el único recuerdo que me quedó de zayra

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
ahora que el olvido ya extendió su manto
sobre todo cuanto aconteció en mi vida
-lugares, hechos y personas-
y solo emergen ocasionalmente a la superficie de mi recuerdo
inconexas estampas de un ayer difuso
persiste sin embargo en mi memoria
la perfecta imagen de tus bragas blancas de algodón
aquella primera vez que te las vi
cuando enfrente de mí se te cayó la bolsa al piso
y tuviste que ponerte en cuclillas para recogerla
propiciando con ello que la corta falda que llevabas
se deslizara hacia arriba y permitiera así
que mis ojos atisbaran durante tres infinitos segundos
ese blanco retazo de tejido
debajo del cual parecía hincharse hasta casi reventar
tu carnosa y humedecida vulva cuyos pliegues
dejaba traslucir el fino tejido de aquella prenda
que seis tequilas más tarde habría de terminar quedando

enganchada al tobillo de tu pierna izquierda, mientras yo la sostenía en lo alto


.
 
ahora que el olvido ya extendió su manto
sobre todo cuanto aconteció en mi vida
-lugares, hechos y personas-
y solo emergen ocasionalmente a la superficie de mi recuerdo
inconexas estampas de un ayer difuso
persiste sin embargo en mi memoria
la perfecta imagen de tus bragas blancas de algodón
aquella primera vez que te las vi
cuando enfrente de mí se te cayó la bolsa al piso
y tuviste que ponerte en cuclillas para recogerla
propiciando con ello que la corta falda que llevabas
se deslizara hacia arriba y permitiera así
que mis ojos atisbaran durante tres infinitos segundos
ese blanco retazo de tejido
debajo del cual parecía hincharse hasta casi reventar
tu carnosa y humedecida vulva cuyos pliegues
dejaba traslucir el fino tejido de aquella prenda
que seis tequilas más tarde habría de terminar quedando

enganchada al tobillo de tu pierna izquierda, mientras yo la sostenía en lo alto


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eres un poeta, visceral inmenso, que nadie lo dude.
 
ahora que el olvido ya extendió su manto
sobre todo cuanto aconteció en mi vida
-lugares, hechos y personas-
y solo emergen ocasionalmente a la superficie de mi recuerdo
inconexas estampas de un ayer difuso
persiste sin embargo en mi memoria
la perfecta imagen de tus bragas blancas de algodón
aquella primera vez que te las vi
cuando enfrente de mí se te cayó la bolsa al piso
y tuviste que ponerte en cuclillas para recogerla
propiciando con ello que la corta falda que llevabas
se deslizara hacia arriba y permitiera así
que mis ojos atisbaran durante tres infinitos segundos
ese blanco retazo de tejido
debajo del cual parecía hincharse hasta casi reventar
tu carnosa y humedecida vulva cuyos pliegues
dejaba traslucir el fino tejido de aquella prenda
que seis tequilas más tarde habría de terminar quedando

enganchada al tobillo de tu pierna izquierda, mientras yo la sostenía en lo alto


.

Excelente, compañero
 

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