danie
solo un pensamiento...
Hoy traigo al recuerdo la tensón del vino. Esta misma fue propuesta por “Chu” (Vicente Moret) el 5 de octubre del 2014, pero como yo en ese tiempo no andaba por el foro de las tensones expongo mi poema ahora, obviamente respetando el mismo orden cíclico. No sé si se pueda hacer, ya que pasó tiempo desde aquella propuesta, pero este tema me gusta y quisiera compartirlo con ustedes; obviamente que si no se puede publicar sólo me tienen que avisar e inmediatamente lo borro del foro.
Un abrazo grande a todos.
...
Un abrazo grande a todos.
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Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia/
Como si esta ya fuera ceniza en la memoria”
(Jorge Luis Borges)
Como si esta ya fuera ceniza en la memoria”
(Jorge Luis Borges)
Elixir de abriles.
Sangre vertida del cáliz del óleo santo.
Lágrimas dulces de un cielo de ángeles
o de las entrañas del hijo redentor
de todos nuestros viles pecados.
Ofrézcame su vino, compadre;
el río palpitante del mundo
que tiñe de púrpura las pálidas mejillas
y salpica con mareas juerguistas
los íntimos instintos.
Hoy quiero ser un soñador libertino
y embriagarme con las copas fértiles
que pervierten al santulón o al incauto.
Hoy quiero sentarme en la mesa
y beber hasta el hartazgo
mientras platicamos del desamor
y el quebranto.
Ofrézcame su vino, compadre;
y hablemos también del compañerismo,
de esos que se la dan de amigos
y usan caretas para apuñalarnos
sin ninguna culpa ni espanto.
Ofrézcame su vino, compadre;
y veamos emancipar la pena,
apreciemos las espinas, las espuelas,
las cicatrices de nuestros dolidos cantos.
Penetremos de una vez en la savia del delirio,
en los oscuros racimos de la vid y su utopía;
lleguemos hasta la guarida de Dionisio
para la danza frenética y desnuda
del cuerpo enervado y sus sudarios.
Ofrézcame su vino, compadre;
y bebamos de nuestra inconsciencia
bajo el regazo de las afables prostitutas
mientras se cloroformizan los grises años.
Sangre vertida del cáliz del óleo santo.
Lágrimas dulces de un cielo de ángeles
o de las entrañas del hijo redentor
de todos nuestros viles pecados.
Ofrézcame su vino, compadre;
el río palpitante del mundo
que tiñe de púrpura las pálidas mejillas
y salpica con mareas juerguistas
los íntimos instintos.
Hoy quiero ser un soñador libertino
y embriagarme con las copas fértiles
que pervierten al santulón o al incauto.
Hoy quiero sentarme en la mesa
y beber hasta el hartazgo
mientras platicamos del desamor
y el quebranto.
Ofrézcame su vino, compadre;
y hablemos también del compañerismo,
de esos que se la dan de amigos
y usan caretas para apuñalarnos
sin ninguna culpa ni espanto.
Ofrézcame su vino, compadre;
y veamos emancipar la pena,
apreciemos las espinas, las espuelas,
las cicatrices de nuestros dolidos cantos.
Penetremos de una vez en la savia del delirio,
en los oscuros racimos de la vid y su utopía;
lleguemos hasta la guarida de Dionisio
para la danza frenética y desnuda
del cuerpo enervado y sus sudarios.
Ofrézcame su vino, compadre;
y bebamos de nuestra inconsciencia
bajo el regazo de las afables prostitutas
mientras se cloroformizan los grises años.
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