La blanca barca con su par de remos
en la arena esperaba sonreída;
el cielo contemplaba aquella cita
en la límpida alfombra del río azul.
La canoa zarpaba sin remeros
porque un solo ser estaba en ella;
fundidas en un soplo las dos almas,
dos cuerpos en un mismo corazón.
Se dejaron llevar por la corriente
lentamente hacia el mar, mirándose uno
en el ardiente espejo de los besos,
cautivos de infinita sed de amar.
En su mundo intangible de caricias,
en su propio universo sin palabras,
se entregaron su vida mutuamente,
se incendiaron de insólita pasión.
El cortejo, festivo confidente,
de la naturaleza con el sol,
alegre y complaciente, celebraron
en la divina humana comunión.
El clima se detuvo pensativo,
el viento se calmó y se hizo melodía;
las orillas se inclinaron reverentes
ante esas almas deseosas de volar.
Llegaron extasiados al océano,
olvidados del tiempo y las mareas,
salidos del ignoto paraíso,
ya despiertos de su sueño de amor.
en la arena esperaba sonreída;
el cielo contemplaba aquella cita
en la límpida alfombra del río azul.
La canoa zarpaba sin remeros
porque un solo ser estaba en ella;
fundidas en un soplo las dos almas,
dos cuerpos en un mismo corazón.
Se dejaron llevar por la corriente
lentamente hacia el mar, mirándose uno
en el ardiente espejo de los besos,
cautivos de infinita sed de amar.
En su mundo intangible de caricias,
en su propio universo sin palabras,
se entregaron su vida mutuamente,
se incendiaron de insólita pasión.
El cortejo, festivo confidente,
de la naturaleza con el sol,
alegre y complaciente, celebraron
en la divina humana comunión.
El clima se detuvo pensativo,
el viento se calmó y se hizo melodía;
las orillas se inclinaron reverentes
ante esas almas deseosas de volar.
Llegaron extasiados al océano,
olvidados del tiempo y las mareas,
salidos del ignoto paraíso,
ya despiertos de su sueño de amor.
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