infeliz?
Feliz
[h=1]EL UNGIDO[/h]
La Flor de Hueso
DRAMA EN CINCO ACTOS
Personajes
Alejandro, Príncipe del Reino Azul y de los Vientos Fríos.
Sabrina, una chica frágil.
Un Búho Real, un Cuervo, un Lobo (habitantes del bosque).
Jesucristo.
Juan, César, Fernando (tres chavales del pueblo).
Kurt Cobain.
Espíritu 1, Espíritu 2, Espíritu 3 (perros del Infierno).
Satanás.
Una Gárgola.
Las Tres Arpías.
Louis y Claude, petunias parisinas.
Lucio Mefisto, espíritu endemoniado.
Dios.
Eustaquio, nutria con cabeza de hombre.
La acción se desarrolla en un pueblo y en un bosque cercano, siempre de noche o al amanecer. Es un bosque de la serranía extremeña, cuajado de encinas, alcornoques, fresnos, castaños, espinos, retamas, brezos, romeros y jaras, y serpenteado de arroyos y regatos que discurren entre laderas, cortados y formaciones rocosas de granito y pizarra. Alejandro y Sabrina se mueven por las imprecisas lindes de lo terrenal y lo espectral.
Prólogo Eustaquio (nutria con cabeza de hombre): Os presentamos este drama. Dos almas abrazadas en el camino que eligieron. Alejandro no tuvo suerte en vida y decidió ponerle fin con una soga tan áspera y ruda como su cuna extremeña. Sabrina era una chica de Alemania, de frágil salud, agravada por su inconstancia y desánimo. El destino y la fiebre se tomaron la libertad de ser verdugos. Murió como una flor marchita, desaguada en plena eclosión. Murieron la misma noche y en el mismo momento, mientras la Luna enjugaba una sola lágrima por los dos.Ahora, cada noche, Sabrina caerá a plomo hasta el sur, a lomos de un viento frío, y Alejandro, como un banco de niebla, la abrazará, para desaparecer los dos cuando este fenómeno atmosférico llegue a su fin.Esperamos, sin más, que disfrutéis de la vívida muerte que aquí os servimos en la bandeja plateada de la luna. Fundido de luces. Después aparecen en el escenario Alejandro, colgado de una soga, muerto, sobre la rama partida de un alcornoque, bajo uno de los focos, y al otro lado del escenario, bajo la luz de otro foco, Sabrina, muerta en la cama, y sus padres velando. Fundido de luces.
ACTO I
ESCENA I
(El alma de Alejandro vaga en la noche, después de la muerte. Se aleja del pueblo, adentrándose en el bosque. Alejandro luce un aspecto desaliñado, ojeroso y pálido)
(Alejandro continúa andando, cabizbajo y pensativo, entre alcornoques y madroños.)
Soy el espectro azul
Vengo de vientos cálidos y de un sopor de estómagos vencidos.
Tengo la vista abajo y es púrpura el rubor de mis mejillas.
Hubo un tiempo en mi tiempo, para morir bebiéndome la vida.
Si echo la vista atrás, supura mi garganta, y me abraza la soga que ha bebido.
En las cuencas hundidas de mis ojos, ahora hay lagunas gélidas, vacías.
Son fósiles de piel, lechos de frío,
que suplantan al río dividido,
que de tanto remar, me suplicó su muerte en dos orillas.
Soy el espectro azul que arde en el limbo,
fatuo, podrido, de gas y de intenciones,
que por buscarse en Dios, encontró a Dío.
Porque en el templo aquél de los pantanos, y de soles, de luz y verde brío,
la soledad es cosa de los hombres
y Dios silba el plural que es estar vivo.
(Ya va destensándose el arco del tiempo, que añora una flecha. Descuida su sino la noche sin blanco)
Tu sombra es un eco de alabastro.
Tus manos son las alas de la Luna,
con su temblor de vuelos postergados.
Duerme tu sonrisa en un sueño de esmalte
y besos fríos,
y el viento, que es galán, se pavonea
mientras ciñe tu escuálida cintura;
sopla como el invierno entre tus venas;
se estremece tu cuerpo, de goznes morados,
se dibuja un adiós y se fractura.
Así te encuentro, amada,
con los pies destrozados y la mirada baja,
con la vitola azul que le otorga la sangre
a tu estampa marmórea,
a tus sagradas ruinas.
Yo revivo en el cuenco de tu muerte,
yo bebo las cenizas de este canto...
y tu sombra es un eco que transluce
como la veta en flor del alabastro.
Tu sombra es un insomnio de azucenas
bajo la luz rosada de los nardos.
Alejandro: (Saliendo de entre las matas y llegando hasta ella.) ¿De dónde llegas tú, que el guión blanco y negro de la noche se escribe ahora en hermoso papel sepia? ¿Eres un ángel triste y desastrado en el abrazo eterno, o acaso un espejismo en el desierto que pueblo sin ser nadie?
Sabrina: Yo Qué extraño Yo te (Se interrumpe, confundida.) Yo te conozco (Pausa.) Creo que te conozco (Sabrina se queda quieta, como conmocionada, mirando a Alejandro.) Yo te sentí en mi lecho de fiebre y muerte como te siento ahora. Como una suave brisa que aliviaba mi mortal calentura. Como la inercia que abre cien espigas y granan otras mil flores de barro. Anémonas, anémonas deshechas y de barro.
Tú eres
Alejandro: Mi nombre es Alejandro y no soy nadie. Yo soy un haz de aliento inacabado, que cuaja en la semilla de los justos, y me comen mis propios tegumentos. Mi vida se precipitó casi en caída libre. En una vertiginosa escalera oscura y sin salidas, cuyo último escalón aún pende como rama seca y tronchada, de uno de esos alcornoques.
Qué extraña sensación de plenitud ahora.
Sabrina: Yo te esperé y te esperé, pero nunca llegaste.
Yo fui la Reina de Cartago en un mar de lágrimas, y me apagué. Jamás vi tu imagen nítida, pero sí las velas de tu barco que se alejaba más y más, desfigurando el rostro de mi ideal amante.
Soy Sabrina, de Alemania. (Alejandro se frota las manos e insufla aire, para calentarlas.)
Dame, dame tus manos heridas.
Alejandro: No, que pueden quebrarse en este frío.
Sabrina: (Atrayendo las manos de Alejandro hacia su pecho, tímidamente.) Mi pecho es una tumba de polvo de luna, que quiere teñirse con dos de tus rosas.
Alejandro: Toma, y dale sentido a este presente, que viene aderezado con tarjeta de muerte. (Le da las manos.)
Sabrina: Tu muerte es el regalo más oportuno. Es una sombra en la cegadora noche
Alejandro: Yo no te sentí, Sabrina. No, no lo hice. Dios sabe que si lo hubiera hecho quizá no estaríamos ahora ¿Realmente podemos ser dos almas gemelas? ¿En estas circunstancias? ¿Dos almas gemelas en la noche?
Maldito Cupido por su tardanza, bendito por su ceguera y su constancia.
Sabrina: Yo le bendigo por sus insensatas ráfagas, que no me importa nada la herida que estoy sintiendo. Oh dulce dolor inesperado.
Tú, mi alma gemela, mi faro y mi luz. El mar ahora calla. Calla porque vale más tu imagen que mil de sus embravecidas palabras. La luna le presta el espejo con tu imagen clara, y calla.
Alejandro: Que calle y que calme su respiración agitada esa bestia que nos engulló y que ahora nos deposita en esta escondida orilla. La playa desnuda nuestros corazones y esparce las prendas del naufragio.
Ven, cobijémonos de los astros hirientes que nos espían, y se ríen y nos humillan. Las celosas estrellas ya fruncen el ceño; llevémonos la luna. Vamos, Sabrina, al huerto donde crecen las zarzas y sangrar es el fruto sepultado en el vientre de la nada. Comamos de esta dicha de corazones pétreos y cuerpos arruinados, que aún el sol puede envainar sus puntas por un rato.
Sabrina: