Ivan Molina
Poeta recién llegado
Hace tiempo que no miro mi ombligo,
que no soy el centro del universo,
que ya no contemplo esa corrida
o mar rebosante de agua salada
con unos diminutos peces rondando sus esquinas:
hijos futuros condenados al wáter.
Hace tiempo que no me pierdo
por el extenso campo de pelusas,
por el profundo desierto
de malditas-bolas-rodantes-que-nadie-sabe-cómo-se-llaman
pero son barrillas.
Hace tiempo que no me olvido
en esta cicatriz que no duele,
en esta primera herida de la vida,
en esta marca del rebaño de toda una raza.
Hace tiempo que no miro mi ombligo
y, ya ves, qué vital ironía:
hace tiempo que no soy el centro de nada
ahora que estoy indiscutiblemente solo.
que no soy el centro del universo,
que ya no contemplo esa corrida
o mar rebosante de agua salada
con unos diminutos peces rondando sus esquinas:
hijos futuros condenados al wáter.
Hace tiempo que no me pierdo
por el extenso campo de pelusas,
por el profundo desierto
de malditas-bolas-rodantes-que-nadie-sabe-cómo-se-llaman
pero son barrillas.
Hace tiempo que no me olvido
en esta cicatriz que no duele,
en esta primera herida de la vida,
en esta marca del rebaño de toda una raza.
Hace tiempo que no miro mi ombligo
y, ya ves, qué vital ironía:
hace tiempo que no soy el centro de nada
ahora que estoy indiscutiblemente solo.