Elegía
No puede
el buitre desdibujar un terruño
y convencernos en la felonía de dogmatizar fusil por beso,
no puede
vivir impune en la bulimia nutrida de muertes,
en la coartada sin respeto, en la patada de las balas
y eructar en los infiernos que prefabricó
Carnicero de misa y olla en el metal de la vasija
donde se cuecen mechas vomitadas con las manos,
luces cegadoras
que abrasarán los ojos de los hombres, hombres
que quisieron ser hombres sin la sangre reseca,
y luz y tiempo y lumbre.
¿En qué humo mirar donde solo huele a muerte
la paz que suda entre tarugos y trincheras?
No puedo
zurcir el valor de la existencia, los brazos desanclados,
el eco donde se encallece la lágrima.
No puedo comprender
que no levantaré para mis hijos un sol sin armas,
un cielo de hombres nuevos,
una sonrisa en los ojos
y una rebanada de pan sin amargura
que rebane el tiempo donde todo se pone en duda
¡total nadie es nadie!
¿Dios, en que puerta estabas
cuando Satanás se vistió de frack?
No puede
el buitre desdibujar un terruño
y convencernos en la felonía de dogmatizar fusil por beso,
no puede
vivir impune en la bulimia nutrida de muertes,
en la coartada sin respeto, en la patada de las balas
y eructar en los infiernos que prefabricó
Carnicero de misa y olla en el metal de la vasija
donde se cuecen mechas vomitadas con las manos,
luces cegadoras
que abrasarán los ojos de los hombres, hombres
que quisieron ser hombres sin la sangre reseca,
y luz y tiempo y lumbre.
¿En qué humo mirar donde solo huele a muerte
la paz que suda entre tarugos y trincheras?
No puedo
zurcir el valor de la existencia, los brazos desanclados,
el eco donde se encallece la lágrima.
No puedo comprender
que no levantaré para mis hijos un sol sin armas,
un cielo de hombres nuevos,
una sonrisa en los ojos
y una rebanada de pan sin amargura
que rebane el tiempo donde todo se pone en duda
¡total nadie es nadie!
¿Dios, en que puerta estabas
cuando Satanás se vistió de frack?