Amo la caricia con que ofreces,
el mantel, en la mesa cotidiana.
Amo la pasión que en la semana,
se agiganta al conjuro de los meses.
Amo la canción que me murmuras,
entre tus sábanas, de amor, sin casamiento.
Amo el atrapar cada momento,
como un retorno a viejas aventuras.
Amo ese volver a las veredas,
las callecitas de aquella adolescencia.
Que nos refresque la cara, la inconciencia,
como una brisa entre las arboledas.
Amo estar, amor, haber venido
desde quién sabe qué país de andar sin besos.
Que en tus ojos, el tren de los regresos,
me rescató de la luna del olvido...
Marino Fabianesi
el mantel, en la mesa cotidiana.
Amo la pasión que en la semana,
se agiganta al conjuro de los meses.
Amo la canción que me murmuras,
entre tus sábanas, de amor, sin casamiento.
Amo el atrapar cada momento,
como un retorno a viejas aventuras.
Amo ese volver a las veredas,
las callecitas de aquella adolescencia.
Que nos refresque la cara, la inconciencia,
como una brisa entre las arboledas.
Amo estar, amor, haber venido
desde quién sabe qué país de andar sin besos.
Que en tus ojos, el tren de los regresos,
me rescató de la luna del olvido...
Marino Fabianesi