Róger Alejandro
Poeta recién llegado
He dibujado tantas veces el tiempo que la palidez
lo hace invisible,
tanto he mencionado tu nombre que ahora cuelga de mi pecho
como simbólico crucifijo.
Es tan impetuoso mi secreto que ahora, sólo yo,
lo desconozco.
Tantas veces jugué con ese amigo infinito que un abismo
cubrió cada espacio
y la razón sólo atinó a preguntar;
¿Y tú, por qué te ausentas?
Envidio al tiempo porque en cualquier lugar te tiene;
te lleva en sus caprichos
y contigo juega, cuando más lo
necesitas.
Envidio al tiempo, porque a las estrellas lleva tu nombre
y a los volcanes el fuego de tu impetuosidad.
Lo envidio, porque a cada instante puede susurrarte
un secreto,
besarte con furia desmesurada y ser tu dueño,
cuando estás dormida.
Si yo fuera el Tiempo existiría,
sólo para ti,
inspiración divina, convertida en
mujer.
9 de febrero de 2011
lo hace invisible,
tanto he mencionado tu nombre que ahora cuelga de mi pecho
como simbólico crucifijo.
Es tan impetuoso mi secreto que ahora, sólo yo,
lo desconozco.
Tantas veces jugué con ese amigo infinito que un abismo
cubrió cada espacio
y la razón sólo atinó a preguntar;
¿Y tú, por qué te ausentas?
Envidio al tiempo porque en cualquier lugar te tiene;
te lleva en sus caprichos
y contigo juega, cuando más lo
necesitas.
Envidio al tiempo, porque a las estrellas lleva tu nombre
y a los volcanes el fuego de tu impetuosidad.
Lo envidio, porque a cada instante puede susurrarte
un secreto,
besarte con furia desmesurada y ser tu dueño,
cuando estás dormida.
Si yo fuera el Tiempo existiría,
sólo para ti,
inspiración divina, convertida en
mujer.
9 de febrero de 2011
Última edición por un moderador: