F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Subidos en la vida, cruzamos un sendero
sin que nos demos cuenta mientras vamos creciendo.
Pero menos se aprecia si marchamos falderos
al calor de los padres… y, además, divirtiendo.
La vida “es un instante” a lo largo del tiempo
y aunque parezca mucho… es simplemente un rato
lo que dura una vida: es tan sólo un momento
y, para el Universo, apenas si es un rayo.
Van creciendo los hijos un poco cada día
hasta independizarse. Después, se olvidarán
de sus fieles amigos, con los que discutían,
con los que ellos jugaban… y apenas se verán
Igual es con los padres, ya casi les estorban.
Sus nuevos compromisos, -sus nuevos familiares-
les obligan romper el lastre de su alforja
tras levantar el vuelo del nido de sus padres.
Tienen ya obligaciones diferentes en todo:
ostentan el poder, son también responsables
del hogar que han construido… con criterios ya propios…
No precisan consejos… ni abrazos maternales.
Soportan raramente algún punto de vista
que huela a cariñoso de su preciosa madre,
y menos si él entiende que nace como crítica
de algún comportamiento que estima… insoportable.
Los padres son conscientes que sus vidas se acaban
cuando sus hijos vuelan buscando otros aleros.
Es la Ley que se impone como aves que alcanzan
fortaleza en sus alas y el vigor de sus cuerpos
¿Qué les queda a los padres cuando sus hijos vuelan?
Rememorar la etapa anterior de sus vidas:
recuerdos, ilusiones, alegrías, tristezas…
añorando a los hijos… y desechando heridas.
En esta última etapa los padres quedan solos,
caminan muy despacio, se entienden sin hablar,
porque el amor palpita a través de sus ojos
y temen en silencio… la vida en soledad.
sin que nos demos cuenta mientras vamos creciendo.
Pero menos se aprecia si marchamos falderos
al calor de los padres… y, además, divirtiendo.
La vida “es un instante” a lo largo del tiempo
y aunque parezca mucho… es simplemente un rato
lo que dura una vida: es tan sólo un momento
y, para el Universo, apenas si es un rayo.
Van creciendo los hijos un poco cada día
hasta independizarse. Después, se olvidarán
de sus fieles amigos, con los que discutían,
con los que ellos jugaban… y apenas se verán
Igual es con los padres, ya casi les estorban.
Sus nuevos compromisos, -sus nuevos familiares-
les obligan romper el lastre de su alforja
tras levantar el vuelo del nido de sus padres.
Tienen ya obligaciones diferentes en todo:
ostentan el poder, son también responsables
del hogar que han construido… con criterios ya propios…
No precisan consejos… ni abrazos maternales.
Soportan raramente algún punto de vista
que huela a cariñoso de su preciosa madre,
y menos si él entiende que nace como crítica
de algún comportamiento que estima… insoportable.
Los padres son conscientes que sus vidas se acaban
cuando sus hijos vuelan buscando otros aleros.
Es la Ley que se impone como aves que alcanzan
fortaleza en sus alas y el vigor de sus cuerpos
¿Qué les queda a los padres cuando sus hijos vuelan?
Rememorar la etapa anterior de sus vidas:
recuerdos, ilusiones, alegrías, tristezas…
añorando a los hijos… y desechando heridas.
En esta última etapa los padres quedan solos,
caminan muy despacio, se entienden sin hablar,
porque el amor palpita a través de sus ojos
y temen en silencio… la vida en soledad.
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