Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
El viaje de las palabras, a veces doloroso
salva obstáculos inimaginables en el aire,
cristales de botella, clavos herrumbrosos,
barros encharcados donde es posible
hundir la yema de los dedos, perder la huella.
Nadie sabrá a ciencia cierta adonde se fueron
las palabras perdidas,
extremidad de serpiente quizás
pecaminoso destello con mordiscos.
Casi todos los labios sin embargo encuentran
la sangre hacia la que respirar y así lo hacen;
por eso las palabras, no todas, llegan
después de una odisea estacional
a su destino, algo maltrechas,
algo faltas de vista
tras las noches en los vientres de metal sin agua,
desdibujadas en sus contornos
con el corazón entero, no obstante, a prueba de bombas,
la piel algo arrancada
corteza hecha cenizas de un gran árbol,
savia diletante con sus hojas
con todas sus palabras en sus verdes
con ese largo viaje en tus ojos.
El viaje de las palabras, a veces doloroso
salva obstáculos inimaginables
en el aire.
salva obstáculos inimaginables en el aire,
cristales de botella, clavos herrumbrosos,
barros encharcados donde es posible
hundir la yema de los dedos, perder la huella.
Nadie sabrá a ciencia cierta adonde se fueron
las palabras perdidas,
extremidad de serpiente quizás
pecaminoso destello con mordiscos.
Casi todos los labios sin embargo encuentran
la sangre hacia la que respirar y así lo hacen;
por eso las palabras, no todas, llegan
después de una odisea estacional
a su destino, algo maltrechas,
algo faltas de vista
tras las noches en los vientres de metal sin agua,
desdibujadas en sus contornos
con el corazón entero, no obstante, a prueba de bombas,
la piel algo arrancada
corteza hecha cenizas de un gran árbol,
savia diletante con sus hojas
con todas sus palabras en sus verdes
con ese largo viaje en tus ojos.
El viaje de las palabras, a veces doloroso
salva obstáculos inimaginables
en el aire.