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Ella hace parte de la casa

Jairo Castillo Romerin

Poeta adicto al portal
ELLA HACE PARTE DE LA CASA


Derriba los cuencos donde es factible hallar el ámbar de los convidados.
Ruidosos escombros avientan las puertas que veta
el salvajismo de las butacas en la sala.
Devela los misterios de la alcoba
con la maestría de un sabio encantador de arpas.

Díscolos pasos estrujan la madera con que ha de fabricarse
la doble armazón de los años,
los peldaños relumbrantes han de perdurar
arruinando las paredes, mofando los difuntos retratos.

Siempre las mismas visitas,
los últimos invitados
mastican a secas
su mutación de tiempo necesario.

Cierra las persianas, la escueta sombrilla atesora en su armario;
con colchas de almidón cubre todo vestigio de ausencia,
todo acto macabro;
pone baldes bajo los relojes,
el goteo de las horas es precario, imperecedero.

Ella hace parte de la casa
–huésped inesperado que llegó para quedarse-.
Todo lo demás sobra en este bodegón:
prolijidad y jactancia
aún aquello que da lástima y pereza.

Hace parte de la casa
mientras el lento polvo esparce finísimos gránulos;
asperezas, nostalgias, tal vez chispazos de inmune soberbia,
la vida y la muerte paseándose altivas
por esta estancia que para sí misma ha conjurado,
ella – la familiar la dueña-
todo lo acapara
aún los perdidos recovecos del pasado.
 
Última edición:
ELLA HACE PARTE DE LA CASA


Derriba los cuencos donde es factible hallar el ámbar de los convidados.
Ruidosos escombros avientan las puertas que veta
el salvajismo de las butacas en la sala.
Devela los misterios de la alcoba
con la maestría de un sabio encantador de arpas.

Díscolos pasos estrujan la madera con que ha de fabricarse
la doble armazón de los años,
los peldaños relumbrantes han de perdurar
arruinando las paredes, mofando los difuntos retratos.

Siempre las mismas visitas,
los últimos invitados
mastican a secas
su mutación de tiempo necesario.

Cierra las persianas, la escueta sombrilla atesora en su armario;
con colchas de almidón cubre todo vestigio de ausencia,
todo acto macabro;
pone baldes bajo los relojes,
el goteo de las horas es precario, imperecedero.

Ella hace parte de la casa
–huésped inesperado que llegó para quedarse-.
Todo lo demás sobra en este bodegón:
prolijidad y jactancia
aún aquello que da lástima y pereza.

Hace parte de la casa
mientras el lento polvo esparce finísimos gránulos;
asperezas, nostalgias, tal vez chispazos de inmune soberbia,
la vida y la muerte paseándose altivas
por esta estancia que para sí misma ha conjurado,
ella – la familiar la dueña-
todo lo acapara
aún los perdidos recovecos del pasado.


Bella nostalgia, para que el pasado se instale en los recovecos de la existencia. felicidades un poderoso poema. luzyabsenta
 

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