Él y Ella

PERLADELMAR

Poeta fiel al portal
Él camina por las calles con el corazón lleno de ausencias,
como si cada adoquín guardara la memoria de su nombre.
Los pájaros que cruzan el cielo
le parecen cartas no enviadas,
palabras que ella dejó flotando en el aire,
palabras que todavía arden como brasas en su pecho.

Ella, mientras tanto, siente su nombre como un temblor en los labios,
una sílaba que se esconde entre suspiros.
En cada noche lo busca —sin buscarlo—,
como quien tantea la forma de un sueño ya gastado.

No tiene más que su sombra y, aun así, la comparte con ella.
Cuando la nombra, el mar se inquieta.
Cuando la sueña, los relojes se detienen
y el tiempo se escurre como agua de lluvia sobre la ventana.

Ella le escribe sin tinta, en el aire tibio de su sol,
y le habla al vacío con la fe de los que esperan lo imposible.
Hay días en que jura haberlo visto pasar por su ventana,
y otros en que solo la visitan sus ecos.

Ella es la respiración que falta cuando despierta,
el perfume escondido en la ropa limpia,
la promesa que no se marchita aunque se marchen las estaciones.

El es el verde luna esmeralda
y le busca en la risa de los niños,
en la fatiga de las tardes largas,
en el silencio que se clava como aguja en el alma.

Y aunque el tiempo los arrastre por orillas distintas,
sus almas se rozan en la existencia como dos luciérnagas tardías.
No hay distancia que apague lo que no pertenece al mundo,
porque el amor, cuando es verdad, no muere: se disfraza de ausencia.

Todo lo demás es prestado,
el mundo entero es apenas un decorado
donde la única verdad posible
es la certeza de que ella y él —solo ellos—
han sido, son, y serán
su único destino.
 
Última edición:
Él camina por las calles con el corazón lleno de ausencias,
como si cada adoquín guardara la memoria de su nombre.
Los pájaros que cruzan el cielo
le parecen cartas no enviadas,
palabras que ella dejó flotando en el aire,
palabras que todavía arden como brasas en su pecho.

No tiene más que su sombra y, aun así, la comparte con ella.
Cuando la nombra, el mar se inquieta.
Cuando la sueña, los relojes se detienen
y el tiempo se escurre como agua de lluvia sobre la ventana.

Ella es la respiración que falta cuando despierta,
el perfume escondido en la ropa limpia,
la promesa que no se marchita aunque se marchen las estaciones.

Él la busca en la risa de los niños,
en la fatiga de las tardes largas,
en el silencio que se clava como aguja en el alma.

Todo lo demás es prestado,
el mundo entero es apenas un decorado
donde la única verdad posible
es la certeza de que ella —solo ella—
ha sido, es, y será
su único destino.
El amor tiene una capacidad trascendental que sobrepasa la muerte y la distancia.

Saludos
 
El amor tiene una capacidad trascendental que sobrepasa la muerte y la distancia.

Saludos

Así es…estimado Alde,
El amor auténtico pertenece a otra dimensión: no se disuelve con la muerte ni se fragmenta en la distancia, porque trasciende lo visible y se convierte en esencia.

Gracias por tomarte el tiempo de leer y dejar tu huella en estas palabras.

La Perla
 
Un excelente poema dialogado nos compartes reflejando el gran amor que los rodea en todo momento, complementado por buena imágenes y metáforas, un disfrute para el lector.

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"es la certeza de que ella y él —solo ellos—
han sido, son, y serán
su único destino."

Exactamente para los enamorados, el mundo es un decorado, solo existe la persona amada.
bellas metáforas.
 

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