Cristina Prieto Díaz
Poeta recién llegado
Ella no te avisa, se sobreviene con su capa envolviendo tu cuerpo tibio, encierra tu mirada en oscuridad y con un haz de hebras de esparto sella tus labios para siempre, derramando el cáliz del silencio perpetuo.
Su piel palidece aún más cuando el latido débil que se apaga en tu pecho cesa y es el peor terror que le vacía, poder abrazarte aunque solo sea un instante de esta vida aterradora para darte un final, una senda nueva donde ella te abre la vereda para atravesar la dulce frontera entre su aliento de otro mundo y tu destino en el pasadizo de las ánimas, donde no cuenta ya la pena ni la miserable muerte que era.
Es ella, sobreviene, desarraiga, no duele y solamente te hace contar la vida.
Su piel palidece aún más cuando el latido débil que se apaga en tu pecho cesa y es el peor terror que le vacía, poder abrazarte aunque solo sea un instante de esta vida aterradora para darte un final, una senda nueva donde ella te abre la vereda para atravesar la dulce frontera entre su aliento de otro mundo y tu destino en el pasadizo de las ánimas, donde no cuenta ya la pena ni la miserable muerte que era.
Es ella, sobreviene, desarraiga, no duele y solamente te hace contar la vida.
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