La tarde va cerrando las horas,
la luz se hace perezosa en las cortinas,
resuena Aranjuez en la estancia dormida
y mis manos tensan la emoción de una despedida,
y tiemblan,
por el poema, por la saeta.
En la nota alta, huella una lágrima,
el rostro amargo de la ausencia,
en el crepuscular de la lectura
Mi mirada se hace ansiosa, buscadora,
en la penumbra, de luces superpuestas
casi desesperada, casi aterrada...
....Oh! Te apareces... en la puerta entornada,
en el espejo, sombra,
engaño de memoria.
Oh! No me atreveré a mover el tiempo,
ni perturbaré el aire con tu nombre,
ahora ya puedo hacerme eterno, contigo,
en tu imagen bendecida,
apaciguados mis poemas,
con el último de mis versos
la luz se hace perezosa en las cortinas,
resuena Aranjuez en la estancia dormida
y mis manos tensan la emoción de una despedida,
y tiemblan,
por el poema, por la saeta.
En la nota alta, huella una lágrima,
el rostro amargo de la ausencia,
en el crepuscular de la lectura
Mi mirada se hace ansiosa, buscadora,
en la penumbra, de luces superpuestas
casi desesperada, casi aterrada...
....Oh! Te apareces... en la puerta entornada,
en el espejo, sombra,
engaño de memoria.
Oh! No me atreveré a mover el tiempo,
ni perturbaré el aire con tu nombre,
ahora ya puedo hacerme eterno, contigo,
en tu imagen bendecida,
apaciguados mis poemas,
con el último de mis versos