Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El tiempo vuela
Corre el tiempo, qué desfachatez, como si el tiempo tuviera patas para correr. Pero la realidad es que se hacía la hora; de nuevo no comprendo cómo y de qué manera una hora se puede hacer; así que lo dispuse todo, o sea no dispuse nada, pues nada disponía de qué disponer; nunca había ahorrado, y dieron las diez, y no llegué; todas se las llevaron, y decidí coger otro tren; lo que no sé es si el tren estaría dispuesto, eso estaba por ver; que haya trenes delgados y a juego, no es algo extraño, pues todo el mundo parece tener.
Una vez en el andén, escuché un pitido muy raro; observé el reloj, y asustado, ¡no lo podía creer!, ¡qué horror!, o estaba parado, o yo me quedé con las diez; rechinó de nuevo otra vez, y pareció encenderse un cigarro, diría que era un habano, ¡y lo fumaba por los pies!, cuando un señor con gorra y bandera, debía ser un linier, me aconsejó la sala de espera. "Que se acabe el cigarro", pensé.
Los trenes se cogen, corren las horas, se disponen las cosas, el tiempo se esfuma, los linieres con gorra, la bandera era roja, y el tren se fumaba una hoja; yo en la sala de espera, se hizo la hora, el tiempo corrió y yo acuestas con él; el mío fumaba, los de otros no sé; pesar pesaban lo suyo, que no sé qué es, pues si el tiempo vuela, yo vuelo con él; a todo me llevo y a todo se lleva, siempre es exacto, ahora lo sé, en este relato: ¿el tiempo quién fue?
La existencia... puede ser...
La existencia... puede ser...
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