Tengo ganas
de que un día cualquiera
se te pinte la boca
y te me vengas en cueros,
que cerraras por dentro
la puerta entreabierta
por donde huiste
de mi avergonzada,
y la otra mitad
de este vaso medio lleno
formateara los años
con que me vuelvo ajeno.
Ganas no precisamente
de tu belleza intacta
como un día cualquiera
encendida y lozana,
ni de tus ojos pardos,
ni de tu pelo-brisa,
ganas sino del enojo
con que me trituraste la vida
aquella noche entre tus piernas
antes de emprender la huida,
de tu labio grueso besador
y entumecido,
de mi boca mordida,
de mi espalda rota,
de tu furia innata
Ganas de aquella ira etílica
heredada como la inercia,
de la persiana en juerga
de tu aliento como tormenta
y de mi nombre
enclaustrado con un te amo
entre cataclismos y dientes
con tu brazo-lazo
contra mi cuello franco.
Debieras de venir un día
con esa furia tuya
de matar la vida
con un orgasmo
y clavarla en cruz
entre llanto y llanto,
de madrugada y por asalto,
mediando la sombría estela
del opio con que te fui
multiplicando;
cálido nitrato de tu piel
atormentada como la cepa
convertida en duelo
y envasada en verso,
así, frenética como el vino
coagulado en la memoria
debieras de llegar
con tu rabia de estropajo troyano
y asesinar esta herida
de una vez por todas
y dejar que al amor
se le vaya el rastro;
furibunda como baba
de tierra encendida, encolerizada
con tu pezón zarpazo flecha bomba
y en la cara de mi lengua
detonar la tierra.
Debieras de beber
este vaso medio lleno
y dejarlo seco
definitivamente