Ismael López
Poeta recién llegado
Con las manos que lloran fatiga
señaladas por el paso del tiempo,
acaricia con maestra sutileza
las curvas de su amado instrumento.
Sus ropas lucen raídas y gastadas.
Su rostro, es pura derrota,
mas su violín está impecable,
como el susurro de cada nota.
¡Mírenlo! Es el olvidado
tocando arpegios de dolor.
Hilvanado con la cuerdas del violín
cada retal de su corazón.
¡Mírenlo! ¡Es el olvidado!
Que con maestría de los dioses del Olimpo,
toca la elegía de su entierro,
pero todos aplaudirán al maestro de orquesta
y nadie Al gran violinista del metro.
(Ismael López, "Ísver")