Jess Rodriguez
Poeta recién llegado
Solo espera el llegar a la estación y encontrar el viejo tren, subir cada escalón como llegando a la cima, buscar aquel sillón que la refugia de la soledad, sintiendo por fin pertenecer a un lugar, como la flor en el jardín, ella no es tan perfecta como está, pero tienen algo en común: las espinas, sin lugar a dudas ambas son hermosas pero hieren sin querer dejando a su paso un recuerdo con olor a sangre.
Ella es la flor de aquel tren, le pertenece efímeramente, pero al fin de cuentas le pertenece, ella observa desde el plácido sillón el pasar de otras vidas, divisando a lo lejos el final de otro día, quizás de otra vida, tal vez el comienzo de otras más, escuchando silenciosa los minutos que transcurren mientras el caminante de la muerte se encariña con su alma soñadora que viajaba dócilmente en la tranquilidad del viejo tren.
Ella se ha ido, dejando un tren triste y vacío, ella se ha ido con el aroma de su piel, con sus recuerdos que pasaban a través de la ventana, con sus lágrimas que rociaban el sillón de sus entrañas, ella se ha ido con sus espinas dejando nuevamente un recuerdo con su sangre, ella se ha ido sin despedirse al final del recorrido.
Ella es la flor de aquel tren, le pertenece efímeramente, pero al fin de cuentas le pertenece, ella observa desde el plácido sillón el pasar de otras vidas, divisando a lo lejos el final de otro día, quizás de otra vida, tal vez el comienzo de otras más, escuchando silenciosa los minutos que transcurren mientras el caminante de la muerte se encariña con su alma soñadora que viajaba dócilmente en la tranquilidad del viejo tren.
Ella se ha ido, dejando un tren triste y vacío, ella se ha ido con el aroma de su piel, con sus recuerdos que pasaban a través de la ventana, con sus lágrimas que rociaban el sillón de sus entrañas, ella se ha ido con sus espinas dejando nuevamente un recuerdo con su sangre, ella se ha ido sin despedirse al final del recorrido.