Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
EL VERSO DESTRUCTOR
“Un caballo ciego siempre se asusta a sí mismo.”
Proverbio chino
Proverbio chino
Como si no existiera un alma,
o el alma de las cosas fuese un muerto,
me escondo y me limito,
mis pensamientos vuelven transformados
en ansiedad e impulsos.
Éstos se multiplican hasta llenar mi espacio,
me bloquean, me quedo sin respuestas,
ante mis semejantes.
Las palabras que a solas
cobran
poder,
emborronan mis días,
oscurecen mi mente.
Se desploman
apenas abandono mi zona de confort,
donde me hallo de todo menos cómodo.
No puedo defenderme de la vida,
literalmente inútil, irrisorio,
es morir por principios
que caen, todos caen estrepitosamente.
Pensar que el mundo
tiene toda la culpa de mis males,
es temer lo que hay dentro de mí,
es no ver la salida,
solo por mi ceguera.
Solo, por mi ceguera,
siento más miedo,
más que nunca,
más que más que nunca…
Y se vuelve infinito,
ya lo he imaginado.
No tengo ni demonios ni fantasmas…
El verso destructor siempre viene incompleto,
sin nada que cambiar.
La existencia resulta…
Mi único problema es terminar con esto,
no hay más profundidad en ningún miedo…
Que la que necesito para desenterrarlos y enterrarlos,
por eso es que acabé
de hurgar, de introducirme
en ellos
-Porque de nada vale soportarlos.-.
La mirada
sin miedo de mí mismo,
se transforma en mí mismo.
Quiero dejar atrás esta ignorancia
que supone un pavor inaguantable
al fracaso…
Por qué perderlo todo por el miedo,
cuando puedo observar el fondo de las cosas.
Enciendo mis sentidos,
con el fuego de la necesidad.
No lo soporto más, no me soporto,
y eso implica palabras y preguntas.
Por fortuna, este pánico
no se sostiene,
no sin alma.
Con el tiempo, los cambios fortalecen
la mente, donde todo cabe,
y le dan el valor que se merece,
amparada en realismo, no en temores.
Y todo alma,
no puedo eliminar
mi presencia,
abstraerme.
No hay nada distinto en nuestras inquietudes,
experiencias,
miradas al vacío,
sin perdición,
con claridad,
lucidez,
una y otra vez,
hasta encontrar los ojos de…
La vida.