Teo Moran
Poeta fiel al portal
Llueve sobre la calle vacía.
Liba con su boca sin dientes
los claveles y las rosas amarillas,
unas gotas de membrillo y fresas,
un colgante de concha fina…
¡Es de noche y nadie duerme!
Está empapada la almohada
con el néctar de su recuerdo,
las sábanas blancas arrugadas
con el contorno de su ausencia
y con el aroma de su cuerpo;
quiero alcanzar la promesa
y tomar parte de sus latidos,
ser fluido que cae por la ventana
inundando de amor a sus labios,
el vacío de un alma que se aleja
y deja a la materia con sus cavilaciones,
a la piel con el espasmo del gozo
y al corazón batiéndose en duelo
con los truenos secretos del cielo
mientras la noche se va acomodando
en la calle vacía con sus charcos,
en las farolas parpadeantes y sumisas,
mas yo soy un mero espectador
que nunca tomó parte de nada
porque bajo las sábanas blancas
desea el contorno de su ausencia
y el aroma de su hermoso cuerpo.
¡Es de noche y el mundo ya duerme!
Liba con su boca sin dientes
los claveles y las rosas amarillas,
unas gotas de membrillo y fresas,
un colgante de concha fina…
¡Es de noche y nadie duerme!
Está empapada la almohada
con el néctar de su recuerdo,
las sábanas blancas arrugadas
con el contorno de su ausencia
y con el aroma de su cuerpo;
quiero alcanzar la promesa
y tomar parte de sus latidos,
ser fluido que cae por la ventana
inundando de amor a sus labios,
el vacío de un alma que se aleja
y deja a la materia con sus cavilaciones,
a la piel con el espasmo del gozo
y al corazón batiéndose en duelo
con los truenos secretos del cielo
mientras la noche se va acomodando
en la calle vacía con sus charcos,
en las farolas parpadeantes y sumisas,
mas yo soy un mero espectador
que nunca tomó parte de nada
porque bajo las sábanas blancas
desea el contorno de su ausencia
y el aroma de su hermoso cuerpo.
¡Es de noche y el mundo ya duerme!