Anahanis
Poeta recién llegado
EL VIAJE DE LOS ANEMOIS
Una nube gris se yergue en el horizonte,
va vistiendo poco a poco los cielos eternos,
y entre las montañas se oye la voz de los tiempos;
-Anemois Anemois -
Se escucha el llamado como susurros disueltos
entre el crepitar de las gotas de lluvia,
escondido entre el sonido de los arboles danzantes
y los ecos de las montañas poderosas
-Anemois -, Insiste el llamado...
Y el gris del cielo cabalga desnudando las montañas,
los Anemois intensos surgen furiosos e intrépidos,
recorriendo el cuadro, desdibujando nubes, pintando a trazos el azul cielo.
Las novias de las alturas asoman sus blancos rostros
desde sus imponentes pedestales enseñando su magnificencia, su poderío
Y se abren los portales y emerge así la luz...
El canto intenso de los Anemois danzantes
se desliza entre la arboleda como intrépidas luciérnagas,
desdibujando entre sombras y follaje toda forma y color
danzan y silban inquietos entre los haces de luz que se cuelan desde el alto cielo
y los verdes guardianes se inclinan a su paso,
la verde hierba también se inclina ante los soberanos del cielo
y se unen en su danza
-Anemois -
Se escucha el llamado nuevamente y estos resurgen
desde el verde manantial de vida hacia lo eterno del cielo,
chocando entre sí, silbando con toda su fuerza,
ostentando orgullosos su poder y grandeza
Se elevan hasta reunirse nuevamente en las alturas
precipitándose con la furia de mil corceles,
hasta encontrarse en un centellante estruendo con el mar eterno
Millones de cristales de agua y cielo, emergen extasiados,
escapando hacia las alturas y se arremolinan en el paisaje
en desordenados y oscuros trazos de edredones azules, blancos y verdes...
Grises guardianes de roca lanzan un nuevo llamado
y los Anemois acuden a su encuentro,
arrastrando las aguas y los cristales con ellos,
se enfrentan en explosiones de luces y sombras, aires, agua y roca,
ascienden entre los recovecos para encontrarse en las alturas
un verde y ondulante valle
Los Anemois, hayan en aquel valle del silencio, la quietud y la paz..,
ahora con la suavidad de un susurro, r
ecorren acariciando la hierba y las flores, disolviéndose entre ellas,
se dispersan, se funden entre los recovecos del paisaje,
se integran en un solo conjunto de seres y energías
Mientras que en el alto cielo ahora las nubes detienen su danza
y pequeñas gotas de agua comienzan a bañar el valle
en un sutil y mágico tintineo, el valle se envuelve en brumas
Los Anemois ahora yacen en el todo...
y esperan hasta que la Dama de los tiempos se alce nuevamente en el infinito
e invocando sus nombres, les conjure a cabalgar una vez más,
por la verde y eterna tierra.
©Anahanis
Una nube gris se yergue en el horizonte,
va vistiendo poco a poco los cielos eternos,
y entre las montañas se oye la voz de los tiempos;
-Anemois Anemois -
Se escucha el llamado como susurros disueltos
entre el crepitar de las gotas de lluvia,
escondido entre el sonido de los arboles danzantes
y los ecos de las montañas poderosas
-Anemois -, Insiste el llamado...
Y el gris del cielo cabalga desnudando las montañas,
los Anemois intensos surgen furiosos e intrépidos,
recorriendo el cuadro, desdibujando nubes, pintando a trazos el azul cielo.
Las novias de las alturas asoman sus blancos rostros
desde sus imponentes pedestales enseñando su magnificencia, su poderío
Y se abren los portales y emerge así la luz...
El canto intenso de los Anemois danzantes
se desliza entre la arboleda como intrépidas luciérnagas,
desdibujando entre sombras y follaje toda forma y color
danzan y silban inquietos entre los haces de luz que se cuelan desde el alto cielo
y los verdes guardianes se inclinan a su paso,
la verde hierba también se inclina ante los soberanos del cielo
y se unen en su danza
-Anemois -
Se escucha el llamado nuevamente y estos resurgen
desde el verde manantial de vida hacia lo eterno del cielo,
chocando entre sí, silbando con toda su fuerza,
ostentando orgullosos su poder y grandeza
Se elevan hasta reunirse nuevamente en las alturas
precipitándose con la furia de mil corceles,
hasta encontrarse en un centellante estruendo con el mar eterno
Millones de cristales de agua y cielo, emergen extasiados,
escapando hacia las alturas y se arremolinan en el paisaje
en desordenados y oscuros trazos de edredones azules, blancos y verdes...
Grises guardianes de roca lanzan un nuevo llamado
y los Anemois acuden a su encuentro,
arrastrando las aguas y los cristales con ellos,
se enfrentan en explosiones de luces y sombras, aires, agua y roca,
ascienden entre los recovecos para encontrarse en las alturas
un verde y ondulante valle
Los Anemois, hayan en aquel valle del silencio, la quietud y la paz..,
ahora con la suavidad de un susurro, r
ecorren acariciando la hierba y las flores, disolviéndose entre ellas,
se dispersan, se funden entre los recovecos del paisaje,
se integran en un solo conjunto de seres y energías
Mientras que en el alto cielo ahora las nubes detienen su danza
y pequeñas gotas de agua comienzan a bañar el valle
en un sutil y mágico tintineo, el valle se envuelve en brumas
Los Anemois ahora yacen en el todo...
y esperan hasta que la Dama de los tiempos se alce nuevamente en el infinito
e invocando sus nombres, les conjure a cabalgar una vez más,
por la verde y eterna tierra.
©Anahanis