Kazor
Poeta adicto al portal
Me encontré en un túnel,
al parecer ya había expirado.
Inmóvil, observaba la luz que bailaba al final
esperando a mi compañía para formar un eterno dúo.
No quise avanzar, tenía miedo y
una sonrisa bobalicona que no podía controlar.
Sentía todas mis carnes, sentía su respiración,
sus ganas de independizarse, de desprenderse,
sentía sus ganas de huir.
Observaba con temor las paredes de aquel túnel,
mis dedos nunca alcanzaban a tocarlas,
no me movía aunque lo hiciera,
tan solo avanzaba cuando miraba al frente
a esa maldita luz que ahora se ponía a cantar.
Decidí no hacerlo, decidí no moverme nunca más.
El tiempo se eternizo
y de la luz salió mi compañera, la muerte,
que impaciente decidió convencerme a seguir.
Me propuso jugar a un juego,
si yo ganaba, moriría,
si ella ganaba, también.
Pensé que la única forma que tenía de no morir
era que el juego fuese eterno,
así que propuse a la muerte jugar al amor
ella enmudeció, yo seguí insistiendo,
juguemos al amor verdadero,
ella tuvo que aceptar de mala gana.
Ya saben lo que dicen:
el amor verdadero es infinito.
Aún seguimos jugando.
al parecer ya había expirado.
Inmóvil, observaba la luz que bailaba al final
esperando a mi compañía para formar un eterno dúo.
No quise avanzar, tenía miedo y
una sonrisa bobalicona que no podía controlar.
Sentía todas mis carnes, sentía su respiración,
sus ganas de independizarse, de desprenderse,
sentía sus ganas de huir.
Observaba con temor las paredes de aquel túnel,
mis dedos nunca alcanzaban a tocarlas,
no me movía aunque lo hiciera,
tan solo avanzaba cuando miraba al frente
a esa maldita luz que ahora se ponía a cantar.
Decidí no hacerlo, decidí no moverme nunca más.
El tiempo se eternizo
y de la luz salió mi compañera, la muerte,
que impaciente decidió convencerme a seguir.
Me propuso jugar a un juego,
si yo ganaba, moriría,
si ella ganaba, también.
Pensé que la única forma que tenía de no morir
era que el juego fuese eterno,
así que propuse a la muerte jugar al amor
ella enmudeció, yo seguí insistiendo,
juguemos al amor verdadero,
ella tuvo que aceptar de mala gana.
Ya saben lo que dicen:
el amor verdadero es infinito.
Aún seguimos jugando.