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El tren y la mujer que lee su diario

penabad57

Poeta veterano en el portal
El nimbo de la oruga,
el pantocrátor,
la candencia de un insecto
rotando en círculos
-la noche existe-.

El humo del cigarrillo navega en tu perfil,
son raíles y ventanas que recitan la canción del aire,
el silencio de la niña, la mujer prístina bogando en la luz,
espíritu de hadas.

Mi vena y un tren de amapolas,
qué ángulo en la penumbra,
qué idioma extraño nos divide en cáliz y asombro
bajo la linterna ambarina de este vagón sin vértebras.

En el papel que acoges con manos de lienzo
hay un dios que seduce a las calaveras,
estatua y jardín, almendros y celosías,
la voz de Belcebú y el sin querer de los miriñaques
como estelas en un árbol fingido.

Y yo, verdugo del cristal
mientras late el hierro en busca de una isla de playas azules,
martirio de los ejes cuando los pájaros se acercan
y es un desliz su elipse en el negror,
amigos sin iris que murmuran lo inalcanzable
a la velocidad del tiempo y las anémonas.

Rezuma tu ser jardines colgantes,
y lloran las arañas y el ratón olvidado me acaricia los tobillos,
ahítos de tu letanía de palabras ciegas
-solo tú lees en el arco iris de la memoria-,
el arcángel vive en ti como un monje
que besa la cruz donde el índice de tu presente se acuesta,
este aire sabe que los designios son fulgor
y no segundos opacos que se licúan en la clepsidra.

El tren tiene huesos, acero y formol, un anuncio de bielas y púrpura,
la chispa en los omoplatos que, inmisericorde ,
traza otra vez el camino del yugo.

El viaje concluye en una estación de álamos grises,
ahora, por fin, tus ojos se izan, el diario calla,
las puertas se abren y tú te vas con mil historias en los senos
y un pasado reciente de páginas aún por escribir.


 
Última edición:
El nimbo de la oruga,
el pantocrátor,
la candencia de un insecto
rotando en círculos
-la noche existe-.

El humo del cigarrillo navega en tu perfil,
son raíles y ventanas que recitan la canción del aire,
el silencio de la niña, la mujer prístina bogando en la luz,
espíritu de hadas.

Mi vena y un tren de amapolas,
qué ángulo en la penumbra,
qué idioma extraño nos divide en cáliz y asombro
bajo la linterna ambarina de este vagón sin vértebras.

En el papel que acoges con manos de lienzo
hay un dios que seduce a las calaveras,
estatua y jardín, almendros y celosías,
la voz de Belcebú y el sin querer de los miriñaques
como estelas en un árbol fingido.

Y yo, verdugo del cristal
mientras late el hierro en busca de una isla de playas azules,
martirio de los ejes cuando los pájaros se acercan
y es un desliz su elipse en el negror,
amigos sin iris que murmuran lo inalcanzable
a la velocidad del tiempo y las anémonas.

Rezuma tu ser jardines colgantes,
y lloran las arañas y el ratón olvidado me acaricia los tobillos,
ahítos de tu letanía de palabras ciegas
-solo tú lees en el arco iris de la memoria-,
el arcángel vive en ti como un monje
que besa la cruz donde el índice de tu presente se acuesta,
este aire sabe que los designios son fulgor
y no segundos opacos que se licúan en la clepsidra.

El tren tiene huesos, acero y formol, un anuncio de bielas y púrpura,
la chispa en los omoplatos que, inmisericorde ,
traza otra vez el camino del yugo.

El viaje concluye en una estación de álamos grises,
ahora, por fin, tus ojos se izan, el diario calla,
las puertas se abren y tú te vas con mil historias en los senos
y un pasado reciente de páginas aún por escribir.

El viaje en un maximo que se desvanece en esos grises, es ahi donde el fin
de los dias van instituyendo ese pasado que todavia se puede enhebras.
bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 

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