Nada Vratovic
Poeta recién llegado
¿Y si, tal vez, nadie me extraña? Como a la luna al morir,
olvidada y gélida bajo la grandeza del astro rey
que ciega al mundo con su sonrisa obesa y llena de nada.
¿Y si yo he pasado mi vida sepultada bajo esa luz?
Y quizás era consciente de que existía una salida;
una salida que jamás me atreví a buscar.
¿Cómo podría lamentarme ahora de mi trivialidad
si la he construido yo misma?
No salí del cascarón primigenio,
y ahora me lamento
por ser vulgar.
Y temo
seguir.
La luz del sol obstruye la perversidad que exige el arte.
Y si no puedo corromperme en ella, sólo seré ceniza
apilada, anónima, junto a los huesos del resto del mundo.
Temo una muerte banal y el fulgor de las estrellas diurnas.
Quizá haya dragones más allá de esta cáscara virgen;
o fantasmas que susurran recuerdos a los vivos
aunque nunca podrán oírlos; o sombras fatuas
bajo la claridad grisácea del cielo.
Ignoro todo lo hermoso y
todo aquello que es
terrible, exhausto, duro.
Porque estoy
vacía.
olvidada y gélida bajo la grandeza del astro rey
que ciega al mundo con su sonrisa obesa y llena de nada.
¿Y si yo he pasado mi vida sepultada bajo esa luz?
Y quizás era consciente de que existía una salida;
una salida que jamás me atreví a buscar.
¿Cómo podría lamentarme ahora de mi trivialidad
si la he construido yo misma?
No salí del cascarón primigenio,
y ahora me lamento
por ser vulgar.
Y temo
seguir.
La luz del sol obstruye la perversidad que exige el arte.
Y si no puedo corromperme en ella, sólo seré ceniza
apilada, anónima, junto a los huesos del resto del mundo.
Temo una muerte banal y el fulgor de las estrellas diurnas.
Quizá haya dragones más allá de esta cáscara virgen;
o fantasmas que susurran recuerdos a los vivos
aunque nunca podrán oírlos; o sombras fatuas
bajo la claridad grisácea del cielo.
Ignoro todo lo hermoso y
todo aquello que es
terrible, exhausto, duro.
Porque estoy
vacía.