Ella abría las mañanas del sur,
las incontables garúas
que se acostaban en mis pupilas
cuando atravesaban mi rostro
menudas gaviotas al son de silencios
y tardías palabras que no he vuelto a ver.
A mis polvorientas poesías bajaba
sumiéndose en la hoguera de las calles
donde alguna vez hice de sus labios
la amapola de mis silencios.
EBAN