Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ELLA, en modo negativo
Asoma sus contornos al espejo.
Advierte el rubro de tinieblas que son sus días,
la adultez abduciendo sus vocablos,
las dicciones que se esconden tras vahídos de faroles
y bataholas de iras.
Engendra negruras a partir de su mirada.
Cose suéteres a la impaciencia
y en sus adentros cocina
el escozor hiriente de un rencor
destilando cizañas y amenazas.
Sabe firmar los legajos que los años dejan caer
en sus bolsillos pordioseros,
abanica la desesperanza en sus polleras.
Revierte el curso de egoísmo de sus radas,
la iridiscencia le va absorviendo grietas
en la medida que la mentira merodea.
Aplaca del sueño la vigilia,
enmohece la pasión aparejando tensas sus rodillas.
¿Acaso está pretendiendo excusas, un giro de placidez
más allá de lo que prescribe bondades en sus huesos?
Ignora que del otro lado del espejo
alguien envidioso atrinchera su conciencia,
le lanzará su más pérfida emboscada.
Asoma sus contornos al espejo.
Advierte el rubro de tinieblas que son sus días,
la adultez abduciendo sus vocablos,
las dicciones que se esconden tras vahídos de faroles
y bataholas de iras.
Engendra negruras a partir de su mirada.
Cose suéteres a la impaciencia
y en sus adentros cocina
el escozor hiriente de un rencor
destilando cizañas y amenazas.
Sabe firmar los legajos que los años dejan caer
en sus bolsillos pordioseros,
abanica la desesperanza en sus polleras.
Revierte el curso de egoísmo de sus radas,
la iridiscencia le va absorviendo grietas
en la medida que la mentira merodea.
Aplaca del sueño la vigilia,
enmohece la pasión aparejando tensas sus rodillas.
¿Acaso está pretendiendo excusas, un giro de placidez
más allá de lo que prescribe bondades en sus huesos?
Ignora que del otro lado del espejo
alguien envidioso atrinchera su conciencia,
le lanzará su más pérfida emboscada.
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