virolactea
Poeta recién llegado
Miradas esquivas
silencios de grillos,
auto, camión de basura
o colectivo.
La suma de las lágrimas
de todos los pares de ojos
y sus párpados vencidos (tanta pesadumbre)
¡Qué penuria!:
escaleras arriba
yace un mundo
risueño y cálido
como las manos de su padre
El único sol de sus días se ha perdido.
Escaleras abajo,
plantas descuidadas
jardín ensombrecido
baldosas mojadas, rotas.
Luces
-Pero Luna-
No, luces
su velador es de hospital
Gritos desenfrenados de humanos
rompen silencios de autos, nuevamente.
Humanos que
han perdido el control de sus cuerdas vocales
y las detonan,
hasta el máximo de su potencia
en cánticos del infierno
Pero ellos son los normales.
El único sol de sus días de ha perdido.
Veo su tristeza
a la larga distancia
siento su angustia
que emerge de las cenizas grises
de quién sabe qué furioso fuego
que en la marea de las noches ha perecido.
Ella inerte a su pasado
se dedica a llorar
rompiendo el silencio.
Camina por la meseta
despojada de flores
y empapada de un viento
misterioso y oscuro
que atribuye
a algún Dios aburrido.
Mientras,
sapos anochecen,
la luna se sube al árbol
y su luz amarilla es infinita.
Una estrella flota en el océano,
tan lejos de mis ojos
(como) los suyos
tan cerca de mi alma
(como) la angustia cada algunos minutos
que asoma entre la poesía negra y amarilla
que en realidad es blanca y azulina.
silencios de grillos,
auto, camión de basura
o colectivo.
La suma de las lágrimas
de todos los pares de ojos
y sus párpados vencidos (tanta pesadumbre)
¡Qué penuria!:
escaleras arriba
yace un mundo
risueño y cálido
como las manos de su padre
El único sol de sus días se ha perdido.
Escaleras abajo,
plantas descuidadas
jardín ensombrecido
baldosas mojadas, rotas.
Luces
-Pero Luna-
No, luces
su velador es de hospital
Gritos desenfrenados de humanos
rompen silencios de autos, nuevamente.
Humanos que
han perdido el control de sus cuerdas vocales
y las detonan,
hasta el máximo de su potencia
en cánticos del infierno
Pero ellos son los normales.
El único sol de sus días de ha perdido.
Veo su tristeza
a la larga distancia
siento su angustia
que emerge de las cenizas grises
de quién sabe qué furioso fuego
que en la marea de las noches ha perecido.
Ella inerte a su pasado
se dedica a llorar
rompiendo el silencio.
Camina por la meseta
despojada de flores
y empapada de un viento
misterioso y oscuro
que atribuye
a algún Dios aburrido.
Mientras,
sapos anochecen,
la luna se sube al árbol
y su luz amarilla es infinita.
Una estrella flota en el océano,
tan lejos de mis ojos
(como) los suyos
tan cerca de mi alma
(como) la angustia cada algunos minutos
que asoma entre la poesía negra y amarilla
que en realidad es blanca y azulina.
