aterlux
Poeta recién llegado
Te regalé un pañuelo de espinas,
ropas blancas para el entierro,
y un reloj para apresar el tiempo.
Exprimo tus lágrimas de sangre,
mis manos lastimadas te ofrendan al mundo:
ya no eres mía,
nunca más lo serás
(¿acaso alguna vez lo has sido?)
Las agujas
incapaces de contener los bríos del tiempo,
cuando al fin,
cansadas,
cedan,
todos los días regresarán
con la delicada brisa de verano
para esparcir las cenizas del mundo.