albin lainez
Poeta recién llegado
Se deslizó hacia el valle, donde su casa destacaba con la pequeña chimenea humeando entre árboles de guardia. Sonreía, mecido por la brisa del otoño en suspensión, deleitándose con el paisaje, varios metros debajo suyo.
Descendió en la galería de acceso, donde esperaba su esposa, ataviada hoy con ropas de árbol. -¿Y el pan?- inquirió como de lejos la etérea mujer. Él rebuscó en la mochila y le entregó la bolsa de comprar. -Está mojado-, reprochó ella sin enojo. Encogiéndose de hombros y caminando hacia el lavado, él respondió: -no pude evitar la cola de una tormenta súbita que entorpecía el libre tránsito, con humedad pa qué te cuento-
Lo cierto es que no quiso perder la oportunidad de impregnarse con el vértigo de agua que una tardía nube azul cargaba contra todo pronóstico.
foto= Graciela Vecchiato
Descendió en la galería de acceso, donde esperaba su esposa, ataviada hoy con ropas de árbol. -¿Y el pan?- inquirió como de lejos la etérea mujer. Él rebuscó en la mochila y le entregó la bolsa de comprar. -Está mojado-, reprochó ella sin enojo. Encogiéndose de hombros y caminando hacia el lavado, él respondió: -no pude evitar la cola de una tormenta súbita que entorpecía el libre tránsito, con humedad pa qué te cuento-
Lo cierto es que no quiso perder la oportunidad de impregnarse con el vértigo de agua que una tardía nube azul cargaba contra todo pronóstico.
foto= Graciela Vecchiato