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Ella entre mís brazos

roberland

Poeta asiduo al portal
La luna, qué preciosa estaba la luna
reflejada en sus ojos de esmeralda,
en sus labios de mermelada
qué preciosa estaba la luna y
la manta celestial atestada de estrellas ,
pero como ella ninguna
la única estrella que me importaba.
Sí, ella, esa que me besaba,
que me tocaba, que me acariciaba
oh si ella, y nadie más y nada más
solo ella, la oscuridad y la playa
que fueron testigos de nuestra pasión,
de nuestra lujuria, que bailaban
al son de los latidos de nuestro corazón,
de lo agitado de nuestra respiración.

La luna, estaba la luna,
sí, pero eclipsada
por los ojos de aceituna
que con devolución absoluta
yo miraba y contemplaba.

Nada importaba, nada.
ya no sé si el tiempo
iba lento o deprisa
su había calor
o si corría brisa
nada de eso importaba.
Solo importaban
sus ojos salpicados de luz
sus labios bañados en miel.

Qué más daba que hubiera oscuridad,
su sonrisa me iluminaba
y su cuerpo esperaba ansioso
saciar mis ganas de comer todas sus partes,
mis ganas de placer, y yacer
bajo el manto estrellado.
Sí, lo importante era ella
con ella todo iba genial.

Cada segundo asombroso,
cada minuto a su vera
era como probar las nubes,
beber del Santo Grial
tan buscado en el tiempo.

Con ella todo era distinto.
esa noche ,
inolvidable,
bajo la luna.
siempre va quedar grabada
en estos versos y en mi recuerdo.
 
Última edición:
la luna, qué preciosa estaba la luna
reflejada en sus ojos de esmeralda,
en sus labios de mermelada
qué preciosa estaba la luna y
la manta celestial atestada de estrellas ,
pero como ella ninguna
la única estrella que me importaba.
Sí, ella, esa que me besaba,
que me tocaba, que me acariciaba
oh si ella, y nadie más y nada más
solo ella, la oscuridad y la playa
que fueron testigos de nuestra pasión,
de nuestra lujuria, que bailaban
al son de los latidos de nuestro corazón,
de lo agitado de nuestra respiración.

La luna, estaba la luna,
sí, pero eclipsada
por los ojos de aceituna
que con devolución absoluta
yo miraba y contemplaba.

Nada importaba, nada.
Ya no sé si el tiempo
iba lento o deprisa
su había calor
o si corría brisa
nada de eso importaba.
Solo importaban
sus ojos salpicados de luz
sus labios bañados en miel.

Qué más daba que hubiera oscuridad,
su sonrisa me iluminaba
y su cuerpo esperaba ansioso
saciar mis ganas de comer todas sus partes,
mis ganas de placer, y yacer
bajo el manto estrellado.
Sí, lo importante era ella
con ella todo iba genial.

Cada segundo asombroso,
cada minuto a su vera
era como probar las nubes,
beber del santo grial
tan buscado en el tiempo.

Con ella todo era distinto.
Esa noche ,
inolvidable,
bajo la luna.
Siempre va quedar grabada
en estos versos y en mi recuerdo.
bello poema muy entregado y tierno, saludos
 

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