PoetaJC
Poeta recién llegado
Vestía gabardina negra con sus botas negras
y tocaba en una calle peatonal.
Con su sombrero negro de ala corta
y un pañuelo negro cubriéndole la boca.
Tocaba con un violín negro
que no tenía cuerdas.
Porque era de las
cuerdas de su alma
de donde salía su notas.
Sonaba el amor
que un día cayó de sus labios
para navegar en un charco de lágrimas
y espejos.
Era una melodía triste
que se encaramaba a tu alma
como los besos a la mañana.
No pedía dinero, no pedía sonrisas.
Sólo silencio.
Ni siquiera los muertos
se atrevían a arrastrar sus huesos.
Ni siquiera el viento
se atrevía a mover sus labios
esparcidos en hojas secas por el suelo.
Ni siquiera yo abrí los ojos
al recordar sus besos
al volver a sentir su cuerpo.
© J.C. Luzardo
y tocaba en una calle peatonal.
Con su sombrero negro de ala corta
y un pañuelo negro cubriéndole la boca.
Tocaba con un violín negro
que no tenía cuerdas.
Porque era de las
cuerdas de su alma
de donde salía su notas.
Sonaba el amor
que un día cayó de sus labios
para navegar en un charco de lágrimas
y espejos.
Era una melodía triste
que se encaramaba a tu alma
como los besos a la mañana.
No pedía dinero, no pedía sonrisas.
Sólo silencio.
Ni siquiera los muertos
se atrevían a arrastrar sus huesos.
Ni siquiera el viento
se atrevía a mover sus labios
esparcidos en hojas secas por el suelo.
Ni siquiera yo abrí los ojos
al recordar sus besos
al volver a sentir su cuerpo.
© J.C. Luzardo
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