jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
durante la guerra me despacharon
a la séptima sección del frente nor-noroeste
no había mucho que hacer allí arriba
los hombres jugábamos a las cartas y fumábamos
los días de permiso íbamos al pueblo más cercano
bebíamos y nos acostábamos con todas las mujeres que podíamos
los domingos regresábamos a la trinchera
jugábamos póker y veintiuno
fumábamos asquerosos cigarrillos sin filtro
los días pasaban sin novedad
nunca escuché disparar un fúsil
fue una buena temporada la que pasé allí arriba
me acosté con cientos de chicas
bebí mucho alcohol y fumé miles de cigarrillos
unos días poco antes de acabar la guerra maté una cucaracha
en realidad ni siquiera me percaté de ello
-me hallaba concentrado en mis cartas-
uno de los oficiales al mando, sin embargo
anotó el incidente en su diario de campaña
"1780 gmt: el soldado raso villa mató una cucaracha"
una semana más tarde se firmó la paz
debido a la nula actividad bélica registrada en nuestro sector
la muerte de aquella cucaracha adquirió tintes mitológicos
por haberla matado recibí la medalla al valor en acción de combate
además me asignaron pensión doble por "su heroismo y espíritu de sacrificio"
no estaría tan triste de no ser por el hecho
de que la mayoría de mis amigos no volvió
ellos estuvieron destacados en distintas secciones del frente del sur
el enemigo los aniquiló sin compasión
sus cuerpos quedaron dispersos en cientos de metros a la redonda
sus viudas están ahora inconsolables
cuando visito a una de ellas tengo siempre cuidado
de llevar conmigo un par de botellas de whisky
también llevo cigarrillos y bombones ferrerro rocher recubiertos de chocolate
la puta guerra ha dejado una estela de dolor y pesar en nuestras almas
me emborracho y cojo con estas atribuladas damas
y desde luego sigo fumando como carretonero
para mí en cierto modo es casi como si la guerra
no se hubiera terminado nunca
a la séptima sección del frente nor-noroeste
no había mucho que hacer allí arriba
los hombres jugábamos a las cartas y fumábamos
los días de permiso íbamos al pueblo más cercano
bebíamos y nos acostábamos con todas las mujeres que podíamos
los domingos regresábamos a la trinchera
jugábamos póker y veintiuno
fumábamos asquerosos cigarrillos sin filtro
los días pasaban sin novedad
nunca escuché disparar un fúsil
fue una buena temporada la que pasé allí arriba
me acosté con cientos de chicas
bebí mucho alcohol y fumé miles de cigarrillos
unos días poco antes de acabar la guerra maté una cucaracha
en realidad ni siquiera me percaté de ello
-me hallaba concentrado en mis cartas-
uno de los oficiales al mando, sin embargo
anotó el incidente en su diario de campaña
"1780 gmt: el soldado raso villa mató una cucaracha"
una semana más tarde se firmó la paz
debido a la nula actividad bélica registrada en nuestro sector
la muerte de aquella cucaracha adquirió tintes mitológicos
por haberla matado recibí la medalla al valor en acción de combate
además me asignaron pensión doble por "su heroismo y espíritu de sacrificio"
no estaría tan triste de no ser por el hecho
de que la mayoría de mis amigos no volvió
ellos estuvieron destacados en distintas secciones del frente del sur
el enemigo los aniquiló sin compasión
sus cuerpos quedaron dispersos en cientos de metros a la redonda
sus viudas están ahora inconsolables
cuando visito a una de ellas tengo siempre cuidado
de llevar conmigo un par de botellas de whisky
también llevo cigarrillos y bombones ferrerro rocher recubiertos de chocolate
la puta guerra ha dejado una estela de dolor y pesar en nuestras almas
me emborracho y cojo con estas atribuladas damas
y desde luego sigo fumando como carretonero
para mí en cierto modo es casi como si la guerra
no se hubiera terminado nunca
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