Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuenta una vieja historia, que franqueó el cielo revolviendo nubes
Agitó sus alas tan fuerte que deshojaba árboles a su paso,
tenía la mirada fija en su destino mientras
braceaba su plumas con brío y gallardía,
y vio ríos desangrándose sobre el verde,
como arterias del corazón de la tierra,
y escucho los gritos de los árboles talados que caían,
se detuvo un rato a ver la majestuosidad
de las montañas por árboles arropada;
refrescó su cara en nubes de gotitas atomizadas,
mientras sus iris era un espejo para la esplendorosa cascada,
vio una isla de corales por algún niño artista pintada,
parecería que una gota de azul se diluyo en celeste
y se sumó el verde sobre el agua cristalizada,
atravesó el arcoíris cerrando los ojos, pero sus alas,
siguieron blancas,
vio lágrimas y sonrisas, campos de alimentos,
trigales vestidos de oro, entre tantos colores,
millones de soles flotando en verde, fanáticos del sol
los girasoles,
contemplo los árboles paraguas, las rosa del desierto,
mares de dunas, teñidos por el atardecer,
desde arriba solo vio belleza sin líneas de frontera,
entonces no entendió la guerra,
hizo paisajes de kilómetros y ya fatigada,
se empezó a agigantar la ventana que recibiría
su llegada.
Manos suaves de doncella envuelta en tristeza.
El calor de su ternura me arrancó del frío con tanta simpleza,
con atento cuidado desato el nudo atado con firmeza.
Hicieron un huracán las corrientes de alegría y aflicción,
y arraso por un segundo su muermo,
al reconocer las letras temblorosas de su amado:
¡No desesperes por mi llegada, nuestro amor será eterno,
aunque no sea en esta vida, me tomaras de la mano en el cielo!
Sujetó tan fuerte el papel que se sellaron sus dedos,
cayó de rodillas abatida y estalló su pecho en llanto.
Pronunció un agónico nombre como si el suelo
tuviera oídos, y encarriló de nuevo su vida
en las vías del interminable duelo.
Aún abierta la ventana, agitó pañuelo a mi partida.
Me espera un merecido descanso,
palmadas de amistad y comida,
kilómetros pasaron en mi interminable regreso,
pero un silencio desgarrador puso al aire espeso...
Yacía mi jaula abierta, olvidada y desolada,
no pude oír murmullos ni respiración,
junto a ella, las manos de mi amigo, inmóviles,
cu cuerpo frío y su uniforme manchado de rojo,
aquella mirada fija parecía una pantalla de cine,
donde quedó plasmada la imagen de su adorada dama,
a quién no volvería a verla, más allá de sus ojos.
Cansada me acobije debajo de su enorme saco,
pero una voz quebradiza llena de hastío,
llevó mi atención hasta sus temibles garras,
-¡Respetable enemiga de los aires, de tierna mirada,
Aquí no queda nada, no sé qué sentimiento te amarra,
más debo decirte que he venido a buscarte,
Mi nombre es halcón, y mi mensaje es tu muerte!
Recordé entonces las palabras de aquel hombre
que confió en mi suerte
"...me tomarás la mano en el cielo!",
Habrá un cielo para mí también mas allá
de aquel donde fue libre mi vuelo?,
Pues me iré siendo afortunado.
Fui mensajero y guerrero,
en esta guerra también he luchado,
pero el mensaje que salvo mi vida,
fue el último y bienaventurado
de amor y eternidad de aquel Hombre enamorado
Agitó sus alas tan fuerte que deshojaba árboles a su paso,
tenía la mirada fija en su destino mientras
braceaba su plumas con brío y gallardía,
y vio ríos desangrándose sobre el verde,
como arterias del corazón de la tierra,
y escucho los gritos de los árboles talados que caían,
se detuvo un rato a ver la majestuosidad
de las montañas por árboles arropada;
refrescó su cara en nubes de gotitas atomizadas,
mientras sus iris era un espejo para la esplendorosa cascada,
vio una isla de corales por algún niño artista pintada,
parecería que una gota de azul se diluyo en celeste
y se sumó el verde sobre el agua cristalizada,
atravesó el arcoíris cerrando los ojos, pero sus alas,
siguieron blancas,
vio lágrimas y sonrisas, campos de alimentos,
trigales vestidos de oro, entre tantos colores,
millones de soles flotando en verde, fanáticos del sol
los girasoles,
contemplo los árboles paraguas, las rosa del desierto,
mares de dunas, teñidos por el atardecer,
desde arriba solo vio belleza sin líneas de frontera,
entonces no entendió la guerra,
hizo paisajes de kilómetros y ya fatigada,
se empezó a agigantar la ventana que recibiría
su llegada.
Manos suaves de doncella envuelta en tristeza.
El calor de su ternura me arrancó del frío con tanta simpleza,
con atento cuidado desato el nudo atado con firmeza.
Hicieron un huracán las corrientes de alegría y aflicción,
y arraso por un segundo su muermo,
al reconocer las letras temblorosas de su amado:
¡No desesperes por mi llegada, nuestro amor será eterno,
aunque no sea en esta vida, me tomaras de la mano en el cielo!
Sujetó tan fuerte el papel que se sellaron sus dedos,
cayó de rodillas abatida y estalló su pecho en llanto.
Pronunció un agónico nombre como si el suelo
tuviera oídos, y encarriló de nuevo su vida
en las vías del interminable duelo.
Aún abierta la ventana, agitó pañuelo a mi partida.
Me espera un merecido descanso,
palmadas de amistad y comida,
kilómetros pasaron en mi interminable regreso,
pero un silencio desgarrador puso al aire espeso...
Yacía mi jaula abierta, olvidada y desolada,
no pude oír murmullos ni respiración,
junto a ella, las manos de mi amigo, inmóviles,
cu cuerpo frío y su uniforme manchado de rojo,
aquella mirada fija parecía una pantalla de cine,
donde quedó plasmada la imagen de su adorada dama,
a quién no volvería a verla, más allá de sus ojos.
Cansada me acobije debajo de su enorme saco,
pero una voz quebradiza llena de hastío,
llevó mi atención hasta sus temibles garras,
-¡Respetable enemiga de los aires, de tierna mirada,
Aquí no queda nada, no sé qué sentimiento te amarra,
más debo decirte que he venido a buscarte,
Mi nombre es halcón, y mi mensaje es tu muerte!
Recordé entonces las palabras de aquel hombre
que confió en mi suerte
"...me tomarás la mano en el cielo!",
Habrá un cielo para mí también mas allá
de aquel donde fue libre mi vuelo?,
Pues me iré siendo afortunado.
Fui mensajero y guerrero,
en esta guerra también he luchado,
pero el mensaje que salvo mi vida,
fue el último y bienaventurado
de amor y eternidad de aquel Hombre enamorado
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