Antonio González
Poeta recién llegado
[SIZE=+1]Miraba por la ventanilla,
y veía los campos agostados,
amarillentos por la canícula.
Las hojas de los árboles
agitadas por el seco viento,
se movían como crines
de enjutos caballos verdes,
ralas y desordenadas.
A la par que ellas, yo me mecía
con el traqueteante runrún
de aquella metálica caja
en la que viajaba
rodeado por una muchedumbre,
inmersa en sus pensamientos,
tal y como yo me hallaba,
pero a la vez solo, como ellos.
Un castillo en lontananza
daba la nota romántica.
¿Cuántas historias entre sus muros?.
¿Cuántas historias jamás contadas,
que al igual que la mías
y las de la gente que en mi viaje
sin estar conmigo me acompañaba,
jamás nadie sabría,
pues nadie hubiera que las contara?.
Siguió mi viaje a ninguna parte,
al mismo sitio que íbamos todos,
sin que hubiera paradas donde bajarse,
hasta haber completado por entero
el mismo y diferente viaje
que nos llevaba a estar juntos,
compartiendo nuestro equipaje
el mismo lugar con el de los otros,
pero jamás mezclados, sin juntarse.
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y veía los campos agostados,
amarillentos por la canícula.
Las hojas de los árboles
agitadas por el seco viento,
se movían como crines
de enjutos caballos verdes,
ralas y desordenadas.
A la par que ellas, yo me mecía
con el traqueteante runrún
de aquella metálica caja
en la que viajaba
rodeado por una muchedumbre,
inmersa en sus pensamientos,
tal y como yo me hallaba,
pero a la vez solo, como ellos.
Un castillo en lontananza
daba la nota romántica.
¿Cuántas historias entre sus muros?.
¿Cuántas historias jamás contadas,
que al igual que la mías
y las de la gente que en mi viaje
sin estar conmigo me acompañaba,
jamás nadie sabría,
pues nadie hubiera que las contara?.
Siguió mi viaje a ninguna parte,
al mismo sitio que íbamos todos,
sin que hubiera paradas donde bajarse,
hasta haber completado por entero
el mismo y diferente viaje
que nos llevaba a estar juntos,
compartiendo nuestro equipaje
el mismo lugar con el de los otros,
pero jamás mezclados, sin juntarse.
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