Ella, mi amigo y mi WhatsApp.
Él la había borrado de su celular.
No quería saber más de ella, aquella
bella doncella había quebrantado
su corazón. Pero cuando vio tu ¡hola!
Sintió un galope en su pecho.
Se agitó tanto que se preguntó...
¿Le pasa algo? Y la verdad, era
que algo le estaba pasando a él.
Los recuerdos en tropel pasaban
por su mente.
Su amor le estaba escribiendo.
Su chocolatito lo estaba recordando.
Y me dijo "una lágrima solitaria surcó mi mejilla, como muchas que derramé en tu presencia".
Era la esencia de un amor sin límites
que trastornó la vida misma. Sacudió
todo el árbol y volvió a fallar su pecho
de acero. ¿Por qué? ¡amigo mío
no la olvidó! Se deshacía aquel hombre
en su penar.
El tornado de su "hola" se llevó todo
el aliento de aquel hombre que con sus
manos sobre su rostro enjugaba
las lágrimas del dolor sufrido.
Revivieron los recuerdos de lugares,
estancias, su cama, otras camas, muchas lunas, su ventana, y de aquella inscripción
en la arena del Lago de Granada que el agua
no ha podido borrar.
Una niña con amores desmedidos
que le hacía el amor con pasión hasta
dejar al caballero diezmando, ella tiene algo que es una serpentina, que rompe la cortina del pudor, quedando él a merced de su esplendor.
¡Amigo! era un placer inmenso el que yo experimentaba, bajaba a su bosque encantado que provocaban convulsivos movimientos, estremeciendo nuestros cuerpos hasta
quedarnos extasiados.
Ella me escribió de nuevo, también estoy
en sus recuerdos, ¡ha pasado tanto tiempo!
casi un lustro y aquel ¡Hola! En mi WhatsApp
no me me causo ningún disgusto, al contrario
liberó mi odio y me dio un gran susto.
Dr. Augusto César Morales Velázquez.
Él la había borrado de su celular.
No quería saber más de ella, aquella
bella doncella había quebrantado
su corazón. Pero cuando vio tu ¡hola!
Sintió un galope en su pecho.
Se agitó tanto que se preguntó...
¿Le pasa algo? Y la verdad, era
que algo le estaba pasando a él.
Los recuerdos en tropel pasaban
por su mente.
Su amor le estaba escribiendo.
Su chocolatito lo estaba recordando.
Y me dijo "una lágrima solitaria surcó mi mejilla, como muchas que derramé en tu presencia".
Era la esencia de un amor sin límites
que trastornó la vida misma. Sacudió
todo el árbol y volvió a fallar su pecho
de acero. ¿Por qué? ¡amigo mío
no la olvidó! Se deshacía aquel hombre
en su penar.
El tornado de su "hola" se llevó todo
el aliento de aquel hombre que con sus
manos sobre su rostro enjugaba
las lágrimas del dolor sufrido.
Revivieron los recuerdos de lugares,
estancias, su cama, otras camas, muchas lunas, su ventana, y de aquella inscripción
en la arena del Lago de Granada que el agua
no ha podido borrar.
Una niña con amores desmedidos
que le hacía el amor con pasión hasta
dejar al caballero diezmando, ella tiene algo que es una serpentina, que rompe la cortina del pudor, quedando él a merced de su esplendor.
¡Amigo! era un placer inmenso el que yo experimentaba, bajaba a su bosque encantado que provocaban convulsivos movimientos, estremeciendo nuestros cuerpos hasta
quedarnos extasiados.
Ella me escribió de nuevo, también estoy
en sus recuerdos, ¡ha pasado tanto tiempo!
casi un lustro y aquel ¡Hola! En mi WhatsApp
no me me causo ningún disgusto, al contrario
liberó mi odio y me dio un gran susto.
Dr. Augusto César Morales Velázquez.