(a Gabriela Guerrero)
Partiste muchacha de ojos tristes,
con tu carita pálida,
tu corazón agotado
y tus alitas rotas.
Nos dejaste desolados,
todo desconcierto,
remordidos en el llanto.
¿Quién tuvo el poder de llevarte?
Cuando había tanto por delante,
tanto abrazo postergado,
tantos besos ilusionados.
Te fuiste de blanco,
con tus ojazos cerrados,
no quisiste mirar la tragedia,
nuestro espanto loco,
nuestras almas retaceadas.
Más…
no estés triste ángel,
deja las penas a nuestro regazo…
y cumple tu misión celestial
con tu carruaje azul,
y tus alas ya robustas
que superan toda herida.
Levanta el vuelo más alto,
hasta rozar las estrellas…
las más lejanas,
morada de tu enorme corazón,
de tu coraje sin límite
y de tu amor maternal,
que estalla en el pecho de tus querubines.
Quedan con buenas mieses,
en paternas y abuelas manos.
Ángel nuestro,
descansa en paz,
te encontraremos siempre
en las tiernas sonrisas…
de tus hijos
y de todos los niños del mundo.
Adiós muchacha guerrera…
Partiste muchacha de ojos tristes,
con tu carita pálida,
tu corazón agotado
y tus alitas rotas.
Nos dejaste desolados,
todo desconcierto,
remordidos en el llanto.
¿Quién tuvo el poder de llevarte?
Cuando había tanto por delante,
tanto abrazo postergado,
tantos besos ilusionados.
Te fuiste de blanco,
con tus ojazos cerrados,
no quisiste mirar la tragedia,
nuestro espanto loco,
nuestras almas retaceadas.
Más…
no estés triste ángel,
deja las penas a nuestro regazo…
y cumple tu misión celestial
con tu carruaje azul,
y tus alas ya robustas
que superan toda herida.
Levanta el vuelo más alto,
hasta rozar las estrellas…
las más lejanas,
morada de tu enorme corazón,
de tu coraje sin límite
y de tu amor maternal,
que estalla en el pecho de tus querubines.
Quedan con buenas mieses,
en paternas y abuelas manos.
Ángel nuestro,
descansa en paz,
te encontraremos siempre
en las tiernas sonrisas…
de tus hijos
y de todos los niños del mundo.
Adiós muchacha guerrera…
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