El Tomate bailón Cuento

Estrella Cabrera

Poeta adicto al portal
Nota : Para leer a tus niños este cuento es importante que cantes las estrofas marcadas en negrita, ponle la melodía que quieras, cuanto más disparatada mejor, y será mucho más divertido.


EL TOMATE BAILÓN




La señora Juana era muy buena cocinera, aunque un poco maniática, pues siempre decía que sus deliciosos guisos no tenían secreto alguno, que sólo había que ser muy cuidadoso con los ingredientes de cada receta. Era meticulosa hasta el punto de que, si preparaba un estofado de carne para su familia, contaba incluso los guisantes que tenía que echar a la cazuela.

Su familia no le daba mucha importancia y, por otro lado, la señora Juana raramente permitía que se metieran en su cocina sus hijos o su marido. Una mañana estaba en su cocina, a punto de preparar la comida. Hoy tocaba macarrones con tomate. Sacó de la nevera la bolsa con los tomates que había comprado en el mercado a primera hora. Los contó: “uno, dos....tres...” ¡Nueve! ¡Faltaba uno! La señora Juana los volvió a contar. Tenían que ser diez. Su sabrosa salsa para macarrones requería exactamente diez tomates del mismo tamaño, jugosos y maduritos. Pero había nueve.

-Qué raro- pensó- juraría que esta mañana había diez cuando los compré.

Miró de nuevo en el interior de la nevera. Tal vez se había salido de la bolsa. Buscó por detrás de la lechuga, de las botellas de leche, de los melocotones...pero no lo encontró. Y empezó a ponerse nerviosa. Llamó a su hijo pequeño, Juanito, que estaba en el patio, jugando a la pelota.

-Juanitoooo!!

El niño acudió en seguida y desde la puerta de la cocina, preguntó:

-¿Qué quieres, mamá, ya es la hora de comer?

-No, aún no he empezado a hacer la comida- respondió la madre- por casualidad...¿no habrás cogido un tomate de los que había en la nevera?

-No- dijo el niño- he estado en el patio desde que llegué del cole...

-No me mientas, yo sé que te encanta comerte los tomates frescos a bocados, si lo has cogido dímelo.

-Que no, mamá, qué pesada te pones con el dichoso tomate, si no he entrado en la cocina para nada!

-Pues falta un tomate, compré diez, y sólo hay nueve! ¿Dónde está?

-Se habrá caído por la nevera, yo que sé...-replicó Juanito- yo no me lo he comido.

La señora Juana llamó a su hija, Marieta, la mayor.

-¡Marietaaaaa! ¿Puedes venir un momento?

La chica estaba en su habitación. Tardó un buen rato en acudir a la cocina. La señora Juana le hizo la misma pregunta que al pequeño Juanito:

-¿Tú has cogido un tomate de los que había en la nevera?

-¿Yo?- Marieta puso cara de asco- ¡Mamá, ya sabes que yo ODIO los tomates,¿para qué iba a coger uno? ¿Para eso me has llamado?

-No lo entiendo!- exclamó la mujer- Tiene que estar en alguna parte...

Y empezó a sacar, una por una, todas las cosas de la nevera dejándolas sobre la mesa de la cocina, con gesto casi de desespero. Los niños ya se habían marchado, y ella, a solas, se empeñó en encontrar el tomate a toda costa. Ya estaba la mesa abarrotada de cosas y la nevera medio vacía. Con los nervios, un tarro de mermelada se le escapó de las manos y fue a parar al suelo rompiéndose y desparramándose todo el contenido, pero a la señora Juana no le importó para nada y continuó con su insistente búsqueda. Al darse la vuelta, observó la puerta de la nevera. Allí, en la parte de arriba, donde se colocan los huevos, había un tomate. La pobre mujer no podía dar crédito a sus ojos. Un pequeño y redondito tomate bailaba encima de los huevos. Del susto, la buena mujer pisó la mermelada derramada en el suelo haciéndole caer de culo. Pensó que estaba soñando. Segundos después logró articular palabra y llamó de un grito a sus hijos.

Juanito y Marieta acudieron en seguida al oír aquel chillido. Desde la puerta de la cocina, contemplaron a su madre, sentada en el suelo, con las piernas y la boca abiertas, y el dedo señalando hacia la puerta de la nevera.

-¿Se puede saber qué haces ahí en el suelo, mamá?- preguntó la hija mayor- ¿Es que te has quedado muda?

-¿Veis lo que yo estoy viendo?- pudo decir, por fin.

Los niños miraron a la nevera.

-¡Oh,vaya! Ya encontraste el tomate perdido! –exclamó Marieta- ¿Eso es todo? ¿Puedo irme ya a mi cuarto?

-¡Mira! ¡Está bailando!- gritó Juanito.

-¡Menos mal!- dijo la señora- Creí que me había vuelto loca,¿tú también lo ves, hijo?

-Sí, es alucinante! ¡Mira, Marieta! No para de bailar!

La chica observó con atención hacia la puerta de la nevera. Pegó un chillido ante la sorpresa. Allí estaba el tomate, baila que te baila, saltando de un huevo a otro.

-¡Tiene ritmo!- exclamó Juanito. El pequeño estaba entusiasmado.

La redonda y encarnada hortaliza, con finas piernecitas y bracitos, bailaba sin cesar, al son de una extraña musiquilla que se oía por toda la cocina:

“El tomate bailón, el tomate bailón,

encima de los huevos bailo yo!”

-Dios! Ésto no puede estar pasando!- gritó la hija mayor- ¿quiere alguien decirme qué clase de broma es ésta?¡Mamá, por lo que más quieras, levántate del suelo!

La señora Juana no podía ni hablar ni moverse.

-Juanito, si es otra de tus travesuras, ya está bien, no tiene ninguna gracia ver a mamá ahí tirada en el suelo con cara de espanto!- replicó Marieta.-Y esa musiquilla horrible!¿De dónde sale?



“El tomate bailón, el tomate bailón,

encima de los huevos bailo yo!”


Entonces el pequeño tomate dió una vuelta entera y de un salto, fué a parar a la mesa de la cocina, y continuó con su bailoteo encima de la tostadora.

-¡Qué bien baila!- dijo Juanito, quien estaba disfrutando de lo lindo. Intentó cogerlo pero el tomate se escabulló y saltó de nuevo, yendo a parar esta vez a una repisa de la pared, allí bailó alrededor de una jarra de barro con gran estilo al compás de aquella melodía insistente y algo chabacana.

La señora Juana ya no podía más. Aquello era demasiado! Se levantó del suelo y se dirigió a un cajón de la cocina, sacando un enorme cuchillo.

-¡Se acabó!- gritó.-¡Voy a coger ese maldito tomate y hacer con él picadillo!

-¡Nooooo...!- suplicó Juanito, agarrando a su madre por el delantal-, No, mamá, no, por favor!

-¡Suéltame hijo! Como que me llamo Juana que cogeré a ese tomate del demonio!

Y la buena mujer inició una persecución por toda la cocina, blandiendo en alto el cuchillo, parecía haberse vuelto loca de repente.

Marieta, junto a la nevera, apoyada en la pared, inmóvil, presenciaba la pintoresca escena sin saber qué hacer. Se pellizcó un moflete, murmurando en voz baja:

-Debo estar soñando, debo estar soñando...-y se volvió a pellizcar con fuerza el otro moflete, notando un leve dolorcillo, que le hizo dar un brinco:

-¡Ay!No, no estoy... soñando, esto está pasando, Marieta,despierta,haz algo!-,se hablaba a sí misma, parecía al borde de un ataque de ansiedad.

Para colmo,y, por si no fuera poco lo que estaba ocurriendo, mientras la madre iba y venía de un extremo a otro por la cocina persiguiendo al tomate, al compás de la musiquilla, las patatas del cesto empezaron a bailotear también. Formando una fila, sobre la mesa, danzaban y se oyó:

“Tomate bailón, tomate bailón,

nosotras las patatas bailamos mogollón”.


Y, del cajón de los cubietos, que la mujer dejó abierto, se levantaron una docena de tenedores, que se unieron al baile,y a la música que resonaba:

“Tomate bailón, tomate bailón,

tenedores bailones, tenedores bailones,

pinchamos y bailamos

y somos los mejores”.

Y les siguieron las cebollas, que no lo hacían nada mal, y se marcaron unos pasos con piruetas incluidas, saltando al interior de las cazuelas:

“Somos la cebollas,

bailamos y bailamos

dentro de las ollas”.

Luego, de una caja de cerillas, junto al fogón, empezaron a salir cientos de cerillas bailarinas, que, con vocecilla aguda y chillona, se unieron a aquella locura formando un ballet increíblemente conjuntado:

“Las cerillas bailamos

y encendemos el fogón

y bailamos mejor

que el tomate bailón”.

Unas tijeras surgieron del cajón, bailando de forma muy elegante, a la vez que iban cortando un montón de espaguetis que se habían agregado al baile.

Marieta se había ido al salón, a llamar por teléfono a su padre.

-¿Papá? Tienes que venir a casa inmediatamente!

-¿Qué pasa, hija? ¿Por qué me llamas al trabajo? ¿Ha ocurrido algo malo?

-Tienes que venir cuanto antes, papá,te lo ruego!

-¿Qué pasa? No puedo salir ahora, estoy en una reunión muy importante!

-¡Papá! O vienes a casa o no sé lo que va a pasar, esto es una locura! Mamá se ha vuelto loca, está persiguiendo a un tomate por toda la cocina con un cuchillo en la mano, las cebollas bailando, las patatas...

-Cariño, no es momento para bromas, estoy muy ocupado. Dentro de una hora estaré en casa para comer, hasta luego!

Y colgó el teléfono. La chica casi a punto de echarse a llorar, regresó a la cocina. Podía oír desde el pasillo:

“Aquí llegan los platos,

que bailan a ratos.”

“Vosotros, los platos,

bailáis como patos”.

Eran la escoba y la fregona, que se marcaban un dúo de baile magistral. Y desde una esquina en lo alto, colgados, los ajos en ristra intentaban despegarse, aplaudiendo:

“Escoba y fregona,

qué pareja más molona!”

Juanito se estaba divirtiendo más que nunca, aunque seguía detrás de su madre, tratando de evitar que ésta diera caza al tomate bailón.

“Tomate bailón, tomate bailón,

encima de los huevos bailo yo.”

La señora Juana, fuera de sí, cuchillo en ristre, perseguía al encarnado tomatito, clavando aquí y allá el cuchillo jamonero, al tiempo que gritaba:

-Pero si ya no estás encima de los huevos, desgraciado! ¿Por qué no cantas otra cosa? ¿No sabes cantar nada mejor, maldito? Yo te diré lo que puedes cantar:

Y, por un instante, la mujer, en medio de la cocina, se detuvo para canturrear:

“Tomate bailón, tomate listillo,

la señora Juana te hará picadillo.”

Aquello parecía no tener fin. Algunas vecinas de las casas de al lado, se acercaron al oír el jaleo, sin atreverse a entrar.

Pasó la hora de la comida. Pasó la hora de ir a la escuela. A eso de las tres y media, llegó el padre.

Todo estaba en silencio.

-¿Hay alguien casa? ¡Ya estoy aquí, cariño! Y estoy hambriento!

Cuando el padre entró en la cocina, casi le dá un infarto. La escena era desoladora. Trozos de platos rotos por todas partes, armarios abiertos de par en par, el suelo lleno de cebollas, patatas, ajos, mezclados entre cubiertos, ollas, cerillas...

El caos más absoluto reinaba en cada rincón, y un silencio que tan sólo dejaba oír el llanto de Juanito. El niño, apoyado sobre la tabla de madera, lloriqueaba desconsoladamente frente a una especie de masa roja hecha trizas. La madre, sentada en una silla, sostenía el enorme cuchillo manchado de rojo, y sonreía con la mirada perdida. Por sus mejillas sonrojadas aún resbalaban las gotas de sudor, y por sus piernas, la mermelada. Marieta estaba sentada en el suelo, en un rincón, y entre sus brazos sostenía con fuerza toda una serie de utensilios de cocina, platos, tenedores, alguna lechuga, la escoba... como si pensara que alguien fuera a quitárselos.

El pobre hombre, cuando reaccionó, dijo:

-¿Qué ha pasado aquí?

Nadie le contestó. Los tres le miraron, pero no le hicieron demasiado caso.

El padre hizo otra pregunta:

-¿Puede alguien decirme qué ha pasado? ¡Hey, familia! ¡Estoy aquí!

Juanito dejó de sollozar, levantó la vista, se sorbió los mocos y observó a su padre.

-Hola papá.

-Hijo, ¿puedes explicarme qué significa todo esto?

-Bueno...-el niño, con voz triste, empezó a explicar- ya lo ves, mamá se empeñó en perseguir a un tomate bailón, ya la conoces, tiene sus manías...no le importaba nada lo bien que bailaba el tomate, era “su” tomate, para “su” salsa de macarrones, y no paró hasta que lo cazó...y aquí está el pobrecillo...hecho picadillo...Ya no bailará nunca más...

-Y...¿qué hay de los macarrones?-quiso saber el padre.

-Pues también bailaron, y no lo hacían nada mal...aunque para mí, el que mejor bailaba era el tomate...

Y dijo Marieta:

-Perdona, pero la escoba y la fregona lo hicieron de rechupete. Y las cerillas,¿qué me dices de las cerillas? Parecía que habían estado ensayando durante años...

-Pues yo creo que los que mejor bailaban eran los tenedores- dijo la madre.-Bueno, y las alcachofas...qué estilazo!

-Y las patatas...

-¡Basta!- exclamó el padre- No sé qué demonios ha podido pasar hoy aquí. Pero ya veo que no hay comida...¿qué os parece si...nos vamos al Burger?

-¡Síiii!

-¡Vale!

La señora Juana se quitó el delantal, se limpió con una gamuza la mermelada, Juanito se chupó los dedos manchados de trocitos de tomate, y Marieta se levantó, soltando todos los utensilios que cayeron al suelo. Y la familia al completo, hambrienta, salió de casa para ir a comer una hamburguesa.

Cuando la madre fue a cerrar la puerta de la cocina, contempló por última vez aquel escenario,y, en ese momento, uno de los nueve tomates que habían quedado en la bolsa, avanzó por encima de la mesa, dio una pirueta bailona,y le dijo:

“Ay,Juana, querida,

hoy no has hecho la comida,

por culpa de tus manías

todos los días,

el tomate bailón

te ha dado una lección.”


FIN



Estrella Cabrera Todos los derechos reservados
 

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Jajajaja, ¡muy divertido Estrella! Ahora me acordaré de tu cuento cuando vea un tomate y me partiré de la risa.
Está genial, si me dejan te doy reputación. Besos con mi corazón amiga,
 
aplausooooooosssssssss!!!!!!!

qué bien que pasé este rato leyendo. Grité : NO! cuando la mamá agarró el cuchillo. Estrella tenés un imaginación prodigiosa! te felicito.
Hermoso cuento, besosss
 
aplausooooooosssssssss!!!!!!!

qué bien que pasé este rato leyendo. Grité : NO! cuando la mamá agarró el cuchillo. Estrella tenés un imaginación prodigiosa! te felicito.
Hermoso cuento, besosss
Es que no lo puedes evitar: eres una niñita que disfruta como la que más cuando se mete en los cuentos... pues tendrías que ver a Martín reír a carcajadas cuando se lo cuento, pues algunas noches me hace repetir de tanto que le gustó. Lo bueno es hacer las voces de las cancioncillas de los enseres de la cocina, yo me lo paso teta.Ahora tienes que contárselo a tus niños y ya me dirás qué.
Gracias guapa, te mando mil besazos,:::wub:::,Estrella.
 
jajajajajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj
¡¡¡¡¡quiero más...!!!!, ¡más cuentos!
mil gracias por haberme hecho pasar un buenisimo rato.
Te mando reputación y estrellas por guapa y original
Besos, Estrellita
Rosario
 
Este relato funciona por varios motivos. Trataré de dar mi punto de vista, que no es el de un experto, pero ya sabes que le doy mucha importancia a la técnica. La primera razón es la claridad del conflicto, con varias frases dejas claro que la señora Juana lleva su perfeccionismo al terreno de las compulsiones. Es imposible hacer la comida si falta un tomate. El relato mismo pide que esa parte se desarrolle, pues el lector, apiadándose de la protagonista, necesita que ésta encuentre el tomate, porque desde el principio sabemos que será imposible que pueda hacer la comida sin él. Eso es un verdadero conflicto y el conflicto es el armazón de cualquier relato breve. Ahí tienes un diez. De repente sucede lo inesperado, los objetos cotidianos y las verduras cobran vida sin necesidad que se de, por ello, una explicación racional. Aunque sea inesperado sucede demasiado a menudo en los cuentos pero en éste el ensamblaje es perfecto porque los tres personajes que participan de la alucinación tienen sus razones para alucinar: la mader por su trastorno obsesivo compulsivo y los niños por la simple razón de ser niños. De hecho, la aparición del padre cuando todo ha acabado, indica que hay una frontera entre lo real y lo imaginario. La solución 'realista' de salir a comer fuera abunda en esta división radical. La introducción de rimas y pareados puede hacer este relato muy atractivo en las clases de primaria, donde los maestros tratan de que los niños se familiaricen con sonidos como primer paso de alcanzar cierta consciencia metalingüística. Perdona que no te diga sólo que me ha gustado y que te de por ello la enhorabuena. Ya veo que para ello tienes a mucha gente. Sería estupendo que este relato se publicara con ilustraciones adecuadas porque sus posibilidades de edición son numerosas. Ya sabes lo mucho que te admiro.
 
Este relato funciona por varios motivos. Trataré de dar mi punto de vista, que no es el de un experto, pero ya sabes que le doy mucha importancia a la técnica. La primera razón es la claridad del conflicto, con varias frases dejas claro que la señora Juana lleva su perfeccionismo al terreno de las compulsiones. Es imposible hacer la comida si falta un tomate. El relato mismo pide que esa parte se desarrolle, pues el lector, apiadándose de la protagonista, necesita que ésta encuentre el tomate, porque desde el principio sabemos que será imposible que pueda hacer la comida sin él. Eso es un verdadero conflicto y el conflicto es el armazón de cualquier relato breve. Ahí tienes un diez. De repente sucede lo inesperado, los objetos cotidianos y las verduras cobran vida sin necesidad que se de, por ello, una explicación racional. Aunque sea inesperado sucede demasiado a menudo en los cuentos pero en éste el ensamblaje es perfecto porque los tres personajes que participan de la alucinación tienen sus razones para alucinar: la mader por su trastorno obsesivo compulsivo y los niños por la simple razón de ser niños. De hecho, la aparición del padre cuando todo ha acabado, indica que hay una frontera entre lo real y lo imaginario. La solución 'realista' de salir a comer fuera abunda en esta división radical. La introducción de rimas y pareados puede hacer este relato muy atractivo en las clases de primaria, donde los maestros tratan de que los niños se familiaricen con sonidos como primer paso de alcanzar cierta consciencia metalingüística. Perdona que no te diga sólo que me ha gustado y que te de por ello la enhorabuena. Ya veo que para ello tienes a mucha gente. Sería estupendo que este relato se publicara con ilustraciones adecuadas porque sus posibilidades de edición son numerosas. Ya sabes lo mucho que te admiro.
Gracias Luis. No comment. Tan sólo puedo decirte GRACIAS por tu magnífico comentario. Ahora sólo hace falta que un editor se fije en mí y me publique, porque tengo cuentos para dar y vender. Y por las ilustraciones, no problem, ya sabes que soy ilustradora,y lo mismo que escribo los cuentos, les pongo los dibujos... puedes visitarme en "Ediciona", es una web del sector editorial, donde me registré no hace mucho y voy subiendo cosas.
Muchos besos,:::wub:::,Estrella.
 
jajajajajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj
¡¡¡¡¡quiero más...!!!!, ¡más cuentos!
mil gracias por haberme hecho pasar un buenisimo rato.
Te mando reputación y estrellas por guapa y original
Besos, Estrellita
Rosario
Ya te lo he dicho más de una vez: ¡ME ENCANTA OÍR TU RISA!:::banana::::::banana:::ROSARIO.
Y las gracias te las doy yo a tí por hacérmelo saber, con tu especial y peculiar forma de hacerlo.
Besazos,:::wub::::::wub::::::wub:::,Estrella.
 
¡Fuerte historia usted! ¡Fuerte imaginación mijija!, eres tremenda, muy tremenda, no paré de reirme desde casi la mitad hasta casi acabar, ¿de dónde la sacas?, maravillosa historia para no comer, bueno tremendo, me alegro de haberlo leído y tú que me lo hayas pasado, gracias muchas gracias Tatuadora por tus ocurrencias, un abrazo muy fuerte
 
¡Fuerte historia usted! ¡Fuerte imaginación mijija!, eres tremenda, muy tremenda, no paré de reirme desde casi la mitad hasta casi acabar, ¿de dónde la sacas?, maravillosa historia para no comer, bueno tremendo, me alegro de haberlo leído y tú que me lo hayas pasado, gracias muchas gracias Tatuadora por tus ocurrencias, un abrazo muy fuerte
Ya sabía que te iba a gustar, pero ahora quiero que se la leas a los niños que tengas a mano, :::ojos1:::,y me digas qué...::barf::,pues ésto es un cuento para niños, claro, no lo olvidemos, jeje.
Gracias por estar y leerme, muchos besos de :::wub::::::wub::::::wub::::::wub::::::wub::::::wub:::Estrella.
 
EL TOMATE BAILÓN


La señora Juana era muy buena cocinera, aunque un poco maniática, pues siempre decía que sus deliciosos guisos no tenían secreto alguno, que sólo había que ser muy cuidadoso con los ingredientes de cada receta. Era meticulosa hasta el punto de que, si preparaba un estofado de carne para su familia, contaba incluso los guisantes que tenía que echar a la cazuela.
Su familia no le daba mucha importancia y, por otro lado, la señora Juana raramente permitía que se metieran en su cocina sus hijos o su marido. Una mañana estaba en su cocina, a punto de preparar la comida. Hoy tocaba macarrones con tomate. Sacó de la nevera la bolsa con los tomates que había comprado en el mercado a primera hora. Los contó: “uno, dos....tres...” ¡Nueve! ¡Faltaba uno! La señora Juana los volvió a contar. Tenían que ser diez. Su sabrosa salsa para macarrones requería exactamente diez tomates del mismo tamaño, jugosos y maduritos. Pero había nueve.
-Qué raro- pensó- juraría que esta mañana había diez cuando los compré.
Miró de nuevo en el interior de la nevera. Tal vez se había salido de la bolsa. Buscó por detrás de la lechuga, de las botellas de leche, de los melocotones...pero no lo encontró. Y empezó a ponerse nerviosa. Llamó a su hijo pequeño, Juanito, que estaba en el patio, jugando a la pelota.
-Juanitoooo!!
El niño acudió en seguida y desde la puerta de la cocina, preguntó:
-¿Qué quieres, mamá, ya es la hora de comer?
-No, aún no he empezado a hacer la comida- respondió la madre- por casualidad...¿no habrás cogido un tomate de los que había en la nevera?
-No- dijo el niño- he estado en el patio desde que llegué del cole...
-No me mientas, yo sé que te encanta comerte los tomates frescos a bocados, si lo has cogido dímelo.
-Que no, mamá, qué pesada te pones con el dichoso tomate, si no he entrado en la cocina para nada!
-Pues falta un tomate, compré diez, y sólo hay nueve! ¿Dónde está?
-Se habrá caído por la nevera, yo que sé...-replicó Juanito- yo no me lo he comido.
La señora Juana llamó a su hija, Marieta, la mayor.
-¡Marietaaaaa! ¿Puedes venir un momento?
La chica estaba en su habitación. Tardó un buen rato en acudir a la cocina. La señora Juana le hizo la misma pregunta que al pequeño Juanito:
-¿Tú has cogido un tomate de los que había en la nevera?
-¿Yo?- Marieta puso cara de asco- ¡Mamá, ya sabes que yo ODIO los tomates,¿para qué iba a coger uno? ¿Para eso me has llamado?
-No lo entiendo!- exclamó la mujer- Tiene que estar en alguna parte...
Y empezó a sacar, una por una, todas las cosas de la nevera dejándolas sobre la mesa de la cocina, con gesto casi de desespero. Los niños ya se habían marchado, y ella, a solas, se empeñó en encontrar el tomate a toda costa. Ya estaba la mesa abarrotada de cosas y la nevera medio vacía. Con los nervios, un tarro de mermelada se le escapó de las manos y fue a parar al suelo rompiéndose y desparramándose todo el contenido, pero a la señora Juana no le importó para nada y continuó con su insistente búsqueda. Al darse la vuelta, observó la puerta de la nevera. Allí, en la parte de arriba, donde se colocan los huevos, había un tomate. La pobre mujer no podía dar crédito a sus ojos. Un pequeño y redondito tomate bailaba encima de los huevos. Del susto, la buena mujer pisó la mermelada derramada en el suelo haciéndole caer de culo. Pensó que estaba soñando. Segundos después logró articular palabra y llamó de un grito a sus hijos.
Juanito y Marieta acudieron en seguida al oír aquel chillido. Desde la puerta de la cocina, contemplaron a su madre, sentada en el suelo, con las piernas y la boca abiertas, y el dedo señalando hacia la puerta de la nevera.
-¿Se puede saber qué haces ahí en el suelo, mamá?- preguntó la hija mayor- ¿Es que te has quedado muda?
-¿Veis lo que yo estoy viendo?- pudo decir, por fin.
Los niños miraron a la nevera.
-¡Oh,vaya! Ya encontraste el tomate perdido! –exclamó Marieta- ¿Eso es todo? ¿Puedo irme ya a mi cuarto?
-¡Mira! ¡Está bailando!- gritó Juanito.
-¡Menos mal!- dijo la señora- Creí que me había vuelto loca,¿tú también lo ves, hijo?
-Sí, es alucinante! ¡Mira, Marieta! No para de bailar!
La chica observó con atención hacia la puerta de la nevera. Pegó un chillido ante la sorpresa. Allí estaba el tomate, baila que te baila, saltando de un huevo a otro.
-¡Tiene ritmo!- exclamó Juanito. El pequeño estaba entusiasmado.
La redonda y encarnada hortaliza, con finas piernecitas y bracitos, bailaba sin cesar, al son de una extraña musiquilla que se oía por toda la cocina:

“El tomate bailón, el tomate bailón,
encima de los huevos bailo yo!”


-Dios! Ésto no puede estar pasando!- gritó la hija mayor- ¿quiere alguien decirme qué clase de broma es ésta?¡Mamá, por lo que más quieras, levántate del suelo!
La señora Juana no podía ni hablar ni moverse.
-Juanito, si es otra de tus travesuras, ya está bien, no tiene ninguna gracia ver a mamá ahí tirada en el suelo con cara de espanto!- replicó Marieta.-Y esa musiquilla horrible!¿De dónde sale?


“El tomate bailón, el tomate bailón,
encima de los huevos bailo yo!”



Entonces el pequeño tomate dió una vuelta entera y de un salto, fué a parar a la mesa de la cocina, y continuó con su bailoteo encima de la tostadora.
-¡Qué bien baila!- dijo Juanito, quien estaba disfrutando de lo lindo. Intentó cogerlo pero el tomate se escabulló y saltó de nuevo, yendo a parar esta vez a una repisa de la pared, allí bailó alrededor de una jarra de barro con gran estilo al compás de aquella melodía insistente y algo chabacana.
La señora Juana ya no podía más. Aquello era demasiado! Se levantó del suelo y se dirigió a un cajón de la cocina, sacando un enorme cuchillo.
-¡Se acabó!- gritó.-¡Voy a coger ese maldito tomate y hacer con él picadillo!
-¡Nooooo...!- suplicó Juanito, agarrando a su madre por el delantal-, No, mamá, no, por favor!
-¡Suéltame hijo! Como que me llamo Juana que cogeré a ese tomate del demonio!
Y la buena mujer inició una persecución por toda la cocina, blandiendo en alto el cuchillo, parecía haberse vuelto loca de repente.
Marieta, junto a la nevera, apoyada en la pared, inmóvil, presenciaba la pintoresca escena sin saber qué hacer. Se pellizcó un moflete, murmurando en voz baja:
-Debo estar soñando, debo estar soñando...-y se volvió a pellizcar con fuerza el otro moflete, notando un leve dolorcillo, que le hizo dar un brinco:
-¡Ay!No, no estoy... soñando, esto está pasando, Marieta,despierta,haz algo!-,se hablaba a sí misma, parecía al borde de un ataque de ansiedad.
Para colmo,y, por si no fuera poco lo que estaba ocurriendo, mientras la madre iba y venía de un extremo a otro por la cocina persiguiendo al tomate, al compás de la musiquilla, las patatas del cesto empezaron a bailotear también. Formando una fila, sobre la mesa, danzaban y se oyó:

“Tomate bailón, tomate bailón,
nosotras las patatas bailamos mogollón”.


Y, del cajón de los cubietos, que la mujer dejó abierto, se levantaron una docena de tenedores, que se unieron al baile,y a la música que resonaba:

“Tomate bailón, tomate bailón,
tenedores bailones, tenedores bailones,
pinchamos y bailamos
y somos los mejores”.


Y les siguieron las cebollas, que no lo hacían nada mal, y se marcaron unos pasos con piruetas incluidas, saltando al interior de las cazuelas:

“Somos la cebollas,
bailamos y bailamos
dentro de las ollas”.


Luego, de una caja de cerillas, junto al fogón, empezaron a salir cientos de cerillas bailarinas, que, con vocecilla aguda y chillona, se unieron a aquella locura formando un ballet increíblemente conjuntado:

“Las cerillas bailamos
y encendemos el fogón
y bailamos mejor
que el tomate bailón”.


Unas tijeras surgieron del cajón, bailando de forma muy elegante, a la vez que iban cortando un montón de espaguetis que se habían agregado al baile.
Marieta se había ido al salón, a llamar por teléfono a su padre.
-¿Papá? Tienes que venir a casa inmediatamente!
-¿Qué pasa, hija? ¿Por qué me llamas al trabajo? ¿Ha ocurrido algo malo?
-Tienes que venir cuanto antes, papá,te lo ruego!
-¿Qué pasa? No puedo salir ahora, estoy en una reunión muy importante!
-¡Papá! O vienes a casa o no sé lo que va a pasar, esto es una locura! Mamá se ha vuelto loca, está persiguiendo a un tomate por toda la cocina con un cuchillo en la mano, las cebollas bailando, las patatas...
-Cariño, no es momento para bromas, estoy muy ocupado. Dentro de una hora estaré en casa para comer, hasta luego!
Y colgó el teléfono. La chica casi a punto de echarse a llorar, regresó a la cocina. Podía oír desde el pasillo:

“Aquí llegan los platos,
que bailan a ratos.”
“Vosotros, los platos,
bailáis como patos”.


Eran la escoba y la fregona, que se marcaban un dúo de baile magistral. Y desde una esquina en lo alto, colgados, los ajos en ristra intentaban despegarse, aplaudiendo:

“Escoba y fregona,
qué pareja más molona!”


Juanito se estaba divirtiendo más que nunca, aunque seguía detrás de su madre, tratando de evitar que ésta diera caza al tomate bailón.

“Tomate bailón, tomate bailón,
encima de los huevos bailo yo.”


La señora Juana, fuera de sí, cuchillo en ristre, perseguía al encarnado tomatito, clavando aquí y allá el cuchillo jamonero, al tiempo que gritaba:
-Pero si ya no estás encima de los huevos, desgraciado! ¿Por qué no cantas otra cosa? ¿No sabes cantar nada mejor, maldito? Yo te diré lo que puedes cantar:
Y, por un instante, la mujer, en medio de la cocina, se detuvo para canturrear:

“Tomate bailón, tomate listillo,
la señora Juana te hará picadillo.”


Aquello parecía no tener fin. Algunas vecinas de las casas de al lado, se acercaron al oír el jaleo, sin atreverse a entrar.
Pasó la hora de la comida. Pasó la hora de ir a la escuela. A eso de las tres y media, llegó el padre.
Todo estaba en silencio.
-¿Hay alguien casa? ¡Ya estoy aquí, cariño! Y estoy hambriento!
Cuando el padre entró en la cocina, casi le dá un infarto. La escena era desoladora. Trozos de platos rotos por todas partes, armarios abiertos de par en par, el suelo lleno de cebollas, patatas, ajos, mezclados entre cubiertos, ollas, cerillas...
El caos más absoluto reinaba en cada rincón, y un silencio que tan sólo dejaba oír el llanto de Juanito. El niño, apoyado sobre la tabla de madera, lloriqueaba desconsoladamente frente a una especie de masa roja hecha trizas. La madre, sentada en una silla, sostenía el enorme cuchillo manchado de rojo, y sonreía con la mirada perdida. Por sus mejillas sonrojadas aún resbalaban las gotas de sudor, y por sus piernas, la mermelada. Marieta estaba sentada en el suelo, en un rincón, y entre sus brazos sostenía con fuerza toda una serie de utensilios de cocina, platos, tenedores, alguna lechuga, la escoba... como si pensara que alguien fuera a quitárselos.
El pobre hombre, cuando reaccionó, dijo:
-¿Qué ha pasado aquí?
Nadie le contestó. Los tres le miraron, pero no le hicieron demasiado caso.
El padre hizo otra pregunta:
-¿Puede alguien decirme qué ha pasado? ¡Hey, familia! ¡Estoy aquí!
Juanito dejó de sollozar, levantó la vista, se sorbió los mocos y observó a su padre.
-Hola papá.
-Hijo, ¿puedes explicarme qué significa todo esto?
-Bueno...-el niño, con voz triste, empezó a explicar- ya lo ves, mamá se empeñó en perseguir a un tomate bailón, ya la conoces, tiene sus manías...no le importaba nada lo bien que bailaba el tomate, era “su” tomate, para “su” salsa de macarrones, y no paró hasta que lo cazó...y aquí está el pobrecillo...hecho picadillo...Ya no bailará nunca más...
-Y...¿qué hay de los macarrones?-quiso saber el padre.
-Pues también bailaron, y no lo hacían nada mal...aunque para mí, el que mejor bailaba era el tomate...
Y dijo Marieta:
-Perdona, pero la escoba y la fregona lo hicieron de rechupete. Y las cerillas,¿qué me dices de las cerillas? Parecía que habían estado ensayando durante años...
-Pues yo creo que los que mejor bailaban eran los tenedores- dijo la madre.-Bueno, y las alcachofas...qué estilazo!
-Y las patatas...
-¡Basta!- exclamó el padre- Ya veo que no hay comida...¿qué os parece si...nos vamos al Burger?
-¡Síiii!
-¡Vale!
La señora Juana se quitó el delantal, se limpió con una gamuza la mermelada, Juanito se chupó los dedos manchados de trocitos de tomate, y Marieta se levantó, soltando todos los utensilios que cayeron al suelo. Y la familia al completo, hambrienta, salió de casa para ir a comer una hamburguesa.
Cuando la madre fue a cerrar la puerta de la cocina, contempló por última vez aquel escenario,y, en ese momento, uno de los nueve tomates que habían quedado en la bolsa, avanzó por encima de la mesa, dio una pirueta bailona,y le dijo:

“Ay,Juana, querida,
hoy no has hecho la comida,
por culpa de tus manías
todos los días,
y el tomate bailón
te ha dado una lección.”



* * *


Fabuloso!!!! realmente me encanto y soy adulta, lo guardare para mis nietos. Besotes enorme amiga y felicitaciones por este rato tan sano....CRIS
 
Fabuloso!!!! realmente me encanto y soy adulta, lo guardare para mis nietos. Besotes enorme amiga y felicitaciones por este rato tan sano....CRIS
Y tan sano! Cómo me gusta el tomate: rico en vitamina E, antioxidante donde los haya. Ideal para prevenir a los que escribimos de problemas oculares o de ataques cardíacos. Claro que...::barf::, si te encuentras un tomate bailando en la nevera....el susto no te lo quita nadie!jeje.
Gracias, Paloma, y prepárate para el próximo cuento,cuya protagonista es La paloma Rufina. Te mantendré al tanto.
Muchos besos,:::wub::::::wub::::::wub:::,Estrella.
 
Pero Tatuadora, ¿qué me dices de la niña que tenemos dentro?, no tenemos que satisfacerla de alegría, pues ahí está para que me ría, gracias Tatuadora gracias por hacerme reir, un abrazo
 
Pero Tatuadora, ¿qué me dices de la niña que tenemos dentro?, no tenemos que satisfacerla de alegría, pues ahí está para que me ría, gracias Tatuadora gracias por hacerme reir, un abrazo
Sin llegarme a sorprender demasiado,Mayca, me sorprendes gratamente. Me explico: resulta que mandé este cuento a mis amigos del Portal que consideré más...:::ojos2::: "niños", por decirlo así, y tú eras una de la lista. Tan sólo mi intención era que lo leyerais para disfrutar un ratito de una historia infantil, pues es un cuento para niños, claro. Me encanta que no me hayas defraudado, quiero decir, que, leer un cuento para niños es tema aparte, no lo hace cualquiera,hay quien no se molesta ya en hacerlo... ellos se lo pierden,¿No te parece? :::banana:::¡Y TENGO MUCHOS MÁS!:::banana:::Amenazo con seguir...publicando cuentos que en su día inventé para mi niño.
Besos, :::wub:::,Estrella.
 
Lo primero que te digo es que no me pareció estar leyendo online, sino un libro para pequeños, y fui adentrándome tanto en la temática, tan lúdica, tan llena de encanto y fantasía que quise volver a ser niña y que mamá me contara un cuento.



Quiero que sepas que narras muy bien, que tu cuento es de maravilla, has utilizado recursos literarios que lo han hecho más ameno, que tienes una calidad increíble para la Prosa y que ha sido un gusto enorme haber leído. Fíjate que cuando sólo bailaba el tomate me acordé de MUMBLE de la película "Happy Feet", la de los pingüinitos, lo
asocié con el tomatito de tu cuento, claro que después, al ver la gran fiesta que armaron los demás vegetales, las pastas, los utensilios, lo va haciendo diferente y el lector se entusiasma mucho más, y visualiza todo aquella aventura que marca diferencia ¿cómo no va a gustarle a tu niño?
Estrella, de corazón te felicito, un poco de fantasía hace falta en la vida diaria, y el mensaje para la dueña de casa hay que saberlo entender, es demasiada maniática a veces uno para sus quehaceres de cada día, habría que hacer la vida más simple.
Muchas gracias por este regalo precioso que compartes Estrella.
Te mando un abrazo y besos para el nene que le gusta tanto como me gustó a mí.
Felicidades mi niña, este cuento es un reflejo de tu alma buena, de tu alma de niña.
No tengo nada contra leer online, pero este cuentito me parece empastado en el más fino
de los papeles.:::hug:::
Ver el archivos adjunto 14719


Wau! Llámame tontita, pero ¿sabes que casi me haces llorar con todas esas cosas que me dices? ¡Snif! :::triste:::
Tengo que darte las gracias yo a tí, al igual que a todos los que han leído este cuento. Nunca pensé que nadie me diría cosas como éstas. Mis únicos oyentes y seguidores hasta ahora han sido mis dos hijos, Jodie y Martín. Jodie tiene ya veinte años, pero te aseguro que recuerda algunos de los cuentos que le conté por las noches. Y ¿sabes? Yo creo que el secreto en parte reside en ellos, pues ambos coinciden en una cosa: me dicen tres ingredientes,y con esos tres ingredientes yo me tengo que inventar una historia. Lo hacía mi hija de pequeña y lo hace mi hijo ahora también, es curioso ¿no?
Miles de gracias y besos,:::wub::::::wub::::::wub::::::wub:::, Estrella.
Ojalá algún día pueda publicar estos cuentos en un libro para que otros niños disfruten como lo hacen mis hijos.
 
Última edición:
Hola amiga, gracias por compartir este divertido y magico cuento, se le puede explotar didacticamente de muchas formas, al seguir la lectura me iban llegando ideas de como trabajralo con los niños, a Sol se lo voy a contar, se que le gustará mucho. Con tu permiso, pero ya lo copie y lo guardé en mis cosass, me será de gran utilidad con mi hja y en mi trabajo. Saludos y estrellas para la ESTRELLA.
¡SONRIE!
 
Aunque para algún erudito en escritura, las formas y los estilos sean lo más importante; te digo que me impresionó tu imaginación que sin duda es parte de una ternura natural; yo que aún no he abandonado mi estapa de niño me he puesto simplemente a disfrutar de esta historia, saborear las escenas como parte de una hermosa película, que no aburre como tanto cuento demasiado ingenuo donde se intenta relativizar la inteligencia de un niño; aquí la participación de toda una familia como referencia celular adquiere inmensa importancia.
La he disfrutado a pleno, en sus formas, en su contenido y en su carácter participativo que hace a la idea de un todo no solamente la idea de un tomate con ingenua vida que hace las delicias de un niño y que tiene un final feliz como tantas otras historias. Me gusta demasiado cuando se respeta la naturaleza y la inteligencia del niño.
Mi niño y yo te lo agradecemos.

Un fuerte abrazo a tu tatuada ternura del corazón.
 
Hola amiga, gracias por compartir este divertido y magico cuento, se le puede explotar didacticamente de muchas formas, al seguir la lectura me iban llegando ideas de como trabajralo con los niños, a Sol se lo voy a contar, se que le gustará mucho. Con tu permiso, pero ya lo copie y lo guardé en mis cosass, me será de gran utilidad con mi hja y en mi trabajo. Saludos y estrellas para la ESTRELLA.
¡SONRIE!
Muchas gracias amiga, por supuesto que mi permiso lo tienes desde el momento en que lo publiqué,y me encantaría saber más adelante qué les pareció a los niños con quienes lo compartiste. Un besazo,:::wub:::,Estrella.
 
Aunque para algún erudito en escritura, las formas y los estilos sean lo más importante; te digo que me impresionó tu imaginación que sin duda es parte de una ternura natural; yo que aún no he abandonado mi estapa de niño me he puesto simplemente a disfrutar de esta historia, saborear las escenas como parte de una hermosa película, que no aburre como tanto cuento demasiado ingenuo donde se intenta relativizar la inteligencia de un niño; aquí la participación de toda una familia como referencia celular adquiere inmensa importancia.
La he disfrutado a pleno, en sus formas, en su contenido y en su carácter participativo que hace a la idea de un todo no solamente la idea de un tomate con ingenua vida que hace las delicias de un niño y que tiene un final feliz como tantas otras historias. Me gusta demasiado cuando se respeta la naturaleza y la inteligencia del niño.
Mi niño y yo te lo agradecemos.

Un fuerte abrazo a tu tatuada ternura del corazón.
Graaaaaaaaaaaacias Cipresito! Tú sí que eres un niño grande, que sabe disfrutar de todo eso que muchos dejan atrás.
Pero una cosa, ese final feliz ¿a qué te refieres? ...porque el tomate acabó hecho picadillo,jeje.
Besazos,:::wub::::::wub::::::wub:::,Estrella.
 
Simplemente !!!MARAVILLOSO!!! Estrellas miles . Un cordial saludo.
 
Eres genial por los cuatro costados. Me he divertido de lo lindo. Tus cuentos siempre son una garantia. Mis mas sinceras felicitaciones. Siempre: ISABEL
Ay! Isabelita,querida, no sabes lo feliz que me hace recibir tu visita, aquí, en este foro, cuando me tienes acostumbrada en los poemas. Sobretodo porque ahora que me he decidido a publicar algunos de los cuentos que tengo en los cajones, (que son los que le cuento a mi hijo por las noches), saber que te divertiste leyendo éste, el del tomate, me anima a seguir. Me siento bien, con los deberes bien hechos. Muchos besos para tí,:::wub::::::wub::::::wub:::, Estrella.
 
EL TOMATE BAILÓN


La señora Juana era muy buena cocinera, aunque un poco maniática, pues siempre decía que sus deliciosos guisos no tenían secreto alguno, que sólo había que ser muy cuidadoso con los ingredientes de cada receta. Era meticulosa hasta el punto de que, si preparaba un estofado de carne para su familia, contaba incluso los guisantes que tenía que echar a la cazuela.
Su familia no le daba mucha importancia y, por otro lado, la señora Juana raramente permitía que se metieran en su cocina sus hijos o su marido. Una mañana estaba en su cocina, a punto de preparar la comida. Hoy tocaba macarrones con tomate. Sacó de la nevera la bolsa con los tomates que había comprado en el mercado a primera hora. Los contó: “uno, dos....tres...” ¡Nueve! ¡Faltaba uno! La señora Juana los volvió a contar. Tenían que ser diez. Su sabrosa salsa para macarrones requería exactamente diez tomates del mismo tamaño, jugosos y maduritos. Pero había nueve.
-Qué raro- pensó- juraría que esta mañana había diez cuando los compré.
Miró de nuevo en el interior de la nevera. Tal vez se había salido de la bolsa. Buscó por detrás de la lechuga, de las botellas de leche, de los melocotones...pero no lo encontró. Y empezó a ponerse nerviosa. Llamó a su hijo pequeño, Juanito, que estaba en el patio, jugando a la pelota.
-Juanitoooo!!
El niño acudió en seguida y desde la puerta de la cocina, preguntó:
-¿Qué quieres, mamá, ya es la hora de comer?
-No, aún no he empezado a hacer la comida- respondió la madre- por casualidad...¿no habrás cogido un tomate de los que había en la nevera?
-No- dijo el niño- he estado en el patio desde que llegué del cole...
-No me mientas, yo sé que te encanta comerte los tomates frescos a bocados, si lo has cogido dímelo.
-Que no, mamá, qué pesada te pones con el dichoso tomate, si no he entrado en la cocina para nada!
-Pues falta un tomate, compré diez, y sólo hay nueve! ¿Dónde está?
-Se habrá caído por la nevera, yo que sé...-replicó Juanito- yo no me lo he comido.
La señora Juana llamó a su hija, Marieta, la mayor.
-¡Marietaaaaa! ¿Puedes venir un momento?
La chica estaba en su habitación. Tardó un buen rato en acudir a la cocina. La señora Juana le hizo la misma pregunta que al pequeño Juanito:
-¿Tú has cogido un tomate de los que había en la nevera?
-¿Yo?- Marieta puso cara de asco- ¡Mamá, ya sabes que yo ODIO los tomates,¿para qué iba a coger uno? ¿Para eso me has llamado?
-No lo entiendo!- exclamó la mujer- Tiene que estar en alguna parte...
Y empezó a sacar, una por una, todas las cosas de la nevera dejándolas sobre la mesa de la cocina, con gesto casi de desespero. Los niños ya se habían marchado, y ella, a solas, se empeñó en encontrar el tomate a toda costa. Ya estaba la mesa abarrotada de cosas y la nevera medio vacía. Con los nervios, un tarro de mermelada se le escapó de las manos y fue a parar al suelo rompiéndose y desparramándose todo el contenido, pero a la señora Juana no le importó para nada y continuó con su insistente búsqueda. Al darse la vuelta, observó la puerta de la nevera. Allí, en la parte de arriba, donde se colocan los huevos, había un tomate. La pobre mujer no podía dar crédito a sus ojos.
Un pequeño y redondito tomate bailaba encima de los huevos.
Del susto, la buena mujer pisó la mermelada derramada en el suelo haciéndole caer de culo. Pensó que estaba soñando. Segundos después logró articular palabra y llamó de un grito a sus hijos.
Juanito y Marieta acudieron en seguida al oír aquel chillido. Desde la puerta de la cocina, contemplaron a su madre, sentada en el suelo, con las piernas y la boca abiertas, y el dedo señalando hacia la puerta de la nevera.
-¿Se puede saber qué haces ahí en el suelo, mamá?- preguntó la hija mayor- ¿Es que te has quedado muda?
-¿Veis lo que yo estoy viendo?- pudo decir, por fin.
Los niños miraron a la nevera.
-¡Oh,vaya! Ya encontraste el tomate perdido! –exclamó Marieta- ¿Eso es todo? ¿Puedo irme ya a mi cuarto?
-¡Mira! ¡Está bailando!- gritó Juanito.
-¡Menos mal!- dijo la señora- Creí que me había vuelto loca,¿tú también lo ves, hijo?
-Sí, es alucinante! ¡Mira, Marieta! No para de bailar!
La chica observó con atención hacia la puerta de la nevera. Pegó un chillido ante la sorpresa. Allí estaba el tomate, baila que te baila, saltando de un huevo a otro.
-¡Tiene ritmo!- exclamó Juanito. El pequeño estaba entusiasmado.
La redonda y encarnada hortaliza, con finas piernecitas y bracitos, bailaba sin cesar, al son de una extraña musiquilla que se oía por toda la cocina:

“El tomate bailón, el tomate bailón,
encima de los huevos bailo yo!”


-Dios! Ésto no puede estar pasando!- gritó la hija mayor- ¿quiere alguien decirme qué clase de broma es ésta?¡Mamá, por lo que más quieras, levántate del suelo!
La señora Juana no podía ni hablar ni moverse.
-Juanito, si es otra de tus travesuras, ya está bien, no tiene ninguna gracia ver a mamá ahí tirada en el suelo con cara de espanto!- replicó Marieta.-Y esa musiquilla horrible!¿De dónde sale?


“El tomate bailón, el tomate bailón,
encima de los huevos bailo yo!”



Entonces el pequeño tomate dió una vuelta entera y de un salto, fué a parar a la mesa de la cocina, y continuó con su bailoteo encima de la tostadora.
-¡Qué bien baila!- dijo Juanito, quien estaba disfrutando de lo lindo. Intentó cogerlo pero el tomate se escabulló y saltó de nuevo, yendo a parar esta vez a una repisa de la pared, allí bailó alrededor de una jarra de barro con gran estilo al compás de aquella melodía insistente y algo chabacana.
La señora Juana ya no podía más. Aquello era demasiado! Se levantó del suelo y se dirigió a un cajón de la cocina, sacando un enorme cuchillo.
-¡Se acabó!- gritó.-¡Voy a coger ese maldito tomate y hacer con él picadillo!
-¡Nooooo...!- suplicó Juanito, agarrando a su madre por el delantal-, No, mamá, no, por favor!
-¡Suéltame hijo! Como que me llamo Juana que cogeré a ese tomate del demonio!
Y la buena mujer inició una persecución por toda la cocina, blandiendo en alto el cuchillo, parecía haberse vuelto loca de repente.
Marieta, junto a la nevera, apoyada en la pared, inmóvil, presenciaba la pintoresca escena sin saber qué hacer. Se pellizcó un moflete, murmurando en voz baja:
-Debo estar soñando, debo estar soñando...-y se volvió a pellizcar con fuerza el otro moflete, notando un leve dolorcillo, que le hizo dar un brinco:
-¡Ay!No, no estoy... soñando, esto está pasando, Marieta,despierta,haz algo!-,se hablaba a sí misma, parecía al borde de un ataque de ansiedad.
Para colmo,y, por si no fuera poco lo que estaba ocurriendo, mientras la madre iba y venía de un extremo a otro por la cocina persiguiendo al tomate, al compás de la musiquilla, las patatas del cesto empezaron a bailotear también. Formando una fila, sobre la mesa, danzaban y se oyó:

“Tomate bailón, tomate bailón,
nosotras las patatas bailamos mogollón”.


Y, del cajón de los cubietos, que la mujer dejó abierto, se levantaron una docena de tenedores, que se unieron al baile,y a la música que resonaba:

“Tomate bailón, tomate bailón,
tenedores bailones, tenedores bailones,
pinchamos y bailamos
y somos los mejores”.


Y les siguieron las cebollas, que no lo hacían nada mal, y se marcaron unos pasos con piruetas incluidas, saltando al interior de las cazuelas:

“Somos la cebollas,
bailamos y bailamos
dentro de las ollas”.


Luego, de una caja de cerillas, junto al fogón, empezaron a salir cientos de cerillas bailarinas, que, con vocecilla aguda y chillona, se unieron a aquella locura formando un ballet increíblemente conjuntado:

“Las cerillas bailamos
y encendemos el fogón
y bailamos mejor
que el tomate bailón”.


Unas tijeras surgieron del cajón, bailando de forma muy elegante, a la vez que iban cortando un montón de espaguetis que se habían agregado al baile.
Marieta se había ido al salón, a llamar por teléfono a su padre.
-¿Papá? Tienes que venir a casa inmediatamente!
-¿Qué pasa, hija? ¿Por qué me llamas al trabajo? ¿Ha ocurrido algo malo?
-Tienes que venir cuanto antes, papá,te lo ruego!
-¿Qué pasa? No puedo salir ahora, estoy en una reunión muy importante!
-¡Papá! O vienes a casa o no sé lo que va a pasar, esto es una locura! Mamá se ha vuelto loca, está persiguiendo a un tomate por toda la cocina con un cuchillo en la mano, las cebollas bailando, las patatas...
-Cariño, no es momento para bromas, estoy muy ocupado. Dentro de una hora estaré en casa para comer, hasta luego!
Y colgó el teléfono. La chica casi a punto de echarse a llorar, regresó a la cocina. Podía oír desde el pasillo:

“Aquí llegan los platos,
que bailan a ratos.”
“Vosotros, los platos,
bailáis como patos”.


Eran la escoba y la fregona, que se marcaban un dúo de baile magistral. Y desde una esquina en lo alto, colgados, los ajos en ristra intentaban despegarse, aplaudiendo:

“Escoba y fregona,
qué pareja más molona!”


Juanito se estaba divirtiendo más que nunca, aunque seguía detrás de su madre, tratando de evitar que ésta diera caza al tomate bailón.

“Tomate bailón, tomate bailón,
encima de los huevos bailo yo.”


La señora Juana, fuera de sí, cuchillo en ristre, perseguía al encarnado tomatito, clavando aquí y allá el cuchillo jamonero, al tiempo que gritaba:
-Pero si ya no estás encima de los huevos, desgraciado! ¿Por qué no cantas otra cosa? ¿No sabes cantar nada mejor, maldito? Yo te diré lo que puedes cantar:
Y, por un instante, la mujer, en medio de la cocina, se detuvo para canturrear:

“Tomate bailón, tomate listillo,
la señora Juana te hará picadillo.”


Aquello parecía no tener fin. Algunas vecinas de las casas de al lado, se acercaron al oír el jaleo, sin atreverse a entrar.
Pasó la hora de la comida. Pasó la hora de ir a la escuela. A eso de las tres y media, llegó el padre.
Todo estaba en silencio.
-¿Hay alguien casa? ¡Ya estoy aquí, cariño! Y estoy hambriento!
Cuando el padre entró en la cocina, casi le dá un infarto. La escena era desoladora. Trozos de platos rotos por todas partes, armarios abiertos de par en par, el suelo lleno de cebollas, patatas, ajos, mezclados entre cubiertos, ollas, cerillas...
El caos más absoluto reinaba en cada rincón, y un silencio que tan sólo dejaba oír el llanto de Juanito. El niño, apoyado sobre la tabla de madera, lloriqueaba desconsoladamente frente a una especie de masa roja hecha trizas. La madre, sentada en una silla, sostenía el enorme cuchillo manchado de rojo, y sonreía con la mirada perdida. Por sus mejillas sonrojadas aún resbalaban las gotas de sudor, y por sus piernas, la mermelada. Marieta estaba sentada en el suelo, en un rincón, y entre sus brazos sostenía con fuerza toda una serie de utensilios de cocina, platos, tenedores, alguna lechuga, la escoba... como si pensara que alguien fuera a quitárselos.
El pobre hombre, cuando reaccionó, dijo:
-¿Qué ha pasado aquí?
Nadie le contestó. Los tres le miraron, pero no le hicieron demasiado caso.
El padre hizo otra pregunta:
-¿Puede alguien decirme qué ha pasado? ¡Hey, familia! ¡Estoy aquí!
Juanito dejó de sollozar, levantó la vista, se sorbió los mocos y observó a su padre.
-Hola papá.
-Hijo, ¿puedes explicarme qué significa todo esto?
-Bueno...-el niño, con voz triste, empezó a explicar- ya lo ves, mamá se empeñó en perseguir a un tomate bailón, ya la conoces, tiene sus manías...no le importaba nada lo bien que bailaba el tomate, era “su” tomate, para “su” salsa de macarrones, y no paró hasta que lo cazó...y aquí está el pobrecillo...hecho picadillo...Ya no bailará nunca más...
-Y...¿qué hay de los macarrones?-quiso saber el padre.
-Pues también bailaron, y no lo hacían nada mal...aunque para mí, el que mejor bailaba era el tomate...
Y dijo Marieta:
-Perdona, pero la escoba y la fregona lo hicieron de rechupete. Y las cerillas,¿qué me dices de las cerillas? Parecía que habían estado ensayando durante años...
-Pues yo creo que los que mejor bailaban eran los tenedores- dijo la madre.-Bueno, y las alcachofas...qué estilazo!
-Y las patatas...
-¡Basta!- exclamó el padre- Ya veo que no hay comida...¿qué os parece si...nos vamos al Burger?
-¡Síiii!
-¡Vale!
La señora Juana se quitó el delantal, se limpió con una gamuza la mermelada, Juanito se chupó los dedos manchados de trocitos de tomate, y Marieta se levantó, soltando todos los utensilios que cayeron al suelo. Y la familia al completo, hambrienta, salió de casa para ir a comer una hamburguesa.
Cuando la madre fue a cerrar la puerta de la cocina, contempló por última vez aquel escenario,y, en ese momento, uno de los nueve tomates que habían quedado en la bolsa, avanzó por encima de la mesa, dio una pirueta bailona,y le dijo:

“Ay,Juana, querida,
hoy no has hecho la comida,
por culpa de tus manías
todos los días,
y el tomate bailón
te ha dado una lección.”




* * *





Menudo cuento amiga, al principio no me dio el link que me has mandado y he buscado en tus post este cuento, y creo que es el indicado, en fin, ese tomate debería tener un monumento a la valentía de Tomatoland, carajo los tomates no bailan, es como si un oso polar comiera bambú, por eso los tomates son rojos, por que son extremadamente penosos para bailar o cantar, amo a ese cabronazoo, me ha encantado amigaaaa

"picadillo somos,
y en picadillo nos convertiremos,
pero nosotros los tomates
en tu puta cara bailaremos".
 
Menudo cuento amiga, al principio no me dio el link que me has mandado y he buscado en tus post este cuento, y creo que es el indicado, en fin, ese tomate debería tener un monumento a la valentía de Tomatoland, carajo los tomates no bailan, es como si un oso polar comiera bambú, por eso los tomates son rojos, por que son extremadamente penosos para bailar o cantar, amo a ese cabronazoo, me ha encantado amigaaaa

"picadillo somos,
y en picadillo nos convertiremos,
pero nosotros los tomates
en tu puta cara bailaremos".

Mi hijo pequeño, Martín, ha leído tu comentario, y quiere decirte algo:
"yo tambien lo he leido pero ya me lo sabia
i tambien es una pasada colegui
soi el tomate bailon quepasa":::sorpresa1::::::gafas1::::mad::::triste:::::barf::
Ésto te lo ha escrito él mismo, que es muy chulito escribiendo.
Oye Un abrazo! :::wub:::,Estrella.
P.D.
(Creo que escribiré una segunda entrega del cuento, donde reaparece el tomate, pero es el primo del tomate bailón, para vengarse del picadillo en que fué convertido su primo, y tu rima me viene al pelo.jeje.)
 
Última edición:
EL TOMATE BAILÓN


La señora Juana era muy buena cocinera, aunque un poco maniática, pues siempre decía que sus deliciosos guisos no tenían secreto alguno, que sólo había que ser muy cuidadoso con los ingredientes de cada receta. Era meticulosa hasta el punto de que, si preparaba un estofado de carne para su familia, contaba incluso los guisantes que tenía que echar a la cazuela.
Su familia no le daba mucha importancia y, por otro lado, la señora Juana raramente permitía que se metieran en su cocina sus hijos o su marido. Una mañana estaba en su cocina, a punto de preparar la comida. Hoy tocaba macarrones con tomate. Sacó de la nevera la bolsa con los tomates que había comprado en el mercado a primera hora. Los contó: “uno, dos....tres...” ¡Nueve! ¡Faltaba uno! La señora Juana los volvió a contar. Tenían que ser diez. Su sabrosa salsa para macarrones requería exactamente diez tomates del mismo tamaño, jugosos y maduritos. Pero había nueve.
-Qué raro- pensó- juraría que esta mañana había diez cuando los compré.
Miró de nuevo en el interior de la nevera. Tal vez se había salido de la bolsa. Buscó por detrás de la lechuga, de las botellas de leche, de los melocotones...pero no lo encontró. Y empezó a ponerse nerviosa. Llamó a su hijo pequeño, Juanito, que estaba en el patio, jugando a la pelota.
-Juanitoooo!!
El niño acudió en seguida y desde la puerta de la cocina, preguntó:
-¿Qué quieres, mamá, ya es la hora de comer?
-No, aún no he empezado a hacer la comida- respondió la madre- por casualidad...¿no habrás cogido un tomate de los que había en la nevera?
-No- dijo el niño- he estado en el patio desde que llegué del cole...
-No me mientas, yo sé que te encanta comerte los tomates frescos a bocados, si lo has cogido dímelo.
-Que no, mamá, qué pesada te pones con el dichoso tomate, si no he entrado en la cocina para nada!
-Pues falta un tomate, compré diez, y sólo hay nueve! ¿Dónde está?
-Se habrá caído por la nevera, yo que sé...-replicó Juanito- yo no me lo he comido.
La señora Juana llamó a su hija, Marieta, la mayor.
-¡Marietaaaaa! ¿Puedes venir un momento?
La chica estaba en su habitación. Tardó un buen rato en acudir a la cocina. La señora Juana le hizo la misma pregunta que al pequeño Juanito:
-¿Tú has cogido un tomate de los que había en la nevera?
-¿Yo?- Marieta puso cara de asco- ¡Mamá, ya sabes que yo ODIO los tomates,¿para qué iba a coger uno? ¿Para eso me has llamado?
-No lo entiendo!- exclamó la mujer- Tiene que estar en alguna parte...
Y empezó a sacar, una por una, todas las cosas de la nevera dejándolas sobre la mesa de la cocina, con gesto casi de desespero. Los niños ya se habían marchado, y ella, a solas, se empeñó en encontrar el tomate a toda costa. Ya estaba la mesa abarrotada de cosas y la nevera medio vacía. Con los nervios, un tarro de mermelada se le escapó de las manos y fue a parar al suelo rompiéndose y desparramándose todo el contenido, pero a la señora Juana no le importó para nada y continuó con su insistente búsqueda. Al darse la vuelta, observó la puerta de la nevera. Allí, en la parte de arriba, donde se colocan los huevos, había un tomate. La pobre mujer no podía dar crédito a sus ojos.
Un pequeño y redondito tomate bailaba encima de los huevos.
Del susto, la buena mujer pisó la mermelada derramada en el suelo haciéndole caer de culo. Pensó que estaba soñando. Segundos después logró articular palabra y llamó de un grito a sus hijos.
Juanito y Marieta acudieron en seguida al oír aquel chillido. Desde la puerta de la cocina, contemplaron a su madre, sentada en el suelo, con las piernas y la boca abiertas, y el dedo señalando hacia la puerta de la nevera.
-¿Se puede saber qué haces ahí en el suelo, mamá?- preguntó la hija mayor- ¿Es que te has quedado muda?
-¿Veis lo que yo estoy viendo?- pudo decir, por fin.
Los niños miraron a la nevera.
-¡Oh,vaya! Ya encontraste el tomate perdido! –exclamó Marieta- ¿Eso es todo? ¿Puedo irme ya a mi cuarto?
-¡Mira! ¡Está bailando!- gritó Juanito.
-¡Menos mal!- dijo la señora- Creí que me había vuelto loca,¿tú también lo ves, hijo?
-Sí, es alucinante! ¡Mira, Marieta! No para de bailar!
La chica observó con atención hacia la puerta de la nevera. Pegó un chillido ante la sorpresa. Allí estaba el tomate, baila que te baila, saltando de un huevo a otro.
-¡Tiene ritmo!- exclamó Juanito. El pequeño estaba entusiasmado.
La redonda y encarnada hortaliza, con finas piernecitas y bracitos, bailaba sin cesar, al son de una extraña musiquilla que se oía por toda la cocina:

“El tomate bailón, el tomate bailón,
encima de los huevos bailo yo!”


-Dios! Ésto no puede estar pasando!- gritó la hija mayor- ¿quiere alguien decirme qué clase de broma es ésta?¡Mamá, por lo que más quieras, levántate del suelo!
La señora Juana no podía ni hablar ni moverse.
-Juanito, si es otra de tus travesuras, ya está bien, no tiene ninguna gracia ver a mamá ahí tirada en el suelo con cara de espanto!- replicó Marieta.-Y esa musiquilla horrible!¿De dónde sale?


“El tomate bailón, el tomate bailón,
encima de los huevos bailo yo!”



Entonces el pequeño tomate dió una vuelta entera y de un salto, fué a parar a la mesa de la cocina, y continuó con su bailoteo encima de la tostadora.
-¡Qué bien baila!- dijo Juanito, quien estaba disfrutando de lo lindo. Intentó cogerlo pero el tomate se escabulló y saltó de nuevo, yendo a parar esta vez a una repisa de la pared, allí bailó alrededor de una jarra de barro con gran estilo al compás de aquella melodía insistente y algo chabacana.
La señora Juana ya no podía más. Aquello era demasiado! Se levantó del suelo y se dirigió a un cajón de la cocina, sacando un enorme cuchillo.
-¡Se acabó!- gritó.-¡Voy a coger ese maldito tomate y hacer con él picadillo!
-¡Nooooo...!- suplicó Juanito, agarrando a su madre por el delantal-, No, mamá, no, por favor!
-¡Suéltame hijo! Como que me llamo Juana que cogeré a ese tomate del demonio!
Y la buena mujer inició una persecución por toda la cocina, blandiendo en alto el cuchillo, parecía haberse vuelto loca de repente.
Marieta, junto a la nevera, apoyada en la pared, inmóvil, presenciaba la pintoresca escena sin saber qué hacer. Se pellizcó un moflete, murmurando en voz baja:
-Debo estar soñando, debo estar soñando...-y se volvió a pellizcar con fuerza el otro moflete, notando un leve dolorcillo, que le hizo dar un brinco:
-¡Ay!No, no estoy... soñando, esto está pasando, Marieta,despierta,haz algo!-,se hablaba a sí misma, parecía al borde de un ataque de ansiedad.
Para colmo,y, por si no fuera poco lo que estaba ocurriendo, mientras la madre iba y venía de un extremo a otro por la cocina persiguiendo al tomate, al compás de la musiquilla, las patatas del cesto empezaron a bailotear también. Formando una fila, sobre la mesa, danzaban y se oyó:

“Tomate bailón, tomate bailón,
nosotras las patatas bailamos mogollón”.


Y, del cajón de los cubietos, que la mujer dejó abierto, se levantaron una docena de tenedores, que se unieron al baile,y a la música que resonaba:

“Tomate bailón, tomate bailón,
tenedores bailones, tenedores bailones,
pinchamos y bailamos
y somos los mejores”.


Y les siguieron las cebollas, que no lo hacían nada mal, y se marcaron unos pasos con piruetas incluidas, saltando al interior de las cazuelas:

“Somos la cebollas,
bailamos y bailamos
dentro de las ollas”.


Luego, de una caja de cerillas, junto al fogón, empezaron a salir cientos de cerillas bailarinas, que, con vocecilla aguda y chillona, se unieron a aquella locura formando un ballet increíblemente conjuntado:

“Las cerillas bailamos
y encendemos el fogón
y bailamos mejor
que el tomate bailón”.


Unas tijeras surgieron del cajón, bailando de forma muy elegante, a la vez que iban cortando un montón de espaguetis que se habían agregado al baile.
Marieta se había ido al salón, a llamar por teléfono a su padre.
-¿Papá? Tienes que venir a casa inmediatamente!
-¿Qué pasa, hija? ¿Por qué me llamas al trabajo? ¿Ha ocurrido algo malo?
-Tienes que venir cuanto antes, papá,te lo ruego!
-¿Qué pasa? No puedo salir ahora, estoy en una reunión muy importante!
-¡Papá! O vienes a casa o no sé lo que va a pasar, esto es una locura! Mamá se ha vuelto loca, está persiguiendo a un tomate por toda la cocina con un cuchillo en la mano, las cebollas bailando, las patatas...
-Cariño, no es momento para bromas, estoy muy ocupado. Dentro de una hora estaré en casa para comer, hasta luego!
Y colgó el teléfono. La chica casi a punto de echarse a llorar, regresó a la cocina. Podía oír desde el pasillo:

“Aquí llegan los platos,
que bailan a ratos.”
“Vosotros, los platos,
bailáis como patos”.


Eran la escoba y la fregona, que se marcaban un dúo de baile magistral. Y desde una esquina en lo alto, colgados, los ajos en ristra intentaban despegarse, aplaudiendo:

“Escoba y fregona,
qué pareja más molona!”


Juanito se estaba divirtiendo más que nunca, aunque seguía detrás de su madre, tratando de evitar que ésta diera caza al tomate bailón.

“Tomate bailón, tomate bailón,
encima de los huevos bailo yo.”


La señora Juana, fuera de sí, cuchillo en ristre, perseguía al encarnado tomatito, clavando aquí y allá el cuchillo jamonero, al tiempo que gritaba:
-Pero si ya no estás encima de los huevos, desgraciado! ¿Por qué no cantas otra cosa? ¿No sabes cantar nada mejor, maldito? Yo te diré lo que puedes cantar:
Y, por un instante, la mujer, en medio de la cocina, se detuvo para canturrear:

“Tomate bailón, tomate listillo,
la señora Juana te hará picadillo.”


Aquello parecía no tener fin. Algunas vecinas de las casas de al lado, se acercaron al oír el jaleo, sin atreverse a entrar.
Pasó la hora de la comida. Pasó la hora de ir a la escuela. A eso de las tres y media, llegó el padre.
Todo estaba en silencio.
-¿Hay alguien casa? ¡Ya estoy aquí, cariño! Y estoy hambriento!
Cuando el padre entró en la cocina, casi le dá un infarto. La escena era desoladora. Trozos de platos rotos por todas partes, armarios abiertos de par en par, el suelo lleno de cebollas, patatas, ajos, mezclados entre cubiertos, ollas, cerillas...
El caos más absoluto reinaba en cada rincón, y un silencio que tan sólo dejaba oír el llanto de Juanito. El niño, apoyado sobre la tabla de madera, lloriqueaba desconsoladamente frente a una especie de masa roja hecha trizas. La madre, sentada en una silla, sostenía el enorme cuchillo manchado de rojo, y sonreía con la mirada perdida. Por sus mejillas sonrojadas aún resbalaban las gotas de sudor, y por sus piernas, la mermelada. Marieta estaba sentada en el suelo, en un rincón, y entre sus brazos sostenía con fuerza toda una serie de utensilios de cocina, platos, tenedores, alguna lechuga, la escoba... como si pensara que alguien fuera a quitárselos.
El pobre hombre, cuando reaccionó, dijo:
-¿Qué ha pasado aquí?
Nadie le contestó. Los tres le miraron, pero no le hicieron demasiado caso.
El padre hizo otra pregunta:
-¿Puede alguien decirme qué ha pasado? ¡Hey, familia! ¡Estoy aquí!
Juanito dejó de sollozar, levantó la vista, se sorbió los mocos y observó a su padre.
-Hola papá.
-Hijo, ¿puedes explicarme qué significa todo esto?
-Bueno...-el niño, con voz triste, empezó a explicar- ya lo ves, mamá se empeñó en perseguir a un tomate bailón, ya la conoces, tiene sus manías...no le importaba nada lo bien que bailaba el tomate, era “su” tomate, para “su” salsa de macarrones, y no paró hasta que lo cazó...y aquí está el pobrecillo...hecho picadillo...Ya no bailará nunca más...
-Y...¿qué hay de los macarrones?-quiso saber el padre.
-Pues también bailaron, y no lo hacían nada mal...aunque para mí, el que mejor bailaba era el tomate...
Y dijo Marieta:
-Perdona, pero la escoba y la fregona lo hicieron de rechupete. Y las cerillas,¿qué me dices de las cerillas? Parecía que habían estado ensayando durante años...
-Pues yo creo que los que mejor bailaban eran los tenedores- dijo la madre.-Bueno, y las alcachofas...qué estilazo!
-Y las patatas...
-¡Basta!- exclamó el padre- Ya veo que no hay comida...¿qué os parece si...nos vamos al Burger?
-¡Síiii!
-¡Vale!
La señora Juana se quitó el delantal, se limpió con una gamuza la mermelada, Juanito se chupó los dedos manchados de trocitos de tomate, y Marieta se levantó, soltando todos los utensilios que cayeron al suelo. Y la familia al completo, hambrienta, salió de casa para ir a comer una hamburguesa.
Cuando la madre fue a cerrar la puerta de la cocina, contempló por última vez aquel escenario,y, en ese momento, uno de los nueve tomates que habían quedado en la bolsa, avanzó por encima de la mesa, dio una pirueta bailona,y le dijo:

“Ay,Juana, querida,
hoy no has hecho la comida,
por culpa de tus manías
todos los días,
y el tomate bailón
te ha dado una lección.”




* * *


me encanto estrella
lo tendre en cuenta cuando tenga hijos ya se los contare
un fuerte abrazo con mis alas abiertas
bexaxos guapa
 
Me acordare cuando coja un tomate jajajaj me hiciste pasar un rato agradable leyendote.Un abrazo
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Ahora te dará penita triturar un tomate, ¿a que sí?
Gracias por pasarte a leer mi cuento, un beso :::wub:::,y un abrazo, Estrella.
 

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