Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
El vientre de la Tierra se nutre de sus hijos
de sus debilidades y oscuras espinas
de esa repetición que parece tan corriente
sin serlo, sin tanto rojo y nada escrupulosa.
No hay color que se resista al golpe de la piedra parturienta
con todas esas manchas sobre los manteles que no visten festejos
y toda esa tierra que se alimenta de inseguridades,
del asesino que deja huellas en la nieve
menos virginales de lo que aparentan en principio.
Eso es todo;
los productos del desecho de una digestión pesada
no se perciben a simple vista,
se entremezclan con el aire,
cubren las espaldas en la huida,
son bocetos de un cuerpo desmembrado
que se creyó Dios repetidas veces.
El vientre de la Tierra cumple su misión de ser cosecha,
el mal en la raíz no se controla el hambre,
la sed lo desborda todo sin contemplaciones.