MARCO A. C. C.
Poeta recién llegado
Me enamoré una o dos veces antes de conocerte.
Miré las estrellas buscando la infinidad.
Escribí cien cartas antes de besarte.
Y sin embargo, la vida me daba igual.
Lloré por mujeres sin tener motivos.
Me enjugué lágrimas, llenándome de rabia.
Bebí botellas del más amargo vino.
Y pasé noches enteras esperando una llamada.
Me enamoré, una, dos, tres y más de un centenar.
No encontré la infinidad mirando las estrellas.
El vino me seguía sabiendo amargo.
Y sin embargo, pude enamorarme de ella.
Porque cada día me enamora más de un centenar de veces.
Y en sus ojos encontré la infinidad.
Porque cada beso volvió amargo a los vinos más dulces.
Y mi vida jamás, volverá a hacer igual.
Me da los motivos para escribir cien cartas.
Me da las razones para poderla amar.
Le escribo poemas cada mañana.
Y sin embargo, no cesa esta necesidad.
Quiero que sepa que la amo.
De mil y un maneras incoherentes.
Que cada noche espero su llamado.
Y que el vino, me sabe diferente.
Miré las estrellas buscando la infinidad.
Escribí cien cartas antes de besarte.
Y sin embargo, la vida me daba igual.
Lloré por mujeres sin tener motivos.
Me enjugué lágrimas, llenándome de rabia.
Bebí botellas del más amargo vino.
Y pasé noches enteras esperando una llamada.
Me enamoré, una, dos, tres y más de un centenar.
No encontré la infinidad mirando las estrellas.
El vino me seguía sabiendo amargo.
Y sin embargo, pude enamorarme de ella.
Porque cada día me enamora más de un centenar de veces.
Y en sus ojos encontré la infinidad.
Porque cada beso volvió amargo a los vinos más dulces.
Y mi vida jamás, volverá a hacer igual.
Me da los motivos para escribir cien cartas.
Me da las razones para poderla amar.
Le escribo poemas cada mañana.
Y sin embargo, no cesa esta necesidad.
Quiero que sepa que la amo.
De mil y un maneras incoherentes.
Que cada noche espero su llamado.
Y que el vino, me sabe diferente.
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