, enamorados.