Hollmann Pablo
Poeta recién llegado
Aquella noche de cielo empantanado en la que nos vimos por primera vez, el viento helado fustigaba nuestros rostros, y la llovizna humedeciéndonos, con serenidad nos envolvió en un primer abrazo compartido con el universo.
Sirenas nocturnas, los alaridos de una indiferente ciudad caótica llegaban sin fuerza hasta aquel santuario, y todo lo que existió, y todo lo que fue, y todo lo que conocíamos permanecía allí, bañado por el resplandor de las velas.
La divinidad residía en esas incalculables casualidades que nos habían guiado hacia los brazos del otro
Pablo Hollmann.
Sirenas nocturnas, los alaridos de una indiferente ciudad caótica llegaban sin fuerza hasta aquel santuario, y todo lo que existió, y todo lo que fue, y todo lo que conocíamos permanecía allí, bañado por el resplandor de las velas.
La divinidad residía en esas incalculables casualidades que nos habían guiado hacia los brazos del otro
Pablo Hollmann.