El trayecto de los melancólicos

Enfermedad de Chagas

Poeta recién llegado
Ser zumbido de este tren que me bebo:
ser cíclopes en un mundo donde se aguarda
desde la fina negrura que se reparte
como dándose botellazos con sol
sobre la niebla
sobre la escuela luminosa de la muerte
desde la cúpula violenta en la que todo ocurre
moribundo y vertical y simulado.

Aquí morimos con un rostro sin ruido
ramas con alambres en el pecho,
aquí hablamos de desdoblar el agua que nos navega
hablamos por hablar
por fastidiarnos el vientre de lo invisible
del puro miedo a sucumbir
dentro de lo nocturno, amigos.

Plegamos esa voz que surge cuando algo acecha desde alturas inmerecidas
forramos todo, todo
amasamos el sonido visceral sin geométricos insectos suicidas
o malhechos cristales de la sed.

Esto es, que todo se nos minimiza
y se nos va desguindando al áspero paseo...

Llevamos
repentinamente un enloquecimiento
Llevamos algo;
un nostálgico caminante nos guía.

Nos señala horizontales ciudades y nos guía
aún nos guía, tierra adentro, hacia el llanto
el llanto que sencillamente arde
en monedas
sobre los otros cuerpos
sin pedazos de grito.

Se nos aminora también el trayecto
y bebemos cuarzos entonces, rosas hurtadas, estalactitas
y el caminante nos lleva, nos lleva con débil nostalgia
con pequeños pasos de diente
y llenísimo de una nostálgica blancura que crepita.

Encontramos un enjambre enajenado
viajando esféricamente un espejo
y damos la vuelta luego, durante la caída del mar
zumbando de regreso por vías férreas
por hinchados cementerios que se agreden, por tejados de casuchas
para querer cansarnos, quizás, en el retorno
y tan sólo sentir, sentir algo infalible
saborear algo momificado con pulso que se alarga
algo que tiente nuestras almas azules sin fin
o que nos pulverice cruelmente.
 
Ser zumbido de este tren que me bebo:
ser cíclopes en un mundo donde se aguarda
desde la fina negrura que se reparte
como dándose botellazos con sol
sobre la niebla
sobre la escuela luminosa de la muerte
desde la cúpula violenta en la que todo ocurre
moribundo y vertical y simulado.

Aquí morimos con un rostro sin ruido
ramas con alambres en el pecho,
aquí hablamos de desdoblar el agua que nos navega
hablamos por hablar
por fastidiarnos el vientre de lo invisible
del puro miedo a sucumbir
dentro de lo nocturno, amigos.

Plegamos esa voz que surge cuando algo acecha desde alturas inmerecidas
forramos todo, todo
amasamos el sonido visceral sin geométricos insectos suicidas
o malhechos cristales de la sed.

Esto es, que todo se nos minimiza
y se nos va desguindando al áspero paseo...

Llevamos
repentinamente un enloquecimiento
Llevamos algo;
un nostálgico caminante nos guía.

Nos señala horizontales ciudades y nos guía
aún nos guía, tierra adentro, hacia el llanto
el llanto que sencillamente arde
en monedas
sobre los otros cuerpos
sin pedazos de grito.

Se nos aminora también el trayecto
y bebemos cuarzos entonces, rosas hurtadas, estalactitas
y el caminante nos lleva, nos lleva con débil nostalgia
con pequeños pasos de diente
y llenísimo de una nostálgica blancura que crepita.

Encontramos un enjambre enajenado
viajando esféricamente un espejo
y damos la vuelta luego, durante la caída del mar
zumbando de regreso por vías férreas
por hinchados cementerios que se agreden, por tejados de casuchas
para querer cansarnos, quizás, en el retorno
y tan sólo sentir, sentir algo infalible
saborear algo momificado con pulso que se alarga
algo que tiente nuestras almas azules sin fin
o que nos pulverice cruelmente.
Bella es la nostalgia que transmite tu bello poema, un recorrido triste que enfatiza el sentimiento con arte, un gusto leerte, saludos cordiales.
 


POEMA DESTACADO

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Con todo el cariño

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