En el poblado signo de los pantanos
tú hayas el escombro, el refugio mineral de una duda.
Tras el cartón piedra los ventrículos se agitan
como un espejo y sus tres mapas de azul.
¿Es posible el trasatlántico donde malvive el hormigón
de los lunes varados?
En el hotel se mueren las preguntas,
por su viaje y su ardor insípido.
Afuera los caballos heredan un metal de blasfemias,
un tesoro sin naves, una luz que pervierte
la honda queja del silencio.
Pero, aquí, hoy, lo imposible es un verbo
que elige su noche o su almendra.
Quizá en las terrazas de ámbar tu piel sea el laberinto,
la mítica flor del leopardo,
su sangre rota.
tú hayas el escombro, el refugio mineral de una duda.
Tras el cartón piedra los ventrículos se agitan
como un espejo y sus tres mapas de azul.
¿Es posible el trasatlántico donde malvive el hormigón
de los lunes varados?
En el hotel se mueren las preguntas,
por su viaje y su ardor insípido.
Afuera los caballos heredan un metal de blasfemias,
un tesoro sin naves, una luz que pervierte
la honda queja del silencio.
Pero, aquí, hoy, lo imposible es un verbo
que elige su noche o su almendra.
Quizá en las terrazas de ámbar tu piel sea el laberinto,
la mítica flor del leopardo,
su sangre rota.