sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
El último adiós se ciñe
en las lágrimas de despedida
que se pierden
en cada esquina.
Los besos quedan crucificados,
el momento de cada síntoma
en el que los ojos lloran
a sus sombras.
Cuando los tiempos
se ponen en las cimas
de las pupilas
para decir
que los versos
se acuestan
entre las burbujas
de los sueños,
donde el poder
de cada mirada
es el síndrome
del último acto.
Los versos
se acostarán
entre cada lado
de los labios
de un poema.
Mediante el reflejo
que cae en los
últimos tonos de colores,
en los que cada lugar
es la mancha de su
último adiós.
Es cómo cuando llueven las calles
y se aglutinan
en cada portal
para no poder respirar
el aire de la confianza.
Se caen las letras
al intentar volar
tropezando en los fondos
de las pesadillas
que aumentan
porque se ha roto
el corazón
como un cristal
que no deja nada
en su despedido acoplo
donde la sentencia
recalca la última gota
de los humedecidos
ojos que se separan
para nunca más verse
para nunca más conocerse.
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