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El último vals de medianoche

danie

solo un pensamiento...
Rozando la piel de las sombras
la penumbra de un silencio octogenario
que hoy con audacia canta
junto a las lunas que llueven arroz
y los astros vestidos como padrinos
de cien mil bodas

al compás cimbreante de las siluetas
y sus inmensas profundidades
infinitas como las nubes y el cielo
como el frondoso brote del pimpollo
que germina en tu pecho

bailemos este último vals de medianoche
y brindemos por el fugaz encuentro
de las alas con sus ángeles

muy dentro de la noche
marquemos los sutiles pasos
que son endiabladas centellas de caricias hurtadas

respiremos la melodía
de las rosas furtivas
y sus púrpuras heridas sanadas por los labios

bailemos esta última noche
pero con la inmortalidad
de los milenios y sus eclipses
que nacen en tus ojos
los cuales desvarían a las auras y los cosmos

seamos clandestinos amantes del reencuentro
y desatemos nuestra briosa danza
de estrellas y alboradas
(reflejos del espejo de las mañanas)
sin lágrimas ni sal ni arena
ni costas ni mares de un naufragio
sólo con el sabor del merengue
de un albor de madrugada

así bailemos olvidando el tiempo
y sus cuchillos
y sus fosas extensas
como la larga cabellera de Ofelia

enlacemos nuestros cuerpos
mientras el piano toca
el último vals
que encarcela al corazón
dentro de la celda de las horas detenidas​
 
Rozando la piel de las sombras
la penumbra de un silencio octogenario
que hoy con audacia canta
junto a las lunas que llueven arroz
y los astros vestidos como padrinos
de cien mil bodas

al compás cimbreante de las siluetas
y sus inmensas profundidades
infinitas como las nubes y el cielo
como el frondoso brote del pimpollo
que germina en tu pecho

bailemos este último vals de medianoche
y brindemos por el fugaz encuentro
de las alas con sus ángeles

muy dentro de la noche
marquemos los sutiles pasos
que son endiabladas centellas de caricias hurtadas

respiremos la melodía
de las rosas furtivas
y sus púrpuras heridas sanadas por los labios

bailemos esta última noche
pero con la inmortalidad
de los milenios y sus eclipses
que nacen en tus ojos
los cuales desvarían a las auras y los cosmos

seamos clandestinos amantes del reencuentro
y desatemos nuestra briosa danza
de estrellas y alboradas
(reflejos del espejo de las mañanas)
sin lágrimas ni sal ni arena
ni costas ni mares de un naufragio
sólo con el sabor del merengue
de un albor de madrugada

así bailemos olvidando el tiempo
y sus cuchillos
y sus fosas extensas
como la larga cabellera de Ofelia

enlacemos nuestros cuerpos
mientras el piano toca
el último vals
que encarcela al corazón
dentro de la celda de las horas detenidas​


Y tus últimos besos,
se escondieron detrás de la luna,
y con tu último te quiero,
me dejaste para siempre desnuda...
Un placer haber pasado, un beso poeta.
 
Rozando la piel de las sombras
la penumbra de un silencio octogenario
que hoy con audacia canta
junto a las lunas que llueven arroz
y los astros vestidos como padrinos
de cien mil bodas

al compás cimbreante de las siluetas
y sus inmensas profundidades
infinitas como las nubes y el cielo
como el frondoso brote del pimpollo
que germina en tu pecho

bailemos este último vals de medianoche
y brindemos por el fugaz encuentro
de las alas con sus ángeles

muy dentro de la noche
marquemos los sutiles pasos
que son endiabladas centellas de caricias hurtadas

respiremos la melodía
de las rosas furtivas
y sus púrpuras heridas sanadas por los labios

bailemos esta última noche
pero con la inmortalidad
de los milenios y sus eclipses
que nacen en tus ojos
los cuales desvarían a las auras y los cosmos

seamos clandestinos amantes del reencuentro
y desatemos nuestra briosa danza
de estrellas y alboradas
(reflejos del espejo de las mañanas)
sin lágrimas ni sal ni arena
ni costas ni mares de un naufragio
sólo con el sabor del merengue
de un albor de madrugada

así bailemos olvidando el tiempo
y sus cuchillos
y sus fosas extensas
como la larga cabellera de Ofelia

enlacemos nuestros cuerpos
mientras el piano toca
el último vals
que encarcela al corazón
dentro de la celda de las horas detenidas​
Es como si imaginara un vals y todo lo que te inspira a través de estas bellas letras poniendo los sentidos en cada verso. Grandioso como siempre, te dejo un abrazo afectuoso.
 
Rozando la piel de las sombras
la penumbra de un silencio octogenario
que hoy con audacia canta
junto a las lunas que llueven arroz
y los astros vestidos como padrinos
de cien mil bodas

al compás cimbreante de las siluetas
y sus inmensas profundidades
infinitas como las nubes y el cielo
como el frondoso brote del pimpollo
que germina en tu pecho

bailemos este último vals de medianoche
y brindemos por el fugaz encuentro
de las alas con sus ángeles

muy dentro de la noche
marquemos los sutiles pasos
que son endiabladas centellas de caricias hurtadas

respiremos la melodía
de las rosas furtivas
y sus púrpuras heridas sanadas por los labios

bailemos esta última noche
pero con la inmortalidad
de los milenios y sus eclipses
que nacen en tus ojos
los cuales desvarían a las auras y los cosmos

seamos clandestinos amantes del reencuentro
y desatemos nuestra briosa danza
de estrellas y alboradas
(reflejos del espejo de las mañanas)
sin lágrimas ni sal ni arena
ni costas ni mares de un naufragio
sólo con el sabor del merengue
de un albor de madrugada

así bailemos olvidando el tiempo
y sus cuchillos
y sus fosas extensas
como la larga cabellera de Ofelia

enlacemos nuestros cuerpos
mientras el piano toca
el último vals
que encarcela al corazón
dentro de la celda de las horas detenidas​
Bellas letras mi estimado amigo donde el amor y las notas del vals son perfectas para llenarnos de ensoñación. Me gustó mucho. Un abrazo y que tengas un bello día!
 
Wow, tus versos me hicieron vibrar el alma y ver el baile de ese último vals, extraordianrios versos de amor nos has cmpartido, dany.
Te dejo un abrazo y mis saludos!!
 
Rozando la piel de las sombras
la penumbra de un silencio octogenario
que hoy con audacia canta
junto a las lunas que llueven arroz
y los astros vestidos como padrinos
de cien mil bodas

al compás cimbreante de las siluetas
y sus inmensas profundidades
infinitas como las nubes y el cielo
como el frondoso brote del pimpollo
que germina en tu pecho

bailemos este último vals de medianoche
y brindemos por el fugaz encuentro
de las alas con sus ángeles

muy dentro de la noche
marquemos los sutiles pasos
que son endiabladas centellas de caricias hurtadas

respiremos la melodía
de las rosas furtivas
y sus púrpuras heridas sanadas por los labios

bailemos esta última noche
pero con la inmortalidad
de los milenios y sus eclipses
que nacen en tus ojos
los cuales desvarían a las auras y los cosmos

seamos clandestinos amantes del reencuentro
y desatemos nuestra briosa danza
de estrellas y alboradas
(reflejos del espejo de las mañanas)
sin lágrimas ni sal ni arena
ni costas ni mares de un naufragio
sólo con el sabor del merengue
de un albor de madrugada

así bailemos olvidando el tiempo
y sus cuchillos
y sus fosas extensas
como la larga cabellera de Ofelia

enlacemos nuestros cuerpos
mientras el piano toca
el último vals
que encarcela al corazón
dentro de la celda de las horas detenidas​
encantador poema, e suena a cita a ciegas, saludos
 
POEMA RECOMENDADO
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Rozando la piel de las sombras
la penumbra de un silencio octogenario
que hoy con audacia canta
junto a las lunas que llueven arroz
y los astros vestidos como padrinos
de cien mil bodas

al compás cimbreante de las siluetas
y sus inmensas profundidades
infinitas como las nubes y el cielo
como el frondoso brote del pimpollo
que germina en tu pecho

bailemos este último vals de medianoche
y brindemos por el fugaz encuentro
de las alas con sus ángeles

muy dentro de la noche
marquemos los sutiles pasos
que son endiabladas centellas de caricias hurtadas

respiremos la melodía
de las rosas furtivas
y sus púrpuras heridas sanadas por los labios

bailemos esta última noche
pero con la inmortalidad
de los milenios y sus eclipses
que nacen en tus ojos
los cuales desvarían a las auras y los cosmos

seamos clandestinos amantes del reencuentro
y desatemos nuestra briosa danza
de estrellas y alboradas
(reflejos del espejo de las mañanas)
sin lágrimas ni sal ni arena
ni costas ni mares de un naufragio
sólo con el sabor del merengue
de un albor de madrugada

así bailemos olvidando el tiempo
y sus cuchillos
y sus fosas extensas
como la larga cabellera de Ofelia

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