dark-maiden
Poeta fiel al portal
El camino se bifurcó en dos,
dos clavos de hierro en mi camino como caídos
del eterno devenir me arrastraron hasta el pozo de las
aguas que contienen el lenguaje de los grafitos.
Kilómetros bajo mis ojos se esparcieron
como dos halcones que vuelan en busca de cerros.
Una mirada furtiva entre los matorrales.
Era demasiado tarde para discernir los sueños del éter.
Olvidé el idioma de los muros de cemento.
Aprendí a escuchar las melodías de las cañas del río.
A veces hay que hacer un esfuerzo por intentar esfumarse
entre los susurros de los estratos paleolíticos.
Volví a mis raíces, en medio de un río que tan sólo
limos transportaba, un suspiros
y llantos consumidos.
Así es nuestra vida, un intenso discurrir
Así es nuestra muerte, un milisegundo antes de que
los cielos descarguen su rabia contra las rocas
¡Tú no eres digna de ser partícipe de sentarte en mesas de oro!
Admití aquellas palabras con resignación,
pero no con indignación.
Hay que saber asegurarse una palabra de amor para
aquellos corazones que sólo entienden de abalorios.
¿Cómo admitir que mi psique no se encontraba en
la misma unidad estratigráfica que la de aquellas
tribus que consideraban que el viento no tenía nada
que decirles?
Si mi devoción no fuese pura,
me habría arrojado a la pira funeraria
para honrar con mis huesos a los dioses
de la naturaleza.
Mas yo quise seguir indagando,
con el cincel en la mano seguí golpeando
el suelo que se extendía como una grieta herida.
Algún día bebería de los vasos campaniformes.
Algún día negaría la entrada a mi poblado a quienes me dieron
bronce cuando tenían rubíes.
Algún día cuidaría el fuego de las vestales.
Mientras divagaba apareció una cueva ante mí,
en medio de un yacimiento de pastos y riachuelos.
Pongo punto final a mis ideas, sólo quiero apoyar
mi cabeza sobre un lecho lítico y sentir que la vida
me ofrece la oportunidad de sentir que tan sólo soy
una partícula en medio del cosmos.
dos clavos de hierro en mi camino como caídos
del eterno devenir me arrastraron hasta el pozo de las
aguas que contienen el lenguaje de los grafitos.
Kilómetros bajo mis ojos se esparcieron
como dos halcones que vuelan en busca de cerros.
Una mirada furtiva entre los matorrales.
Era demasiado tarde para discernir los sueños del éter.
Olvidé el idioma de los muros de cemento.
Aprendí a escuchar las melodías de las cañas del río.
A veces hay que hacer un esfuerzo por intentar esfumarse
entre los susurros de los estratos paleolíticos.
Volví a mis raíces, en medio de un río que tan sólo
limos transportaba, un suspiros
y llantos consumidos.
Así es nuestra vida, un intenso discurrir
Así es nuestra muerte, un milisegundo antes de que
los cielos descarguen su rabia contra las rocas
¡Tú no eres digna de ser partícipe de sentarte en mesas de oro!
Admití aquellas palabras con resignación,
pero no con indignación.
Hay que saber asegurarse una palabra de amor para
aquellos corazones que sólo entienden de abalorios.
¿Cómo admitir que mi psique no se encontraba en
la misma unidad estratigráfica que la de aquellas
tribus que consideraban que el viento no tenía nada
que decirles?
Si mi devoción no fuese pura,
me habría arrojado a la pira funeraria
para honrar con mis huesos a los dioses
de la naturaleza.
Mas yo quise seguir indagando,
con el cincel en la mano seguí golpeando
el suelo que se extendía como una grieta herida.
Algún día bebería de los vasos campaniformes.
Algún día negaría la entrada a mi poblado a quienes me dieron
bronce cuando tenían rubíes.
Algún día cuidaría el fuego de las vestales.
Mientras divagaba apareció una cueva ante mí,
en medio de un yacimiento de pastos y riachuelos.
Pongo punto final a mis ideas, sólo quiero apoyar
mi cabeza sobre un lecho lítico y sentir que la vida
me ofrece la oportunidad de sentir que tan sólo soy
una partícula en medio del cosmos.
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