Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL ÚLTIMO REY
Los visitantes del palacio entraron en el salón del trono, donde el lujo más barroco predominaba sobre el arte más decadente. La guía turística dijo con el tono más ceremonioso:
- Ante ustedes se encuentra el símbolo vivo de nuestra nación: el Rey en persona, Su Majestad Gustavo XXVII. Pueden sacar fotos sin flas.
- Ante ustedes se encuentra el símbolo vivo de nuestra nación: el Rey en persona, Su Majestad Gustavo XXVII. Pueden sacar fotos sin flas.
Gustavo XXVII se encontraba sentado en el trono, triste y cabizbajo. Antes se dedicaba a presidir los actos oficiales, colocar la primera piedra e inaugurar las obras publicas importantes. Pero el gobierno decidió que el rey tenía que cumplir el mismo horario que todos los funcionarios, acudir a su puesto de trabajo y vestir el uniforme de gala. En las democracias el rey reina, pero no gobierna. Todos los días laborables el rey tenía que estar sentado en el trono ataviado con las prendas del fundador de su dinastía en el siglo XII: manto de armiño, cetro y corona; parecía un rey de la baraja.
Una joven muy atrevida salió del grupo de turistas, saltó el cordón que rodeaba el trono, agarró al rey del brazo y sonrió de oreja a oreja para que su novio la fotografiara con Gustavo XXVII. El rey no pudo aguantar más, se levantó del trono bruscamente, soltó la corona, tiró el cetro y se quitó el manto de armiño mientras exclamaba enfadado:
-¡Ya no aguanto más, renuncio a la corona! Me presentaré a las oposiciones para ser un funcionario más en cualquier departamento. ¡Viva la república!
Los visitantes fotografiaron al último rey mientras abandonaba presuroso el salón del trono. Todos fueron muy corteses, no utilizaron el flas.
Una joven muy atrevida salió del grupo de turistas, saltó el cordón que rodeaba el trono, agarró al rey del brazo y sonrió de oreja a oreja para que su novio la fotografiara con Gustavo XXVII. El rey no pudo aguantar más, se levantó del trono bruscamente, soltó la corona, tiró el cetro y se quitó el manto de armiño mientras exclamaba enfadado:
-¡Ya no aguanto más, renuncio a la corona! Me presentaré a las oposiciones para ser un funcionario más en cualquier departamento. ¡Viva la república!
Los visitantes fotografiaron al último rey mientras abandonaba presuroso el salón del trono. Todos fueron muy corteses, no utilizaron el flas.
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