Nommo
Poeta veterano en el portal
Presiento que eres mía, desde tiempo inmemorial.
Pero te acostumbraste a vivir con una cruz a cuestas.
En procesión, por la avenida principal de la ciudad.
Avanzas, sollozando y lamentando tu existencia heroica y sojuzgada, a la par.
Como si la gente no tuviera piedad de los pobres huérfanos y mendigos, que hay en cada rincón.
Sin embargo, escuché tus alabanzas, una mañana de lluvia.
Tocabas el tambor y la guitarra, con tus dedos sobrios.
También, la armónica y el arpa, con los dedos de los pies.
Soplabas y eras mujer orquesta, dinámica, ¿ Lo ves ?
No me lo creía del todo. No salgo de mi asombro. A esta mujer debo tocarle el hombro.
Me digo, y me acerco a vos. Con mi cenicero en la cabeza, en señal de respeto.
Me miraste de reojo; y eso que me camuflé, detrás de un seto de cipreses.
Luego, imité el baile del borracho, que vacila, haciendo eses.
A tus pies me postré, y te arrodillaste ante mí, mas yo me tumbé, para que socorrieras al caído.
Y los dos, electrizados, anduvimos con los pelos de punta, por las calles, chispeando por las orejas.
Terminamos la jornada, tras las rejas.
Nos detuvo un agente de Policía.
Por los rayos, truenos y relámpagos que provocábamos, a cada paso que dábamos.
Y es que soy el señor Corriente Alterna.
Por eso, en la celda de prisión, me zambullo entre tus piernas.
Pero te acostumbraste a vivir con una cruz a cuestas.
En procesión, por la avenida principal de la ciudad.
Avanzas, sollozando y lamentando tu existencia heroica y sojuzgada, a la par.
Como si la gente no tuviera piedad de los pobres huérfanos y mendigos, que hay en cada rincón.
Sin embargo, escuché tus alabanzas, una mañana de lluvia.
Tocabas el tambor y la guitarra, con tus dedos sobrios.
También, la armónica y el arpa, con los dedos de los pies.
Soplabas y eras mujer orquesta, dinámica, ¿ Lo ves ?
No me lo creía del todo. No salgo de mi asombro. A esta mujer debo tocarle el hombro.
Me digo, y me acerco a vos. Con mi cenicero en la cabeza, en señal de respeto.
Me miraste de reojo; y eso que me camuflé, detrás de un seto de cipreses.
Luego, imité el baile del borracho, que vacila, haciendo eses.
A tus pies me postré, y te arrodillaste ante mí, mas yo me tumbé, para que socorrieras al caído.
Y los dos, electrizados, anduvimos con los pelos de punta, por las calles, chispeando por las orejas.
Terminamos la jornada, tras las rejas.
Nos detuvo un agente de Policía.
Por los rayos, truenos y relámpagos que provocábamos, a cada paso que dábamos.
Y es que soy el señor Corriente Alterna.
Por eso, en la celda de prisión, me zambullo entre tus piernas.
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