DEJAVU
Poeta adicto al portal
[center:5cad729eb8]Sentado en su silla, su pensamiento se pierde,
se pierde en la lejanía de su mirada,
pero sin dejar apagar la leve sonrisa
de la cual todavía es capaz.
Sus débiles manos reposan sobre sus piernas
como haciéndoles saber que ya pueden descansar,
que la jornada ha acabado y solo resta el pensar.
Aún cuando respira parece dar gracias,
como si poniéndole valor al aire.
Casi no escucha los pajarillos,
sin embargo en su mente encuentra las cintas
de cada bella canción.
Casi no puede ver la luna al oscurecer,
mas su brillo está impregnado en su corazón;
y aunque talvez no pueda gritarle a los vientos,
el solo susurro de su voz desata su inigualable paz.
Sentado en su silla esta el viejo,
recordando día a día su alegría y su melancolía,
meciendo su historia escrita en pedazos,
el viejo que deja en palabras sus calurosos abrazos,
sus mañanas, tardes y sus ocasos...
Como quisiera algún día ser ese viejo,
en mi mente vivirá su retrato.
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se pierde en la lejanía de su mirada,
pero sin dejar apagar la leve sonrisa
de la cual todavía es capaz.
Sus débiles manos reposan sobre sus piernas
como haciéndoles saber que ya pueden descansar,
que la jornada ha acabado y solo resta el pensar.
Aún cuando respira parece dar gracias,
como si poniéndole valor al aire.
Casi no escucha los pajarillos,
sin embargo en su mente encuentra las cintas
de cada bella canción.
Casi no puede ver la luna al oscurecer,
mas su brillo está impregnado en su corazón;
y aunque talvez no pueda gritarle a los vientos,
el solo susurro de su voz desata su inigualable paz.
Sentado en su silla esta el viejo,
recordando día a día su alegría y su melancolía,
meciendo su historia escrita en pedazos,
el viejo que deja en palabras sus calurosos abrazos,
sus mañanas, tardes y sus ocasos...
Como quisiera algún día ser ese viejo,
en mi mente vivirá su retrato.
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